June 27, 2019 / 10:31 AM / 4 months ago

¿Genio o bufón? ¿Qué tipo de primer ministro británico sería Boris Johnson?

LONDRES (Reuters) - Verso suelto o influyente hombre de Estado: ¿qué clase de primer ministro británico sería Boris Johnson en el escenario mundial? A juzgar por su etapa como ministro de Asuntos Exteriores, posiblemente ambas cosas.

Boris Johnson, en bicicleta, cuando era alcalde de Londres, el 22 de febrero de 2016. REUTERS/Stefan Wermuth/File Photo

Cuando a Johnson le dieron el puesto de ministro de Exteriores en 2016, después de que Reino Unido votara a favor de dejar la UE, tanto los políticos como el público en general lo consideraron una decisión desacertada debido a la tendencia de Johnson a la polémica por sus errores, sus bromas extravagantes y sus comentarios improvisados.

Los primeros días parecían confirmar los peores temores de aquellos que veían al parlamentario conservador como un diplomático inadecuado, en un momento crítico en el que Reino Unido necesitaba forjar nuevos lazos políticos y comerciales con una gran cantidad de países.

Lo que debería haber sido una conferencia rutinaria en Italia, el “Foro de Diálogos Mediterráneos”, destinado a estrechar las relaciones con enviados destacados de Oriente Próximo y Occidente, se convirtió en una especie de incidente diplomático.

Johnson acaparó los titulares al salirse del guion y acusar a Arabia Saudí, un importante aliado regional, de manejar los hilos en guerras indirectas bajo el disfraz de la religión.

La reacción de la primera ministra Theresa May fue rápida, afirmando que sus comentarios no reflejaban la “política real”, una desautorización pública que una fuente gubernamental calificó de impactante para un ministro.

Ahora May se ha visto forzada a renunciar al cargo por su fracaso a la hora de sacar a Reino Unido de la Unión Europea. Johnson, un líder de la campaña en favor del Brexit, es el gran favorito para convertirse en líder del partido conservador el próximo mes, lo que también lo convertiría en primer ministro.

A sus 55 años, Johnson, famoso por su despeinada cabellera rubia y su estilo desaliñado, ha convertido la excentricidad de clase alta inglesa en un activo político en Reino Unido y ha perfeccionado una marca personal basada en un talento cómico y un estilo aparentemente caótico.

Sus críticos dicen que esto le despoja de la gravedad de un estadista, y argumentan que es difícil tomar en serio a un hombre que una vez dijo que la posibilidad de que se convirtiera en primer ministro era casi tan remota como la de encontrar a Elvis en Marte.

Sin embargo, dos de los ayudantes de Johnson y otro veterano conservador que lo conoce dijeron que a menudo era malinterpretado y que por debajo de su actitud fanfarrona y desenvuelta había un hombre tímido y serio que se concentraba en sus metas.

Es un introvertido natural, según dijeron a Reuters dos fuentes cercanas a su equipo, que agregaron que su timidez a menudo se interpreta como arrogancia, y que necesita mucho tiempo a solas antes de hablar en público, lo que contradice la percepción que tiene el público de Johnson como “showman” natural sin necesidad de guion.

“Antes de hablar en una sala, necesita encerrarse”, dijo el conservador veterano. “No es una actuación, es algo que le quita energía. Sólo necesita tiempo para reunir la energía”.

Un asesor, una fuente gubernamental y un diplomático de la UE también señalaron el papel influyente, pero entre bastidores, que desempeñó como ministro de Asuntos Exteriores tras el envenenamiento de un exespía ruso, Sergei Skripal, a causa de un agente neurotóxico el año pasado en Inglaterra.

Una fuente gubernamental dijo que Johnson “se había remangado” para obtener el apoyo internacional a las sanciones y las expulsiones diplomáticas rusas de una larga lista de países.

Un diplomático europeo de alto rango estuvo de acuerdo en que era “profesional” en esta función, que no era muy conocida.

“La gente en Bruselas no tomaba en serio a Boris entonces”, dijo el diplomático. “En marzo del año pasado, demostró que podía dejar de lado la personalidad payasa, mostró voluntad para discutir el asunto Skripal en los términos más serios y para decir a sus homólogos que necesitaban apoyar a Reino Unido en esta cuestión”.

REBELDE IRREVERENTE

Alexander Boris de Pfeffel Johnson -su nombre completo- constituye un enigma tanto en su país como en el extranjero.

Es un hombre de aparentes contradicciones, con sus orígenes privilegiados y uso de expresiones latinas que parecen contradecir su atractivo popular cuando fue elegido alcalde de la tradicionalmente izquierdista ciudad de Londres en 2008, con el mayor apoyo a un político de la historia británica.

Es uno de esos escasos políticos a los que la mayoría de los ciudadanos se suele referir por su nombre propio.

Al igual que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puede salir ileso de desatinos y escándalos que hundirían a cualquier figura pública normal. Entre otros comentarios ofensivos se encuentran llamar a personas negras “piccaninnies” (un término despectivo para niños negros) y decir que las mujeres musulmanas que visten burkas “parecen buzones”.

