August 31, 2019 / 8:04 AM / in 3 months

Los enclaves históricos de la esclavitud en África occidental, testigos de un comercio despiadado

ISLA KUNTA KINTEH, Gambia (Reuters) - Cuando el capitán del barco gambiano Abdoulie Jabang transporta a los visitantes a la isla de Kunta Kinteh, les dice que las olas que bañan las orillas del antiguo centro de esclavos amenazan con hacer desaparecer la historia.

Una mujer debajo de un monumento conmemorativo de la "Puerta de no retorno" donde los esclavos eran cargados en barcos en la histórica ciudad portuaria de tráfico de esclavos de Ouidah, Benín, el 18 de julio de 2019. REUTERS/Afolabi Sotunde

Situada en la desembocadura del río Gambia, la isla es el hogar de uno de los muchos fuertes que salpican la costa de África occidental, restos ruinosos de la trata transatlántica de esclavos que durante siglos arrancó de sus hogares a millones de africanos.

Mientras Jabang navegaba su barco de madera azul, hizo un gesto hacia Kunta Kinteh, cuya fortaleza en ruinas, sombreada por gigantescos baobabs, está amenazada por la erosión.

“La isla es ahora muy pequeña”, dijo.

“Tenemos que preservar esta isla para las jóvenes generaciones venideras, tenemos que hacérselo saber. Nunca debemos olvidar para qué se ha usado este lugar”.

Desde la isla de Goree en Senegal, en el punto más occidental de África, hasta el puerto nigeriano de Badagry, en el golfo de Guinea, los lugares donde los esclavos pasaron sus últimos días en suelo africano se han convertido en lugares de peregrinaje y de recuerdo.

Muchos han visto un aumento de visitantes en 2019, que marca 400 años desde el primer registro de la llegada de esclavos africanos a América del Norte.

Los turistas pueden caminar a lo largo de las murallas repletas de cañones de las fortalezas de esclavos o pasar por los puntos de “No retorno”, donde los esclavos marchaban encadenados a los barcos que los esperaban.

Algunos de los que viven y trabajan a la sombra de estos lugares, los ven como un recordatorio para que la historia no se repita.

“Las generaciones futuras necesitan saber lo que está sucediendo para que no vuelva a suceder”, dijo el Jefe Seraphin Kpissi, cuya aldea en Costa de Marfil se encuentra cerca de un campamento de esclavos en las orillas del río Bodo.

Una alta losa de piedra envuelta en cadenas se erige ahora en memoria de los esclavos que fueron obligados a tomar un último baño en las turbias aguas del Bodo hacia el final de su marcha hacia la costa.

El monumento fue erigido con la participación de la UNESCO, que ha concedido el estatus de patrimonio de la humanidad a la isla de Kunta Kinteh y a varios otros sitios de África Occidental debido al importante testimonio que ofrecen sobre la trata de esclavos.

Escrito por Alessandra Prentice; editado por Gareth Jones, traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid

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