22 de enero de 2013 / 10:10 / en 5 años

Los israelíes acuden a unas elecciones que prevén la victoria de Netanyahu

JERUSALÉN (Reuters) - Los israelíes acudían el martes a votar en unas elecciones en la que se espera que el primer ministro Benjamin Netanyahu consiga un tercer mandato, abriendo el camino para la confrontación con Irán y reafirmando a los opositores a un Estado palestino.

Los israelíes acudían el martes a votar en unas elecciones en las que se esperaba que el primer ministro Benjamin Netanyahu consiguiera una tercera victoria, llevando al estado judío más a la derecha, lejos de la paz con los palestinos y hacia la confrontación con Irán. En la imagen, Netanyahu deposita una nota en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén tras votar en las elecciones parlamentarias, el 22 de enero de 2013. REUTERS/Uriel Sinai/Pool

Pero el partido Likud de Netanyahu, que ha forjado un pacto electoral con el grupo ultranacionalista Yisrael Beitenu, obtendría menos escaños en el Parlamento que en los comicios anteriores, y las encuestas muestran un ascenso en el respaldo al partido de ultraderecha Hogar Judío.

A seis horas del cierre de las urnas, el comité electoral israelí dijo que la asistencia era del 46,6 por ciento, superando el 41,9 por ciento registrado en 2009 y siendo el mayor nivel de asistencia a las urnas desde 1999, cuando Netanyahu - que cumplía su primer mandato - cayó derrotado ante el líder del partido Laborista Ehud Barak.

De cara a las elecciones del martes, los analistas habían especulado con que una alta asistencia beneficiaría a los partidos de centroizquierda que en ocasiones han tenido problemas para motivar a sus bases de votantes.

En una señal de preocupación por el posible aumento del centro, Netanyahu instó a sus partidarios a acudir a las urnas.

“Vayan, voten, y luego vuelvan a los cafés. Vayan a votar para que podamos liderar Israel porque (...) realmente no sabemos cómo va a terminar todo esto”, dijo en declaraciones en instalaciones del partido Likud en Tel Aviv.

Fuentes políticas indicaron que Netanyahu, preocupado por su aparente caída en popularidad, se acercaría a los partidos de centroizquierda después de la votación en un esfuerzo por ampliar su coalición y presentar un aspecto más moderado a Washington y a otros aliados que observan atentos los avances del país.

El secretario británico de Exteriores, William Hague, advirtió que Israel estaba perdiendo apoyo internacional, al señalar que la idea de una solución al conflicto palestino-israelí con dos estados estaba prácticamente muerta por la expansión de los asentamientos judíos en territorios ocupados.

Unos 5,66 millones de israelíes están llamados a las urnas, y los centros electorales estarán abiertos hasta las 2000 GMT. Los resultados completos se conocerán el miércoles por la mañana, abriendo el camino para conversaciones sobre la conformación de la coalición que podrían tardar varias semanas.

La poco brillante campaña electoral no logró centrarse en ningún tema puntual y con la victoria de Netanyahu prevista por todos los sondeos de opinión, los dos bloques políticos más importantes parecieron dedicarse más a resolver cuestiones internas que a enfrentarse entre sí.

“Hay un rey sentando en el trono en Israel y yo quiero destronarlo, pero parece que eso no pasará”, dijo Yehudit Shimshi, una profesora retirada que votó en el centro de Israel, en una mañana cálida de invierno.

COALICIÓN DE GOBIERNO

Ningún partido israelí ha conseguido nunca mayoría absoluta, lo que significa que Netanyahu, que dice que lidiar con las ambiciones nucleares de Irán es su máxima prioridad, tendrá que hacerse con varios aliados para controlar el Knesset de 120 escaños.

El ex militar ha buscado respaldo tradicionalmente en los partidos conservadores y religiosos y se espera que tienda la mano hacia quien ha sido la estrella sorpresa de la campaña, el millonario Naftali Bennett, que dirige el partido de ultraderecha Hogar Judío.

Bennett ha descartado cualquier acuerdo de paz con los palestinos e insta a seguir anexionando gran parte de la ocupada Cisjordania.

El joven dinamismo de Bennett ha tocado la fibra sensible de los israelíes, muchos de los cuales ya no creen en la posibilidad de un acuerdo de paz con los palestinos, y ha erosionado las bases de apoyo de Netanyahu.

Las encuestas sugieren que podría hacerse con hasta 14 escaños, muchos a costa de Likud-Beitenu, que según los últimos sondeos del pasado viernes conseguiría 32 puestos, 10 menos que los que ganaron ambos partidos en 2009 cuando se presentaron con listas separadas.

Este resultado podría avergonzar a Netanyahu, pero lo dejaría todavía en la primera posición para formar el próximo Gobierno. Conociendo la amenaza, el hijo de Netanyahu, Yair, instó a los jóvenes israelíes a que no abandonen al antiguo y establecido Likud.

“Incluso si hay partidos más de moda, hay un partido que tiene una historia probada”, dijo el martes después de votar.

Entre los partidos nuevos que se presentan por primera vez a unas elecciones está Yesh Atid (Hay un Futuro), un grupo de centro liderado por el ex presentador de televisión Yair Lapid, que obtendría 13 diputados.

“Toda nuestra vida votamos a Likud, pero hoy votamos por Lapid porque queremos una coalición diferente”, dijo Ahuva Heled, un docente retirado de 55 años que votó junto a su mujer en el norte de Tel Aviv.

Si bien Lapid no ha descartado sumarse al Gabinete de Netanyahu, está pujando con ahínco para que los judíos ultraortodoxos hagan el servicio militar, una demanda firmemente rechazada por algunos de los aliados del primer ministro.

El principal partido de oposición de Israel, el Laborista, que se cree que conseguirá 17 escaños, ya ha descartado repetir lo que pasó en 2009, cuando entró inicialmente en el Gabinete de Netanyahu, prometiendo promover las negociaciones de paz con los palestinos.

El diálogo patrocinado por Estados Unidos se rompió sólo un mes después de empezar en 2010, tras una disputa sobre la construcción de asentamientos y ha permanecido así desde entonces. Netanyahu culpó a los palestinos del fracaso y dice que su puerta sigue abierta a las negociaciones.

El presidente palestino, Mahmoud Abbas, asegura que no volverá a la mesa a menos que Israel detenga la construcción de asentamientos.

Eso parece poco probable, después de que Netanyahu aprobara la edificación de unas 11.000 casas para colonos sólo en diciembre, poniendo más presión sobre las ya difíciles relaciones con el presidente estadounidense, Barack Obama.

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