April 22, 2020 / 12:34 PM / 4 months ago

Sudor, estrés y esperanza: 24 horas con los servicios de emergencia españoles

MADRID, 22 abr (Reuters) - La doctora Cristina Fernández está de pie en una escalera en Madrid con los dos pies metidos en bolsas de plástico rojas, mientras una compañera de trabajo se quita con extremo cuidado su equipo de protección individual (EPI), teniendo cuidado de tocar sólo el interior de su mono desechable.

Un bombero voluntario desinfecta una ambulancia del Servicio de Urgencias Médicas de Madrid (SUMMA) tras trasladar a un paciente que padece la enfermedad del coronavirus (COVID-19) en Madrid, España, el 20 de abril de 2020. REUTERS/Sergio Pérez

“El exterior (del traje) podría estar contaminado”, explica Juan Carlos López, técnico de ambulancias de Summa 112, la única unidad de primeros auxilios que cubre todo el área de la Comunidad de Madrid, donde el brote de coronavirus ha hecho estragos.

España ha comunicado más casos confirmados del nuevo coronavirus que cualquier otro país a excepción de Estados Unidos, mientras que su número de muertes, de 21.717 hasta el miércoles, es el segundo más alto de Europa después del de Italia. Un estricto confinamiento ha ayudado a reducir la tasa de infecciones, aunque una media de 495 personas murieron a diario durante la semana pasada.

“Ha habido días muy duros de guardia, de muchos traslados (de pacientes)”, dijo Santiago Albadalejos, técnico de ambulancias de la misma unidad. “Pero nosotros estamos en la calle habitualmente (...), hemos vivido (los atentados de) el 11M, el (accidente de avión de) Spanair, atentados... Tenemos callo”.

En el punto álgido del brote, el equipo de Albadalejos llegó a atender hasta ocho traslados al día, a veces teniendo que llevar pacientes intubados de una unidad de cuidados intensivos a otra, o a ancianos cuyas residencias se habían convertido en vectores de infección.

Para este personal médico especializado minimizar el riesgo es primordial, lo que significa que cada traslado lleva de dos a tres horas.

“Para no contaminarnos con la ropa que llevamos y que luego vayamos a visitar a otro paciente y podamos actuar como vectores de transmisión, es el motivo por el que nos vestimos”, dijo una de las trabajadoras del equipo de Albadalejos. “Los traslados son lentos y muy meticulosos”.

Los trabajadores de Summa trabajan en turnos de 24 horas y dependen los unos de los otros para mantenerse seguros, pegando con cinta adhesiva los bordes de las protecciones del calzado y los trajes y desinfectándose mutuamente.

Un coordinador los acompaña a todas partes, vigilando su seguridad y asegurándose de que cumplen los protocolos de preparación y retirada de los EPI.

“Es cierto que cuando llegas a casa piensas: ‘¡madre de Dios! Otro día, y otro...’”, dijo Albadalejos. “Parece que estamos mejorando, (...) pero por favor, un poquito de paciencia y un poquito de cabeza”.

Una vez que está adecuadamente equipada, la doctora Fernández solo puede oír orientando la campana de su estetoscopio hacia la fuente del sonido, mientras que los guantes de doble capa que llevan sus compañeros de trabajo dificultan la localización de venas.

Pero, a pesar de que le duelen los tímpanos por la presión constante del estetoscopio y de que su visión se ve afectada por el deslizamiento de su mascarilla, la caída de su capucha y el vapor de la visera, Fernández dice que el EPI es la mejor manera de evitar la propagación del virus.

Liberada de las fundas plásticas para zapatos que llegan hasta la rodilla, de los monos que la cubren de pies a cabeza, de la mascarilla, de la capucha plástica, de las gafas y del protector facial, la doctora Fernández por fin pudo sonreír.

“El estar respirando tu propio aire te agota más, el cansancio que notas tanto físico como mental es más intenso al que notas habitualmente”, dijo. “Por lo tanto, según van pasando las horas te vas notando más cansada y a las 9 de la mañana estás agotada”, añadió refiriéndose al final del turno de 24 horas.

Con todo, unas horas antes, cuando los ciudadanos aplaudían un día más al personal médico, la doctora Fernández se unió a ellos, afirmando que las personas que se quedan en casa merecen tanto reconocimiento como ella y sus colegas.

    “Aplaudo también por lo que están haciendo los niños, que se están comportando tan bien. Es una colaboración de todos”.

Información de Raúl Cadenas, Elena Rodríguez y Sergio Pérez; información adicional de Nathan Allen; escrito por Clara-Laeila Laudette; editado por Rosalba O'Brien; traducido por Darío Fernández en la redacción de Gdansk

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