March 23, 2020 / 12:30 PM / 10 days ago

Las residencias de ancianos en España, un peligroso vector del coronavirus

MADRID, 22 mar (Reuters) - La muerte llegó con lentitud a la residencia de ancianos donde trabaja Chelo Megía. Pero de repente estaba por todas partes.

FOTO DE ARCHIVO: Trabajadores sanitarios limpian el hogar de ancianos donde una mujer murió y varios residentes y cuidadores han sido diagnosticados con el coronavirus en Grado, Asturias, España 20 de marzo de 2020. REUTERS/Eloy Alons

El 11 de marzo, miércoles, Megía aún pensaba que la Residencia Núñez De Balboa en Albacete, en el centro de España, donde había sido auxiliar de enfermería durante 15 años, podría evitar el nuevo virus que se estaba extendiendo rápidamente por todo el país. “Lo veíamos como algo lejano”, dice.

Para el jueves, varios ancianos de la residencia ya habían sido hospitalizados. El personal se enteró más tarde de que algunos residentes habían dado positivo en el test de COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus. El viernes, un equipo médico llegó con un equipo de protección de pies a cabeza que Megía solo había visto en las películas.

“Empezaron a aislar a todo el mundo y a decirnos, ‘Protéjanse’. Llevábamos una mascarilla y guantes y nada más”, dijo.

Ese día, el gobierno regional de Castilla-La Mancha reemplazó a los gestores del centro, que lo habían estado dirigiendo como parte de los servicios sociales, por personal médico y lo transfirió a su departamento de salud para hacer frente al brote.

Apenas una semana después, según los sindicatos y las autoridades, 10 de los aproximadamente 200 residentes de la casa han muerto, 13 han dado positivo en las pruebas de coronavirus y 50 más están posiblemente infectados en un país con uno de los mayores brotes después de China e Italia. No todos se han hecho la prueba. Un grupo de defensores de los pacientes ha presentado una queja por negligencia contra la residencia ante las autoridades españolas. El gobierno autonómico, que gestiona la residencia, no quiso hacer comentarios al respecto.

Las residencias de ancianos se han convertido en puntos calientes de la enfermedad en todo el mundo. En España, el número de muertes se duplicó con creces la semana pasada y, según datos del lunes, ya roza las 2.200. Hasta la semana pasada, al menos 100 de las muertes han sido en residencias, pero el Gobierno central no puede precisar las cifras.

“Ahora mismo, esto no es una residencia de ancianos, es un hospital”, dice Megía, de 49 años, exhausta después de siete días seguidos trabajando. “Todo ha cambiado radicalmente”.

AYUDA MILITAR

El coronavirus ha provocado transformaciones dramáticas en los hogares de ancianos de toda España, convirtiendo decenas de los 5.500 centros de este tipo en focos de infección y llevando a su personal, mal equipado, al frente de una pandemia que se acelera.

Los abrumados hospitales españoles han pedido a los hogares de ancianos como el de Megía que cuiden a los residentes gravemente enfermos, pero los hogares carecen de respiradores artificiales y deben competir con los hospitales por el escaso equipo médico y los kits de pruebas, según fuentes del sector.

Muchos se enfrentan a la escasez de mascarillas, guantes y batas, según trabajadores, líderes sindicales, gestores de residencias de ancianos y grupos del sector entrevistados por Reuters.

En algunas residencias, los empleados dijeron que estaban racionando las mascarillas o fabricando las suyas propias con tela, o usando batas desechables durante varios turnos. Algunos trabajadores dijeron que les daba demasiado miedo ir a trabajar, mientras que otros habían enfermado, lo que ha dejado a algunos centros con poco personal en un momento de necesidad sin precedentes.

Esta situación queda reflejada en un vídeo testimonial de siete cuidadores proporcionado por su sindicato a Reuters. En él dicen que han recibido poca o ninguna orientación sobre cómo tratar a los residentes infectados y que temían llevar la enfermedad a sus propias familias. Algunos acusaron a los gestores de restar importancia o encubrir casos de coronavirus.

