March 20, 2019 / 3:52 PM / 5 months ago

Las revelaciones del accidente en Indonesia añaden presión a la investigación en Etiopía

ADÍS ABEBA/YAKARTA (Reuters) - El mayor fabricante mundial de aviones, Boeing, se enfrentaba el miércoles a crecientes obstáculos para que su inmovilizada flota de aparatos 737 MAX vuelva a levantar el vuelo, en una jornada en que emergieron escalofriantes detalles de un accidente en Indonesia similar al de Etiopía.

Foto de archivo. Un sello se ve en un Avión Boeing 737 Max 8 de la aerolínea indonesa Garuda, estacionado en el área de mantenimiento AeroAsia, en el aeropuerto internacional Soekarno-Hatta cerca de Jakarta, Indonesia. 13 de marzo de 2019. REUTERS/Willy Kurniawan

Los expertos sospechan que un sistema automatizado que rectifica el ángulo de ataque del avión y hace descender el morro podría estar implicado en ambos casos, frustrando los intentos de los pilotos de enmendar la trayectoria mientras sus aviones caían.

No obstante, son enfáticos al señalar que la investigación no está completa y que las acciones y la formación de los pilotos serán analizados en detalle.

El siniestro del 10 de marzo del vuelo 302 de Ethiopian Airlines sacudió a la industria mundial de la aviación y sembró dudas sobre el modelo que Boeing pretendía convertir en su estándar durante las próximas décadas, ante los parecidos con la tragedia de un Lion Air en Yakarta en octubre. En los dos accidentes perecieron un total de 346 personas.

Boeing, con sede en Chicago, prometió una rápida actualización del software de vuelo automático para el avión, pero destacados reguladores de Europa y Canadá quieren obtener garantías por sí mismos, más que confiar en los análisis estadounidenses. [nL1N21618C]

Mientras los investigadores etíopes analizan los datos de las cajas negras de su siniestro, fuentes conocedoras de las grabaciones de cabina del Lion Air indonesio revelaron cómo los pilotos buscaban respuestas en un manual mientras intentaban comprender por qué estaban precipitándose hacia el mar.

Los investigadores que están examinando el siniestro de Indonesia quieren saber cómo un ordenador ordenó descender al avión en respuesta a datos de un sensor defectuoso y si los pilotos estaban lo suficientemente bien entrenados para responder de forma apropiada a la emergencia.

Las comunicaciones indicaron que, en los momentos finales, el capitán intentó en vano hallar el procedimiento correcto en el manual, mientras el copiloto era incapaz de controlar el aparato.

“Es como una prueba en la que hay 100 preguntas y cuando se cumple el tiempo solo has respondido a 75”, dijo una de las fuentes con conocimiento de las grabaciones de cabina, que no han sido hechas públicas. “Entonces entras en pánico. Se te acabó el tiempo”.

Al final, las fuentes dijeron a Reuters que el capitán, de 31 años y nacido en India, estaba tranquilo, mientras que su segundo, un indonesio de 41 años, dijo “Allahu Akbar” (“Alá es grande”), una expresión árabe que puede indicar emoción, sorpresa, alabanza o angustia. El avión cayó entonces al agua.

Boeing asegura que existe un procedimiento documentado para manejar la situación. Una tripulación diferente del mismo avión tuvo un problema similar la tarde anterior, pero lo solucionó tras completar tres procesos de comprobaciones, aunque no pasaron esta información a los pilotos implicados en la tragedia, según el informe preliminar de los investigadores publicado en noviembre.

Canadá y la Unión Europea dieron marcha atrás a su confianza previa en las evaluaciones de la Administración Federal de la Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) y buscarán ahora sus propias garantías sobre los aviones MAX, lo que complica las esperanzas de Boeing de poder reanudar sus operaciones pronto en todo el mundo.

Los reguladores quieren estar absolutamente seguros sobre el nuevo sistema de control de vuelo automatizado de Boeing, conocido como MCAS (Sistema de Aumento de Características de Maniobra, por sus siglas en inglés), y de que los pilotos están bien entrenados para manejarlo.

“Nuestra credibilidad como líderes de la aviación se está viendo dañada”, escribió Chesley Sullenberger, un piloto estadounidense que saltó a la fama hace una década tras lograr posar un avión en el río Hudson, salvando la vida de las 155 personas que iban a bordo.

Información de Maggie Fick y Jason Neely en Adís Abeba, Tim Hepher en París, David Shepardson en Washington, David Ljunggren en Ottawa, Jamie Freed en Singapur y Cindy Silviana en Yakarta; escrito por Andrew Cawthorne

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