“Boris es un personaje imperfecto y volátil, pero la mayoría de los políticos están por debajo”, dijo Ed Costelloe, presidente de la campaña Conservative Grassroots. “Sería maravilloso tener a la Madre Teresa como primera ministra, pero eso no va a suceder.”

De hecho, algunas personas lo aman aún más porque parece ser un rebelde irreverente que desafía el hábito mediático de la política pulida, tirándose a la piscina con un sentido cómico de la oportunidad. Otros le dan más crédito.

Después de sus comentarios incendiarios sobre Arabia Saudí, por ejemplo, dos altos cargos británicos dijeron que sus palabras no habían sido tan duras en Riad. “Los saudíes apreciaron su bufonada, entienden su humor”, dijo uno de ellos.

La mayor tarea por delante, en caso de que se convierta en líder, serían las conversaciones de retirada con la UE, que ha dicho que no reabrirá el Acuerdo de Retirada en noviembre que se acordó en mayo, un pacto que fue rechazado repetidamente por los diputados británicos y que condujo a que se retrasara la fecha del Brexit, originalmente previsto para el 29 de marzo de este año.

Johnson ha ofendido a muchos en Europa, con comentarios como sugerir que Italia debería ayudar con un acuerdo Brexit para evitar perder ventas de vino espumoso Prosecco y declarar que era “una estupidez” decir que la libertad de movimiento era un principio fundamental de la UE.

Sin embargo, fuentes del Gobierno británico dijeron que su capacidad para obtener cambios de Bruselas en el acuerdo, como él ha exigido, se ve limitada por la necesidad de obtener el apoyo de los legisladores británicos para poner fin a un estancamiento que ha indignado a los responsables de la UE.

“Su éxito depende de si la UE cree que puede conseguir una mayoría”, dijo una de las fuentes. “Lo que pasaba con la primera ministra es que no creían que ella pudiera hacerlo, así que nunca iban a ceder más terreno. Si creen que Boris puede lograrlo, podrían cambiar”.

LA CUESTIÓN ES EL BREXIT

Johnson se ha presentado como el único candidato al liderazgo que puede hacer que se cumpla el Brexit en la fecha prevista actualmente, el 31 de octubre, con o sin un acuerdo.

Las fuentes cercanas a su equipo dijeron que su forma de afrontar su candidatura era similar a la de la gestión del tema de Skripal. Se ha granjeado apoyos a través de conversaciones entre bastidores con parlamentarios y no a través de apariciones en los medios de comunicación y discursos, y había estado visiblemente ausente de la atención pública hasta esta semana.

Ha estado escuchando atentamente a los consejos de sus ayudantes más cercanos y del veterano estratega electoral Lynton Crosby, quien no está oficialmente en la nómina pero está ofreciendo consejos.

La estrategia de Johnson de mantenerse alejado de los medios de comunicación y evitar los debates públicos cara a cara ha sido cuidadosamente pensada como parte de una campaña por el liderazgo puesta en marcha hace meses, adelantándose al anuncio de May, hace cinco semanas, de que renunciaría a su cargo, según informaron las fuentes.

Este plan no parece propio de un hombre que se ha hecho famoso por su gran visibilidad, incluyendo su aparición en programas de comedia y en una de las telenovelas más populares de Reino Unido.

De hecho, el único rival que queda en la carrera, Jeremy Hunt, le ha acusado de ser un cobarde por evitar los debates cara a cara. La secretaria de Trabajo y Pensiones, Amber Rudd, dijo que la decisión de Johnson de ignorar los debates televisivos en directo le pareció “muy extraña”.

La estrategia se basó en parte en la idea de que se considera que Johnson es casi con toda seguridad el candidato ganador a menos que se produzca una catástrofe imprevista.

El secretario de Relaciones Exteriores, Hunt, votó a favor de quedarse en la Unión Europea en 2016, lo que probablemente le perjudique entre los cerca de 160.000 miembros del partido que elegirán al ganador y que están en su mayoría a favor del Brexit.

Sin embargo, Johnson se vio obligado a desviarse del plan esta semana cuando se enfrentó exactamente al tipo de publicidad negativa que su equipo había esperado evitar, después de que un vecino llamara a la policía al escuchar a Johnson y a su novia gritando y rompiendo platos.

La policía no encontró ningún motivo para actuar, pero la noticia dominó las primeras planas de los periódicos británicos, y algunos cuestionaron el carácter y el pasado de Johnson: se está divorciando de su segunda esposa y ha tenido varias relaciones que han recibido atención mediática.

Tras el escándalo, cambió de marcha y se lanzó a una campaña mediática en la televisión y la radio.

Sin embargo, pocos en su partido creen que haya algo que pueda descarrilar su carrera hacia el número 10 de Downing Street.

“Boris todavía está muy por delante entre los miembros que finalmente decidirán quién será el próximo primer ministro”, dijo Andrew Bridgen, diputado conservador y partidario de Johnson.

“La cuestión principal es el Brexit y desafortunadamente Jeremy votó a favor de seguir en la UE.”

Información de Elizabeth Piper; información adicional de Robin Emmott en Bruselas, y Andrew MacAskill y William James en Londres; traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid

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