April 30, 2020 / 4:37 PM / 3 months ago

El coronavirus deja sin empleo a los migrantes que trabajan en los invernaderos españoles

NÍJAR, España, 30 abr (Reuters) - En los barrios de chabolas situados en las inmediaciones de las grandes extensiones de invernaderos de Almería, conocido como “el mar de plástico”, en el sur de España, la ONG Médicos del Mundo ofrece controles sanitarios y alimentos a los migrantes que se han quedado sin trabajo durante el brote de coronavirus.

Miembros de la ONG española Médicos del Mundo distribuyen alimentos a migrantes de Malí en una chabola en San Isidro, durante el brote de la enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19) en Níjar, Almería, España, el 29 de abril de 2020. REUTERS/Juan Medina

Las restricciones sobre el número de personas que pueden viajar en automóvil, impuestas a mediados de marzo como parte de las estrictas medidas de confinamiento de España, hacen que muchos migrantes no puedan desplazarse hasta los campos para trabajar.

Los capataces suelen recoger a los trabajadores en las ciudades para llevarlos a los campos de cultivo, pero ahora los conductores deben restringir el número de quienes viajan en coche para evitar ser multados por la policía.

“No tenemos trabajo, el jefe solo puede llevar a uno o dos personas más”, dijo Adama, un migrante de Malí que llegó a España en barco hace 12 años.

“Llevamos mucho tiempo sin trabajo, casi dos meses. Nos quedamos en casa sin trabajo, sin nada”, añadió, de pie en su casa improvisada.

España ha experimentado un reciente aumento de la inmigración, ya que tras la dura crisis entre 2008 y 2013 ha disfrutado de una fase de crecimiento económico, con el sector agrícola del sur del país dependiendo durante muchos años de los trabajadores migrantes para la cosecha.

En el municipio de Níjar, en Almería, los migrantes, en su mayoría procedentes de Marruecos y del África subsahariana, hacen cola en un área de matorrales junto a una carretera muy transitada para tomarse la temperatura.

Los trabajadores sanitarios, a veces comunicándose en el francés nativo de algunos migrantes, les piden que mantengan una distancia de dos metros mientras esperan en la fila.

Cerca de allí, otro trabajador de la ONG protegido con una mascarilla y guantes reparte aceite y leche. En los asentamientos cercanos, las viviendas están construidas con marcos de madera envueltos con lonas.

“Médicos del Mundo no suele repartir comida”, dice Vladimir Morante, el coordinador de la ONG en Andalucía.

“Pero dada la situación no tenemos otra opción.”

Hasta 6.000 inmigrantes viven en estos asentamientos improvisados, dice la organización. Médicos del Mundo ha intensificado su labor durante el confinamiento, distribuyendo cerca de 3,5 toneladas de alimentos en los últimos dos días. También están repartiendo mascarillas y lejía.

Los trabajadores sanitarios colocan mesas con pantallas de plexiglás improvisadas y consultan a los migrantes sobre su salud mientras les hablan de medidas como el distanciamiento social.

Sin embargo, vivir en condiciones de hacinamiento con tanta gente en una vivienda lo complica todo.

“Poder aplicarla (esta medida) es prácticamente imposible”, dice Morante. “Viven totalmente hacinados, es imposible mantener una distancia segura”.

Escrito por Sonya Dowsett; editado por Andrew Cawthorne; traducido por Darío Fernández en la redacción de Gdansk

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