En al menos tres casos, los administradores de los centros habrían tardado, supuestamente, en responder a la amenaza, lo que según los sindicatos exacerbó las infecciones.

El Defensor del Paciente, un grupo de defensores de los pacientes financiado con fondos privados, dijo que ha presentado denuncias por negligencia ante la fiscalía pública y pidió que se investigara a fondo la gestión de tres residencias, incluida la Residencia Núñez De Balboa, donde trabaja Megía.

“Le dijimos a los fiscales que debían vigilar de cerca a las residencias de ancianos, porque la situación era una locura”, dice su presidenta, Carmen Flores, que afirma que la situación en algunos casos era grotesca: los centros no habían llevado a los pacientes infectados al hospital, sino que los habían “puesto en el comedor y los habían dejado allí, a los pobres”.

Por otra parte, los fiscales confirmaron el miércoles pasado la apertura de una investigación preliminar sobre al menos 17 muertes por coronavirus en la residencia de ancianos Monte Hermoso, en Madrid, centro de la epidemia en España. La dirección de Monte Hermoso no respondió a una solicitud de comentarios realizada por esta agencia.

Un portavoz del gobierno regional de Castilla-la Mancha, que es el propietario de la residencia donde trabaja Megía, dijo que aún no podía hacer comentarios sobre las decisiones tomadas por la dirección del centro. Hay 400 residencias en la región, según el portavoz. Más de 100 personas en residencias tienen COVID-19. Cerca de 150 empleados han dado positivo y 35 personas han muerto. Otras 700 personas están aisladas, dijo, sin especificar si eran personal o pacientes.

Una portavoz de la fiscalía dijo que no podía comentar casos individuales pero que todas las denuncias contra los asilos serán investigadas. Todavía no se ha decidido si las investigaciones llevarán a algún procedimiento.

Todas las residencias de ancianos de España, dos tercios de las cuales son privadas, están ahora cerradas, sus casi 400.000 residentes ancianos aislados de sus familias. El Gobierno dijo el domingo que las residencias de ancianos que no pueden hacer frente a la crisis del coronavirus deben informar a las autoridades. En caso de necesidad, se podría llamar a las unidades militares de emergencia para que ayuden.

En una residencia de Alcalá del Valle, un pueblo de Cádiz, ha intervenido la Armada porque todo el personal se ha infectado o está aislado, según informaron medios locales. La Armada española confirmó que está ayudando.

“Estamos alzando la voz y pidiendo ayuda”, dijo Ignacio Fernández Cid, presidente de la Federación Empresarial de la Dependencia, una asociación de empresarios del sector. “Necesitamos... equipamiento para ayudar a la gente. Si no, no podemos atenderlos y tendremos que entregarlos a los hospitales”.

La empresa del propio Cid gestiona nueve residencias de ancianos en toda España, algunas de las cuales dijo que tienen casos de coronavirus. Sin embargo, dijo que la verdadera magnitud de la infección sigue siendo desconocida ya que el personal no tiene acceso a los kits de detección. Los centros como el Cid son “como una presa que retiene el virus”, porque están reteniendo a un gran grupo de posibles portadores de alto riesgo en lugar de enviarlos a los hospitales. “Si esa presa se rompe, estamos perdidos”, dijo.

Las residencias de ancianos serán una de las prioridades de una campaña de aumento de las pruebas, dijo el domingo el jefe de emergencias sanitarias Fernando Simón, para asegurar que gente con el virus no entre en los hogares y que los residentes infectados puedan separarse del resto “antes de que veamos situaciones graves como las que hemos visto en algunas de estas residencias”.

“EL CANARIO EN LA MINA”

En todo el mundo, las residencias de ancianos se han convertido en un frente vulnerable de la pandemia mundial. El COVID-19 es más letal para los ancianos. Hasta ahora también ha golpeado a las residencias de Estados Unidos e Italia, y amenaza a este tipo de centros en todos los países donde se propaga la pandemia.

“Las residencias de ancianos actuaron como el canario en la mina de carbón: la alarma que sonó para mostrar que el virus ya está circulando entre nosotros”, dijo Javier Del Águila, epidemiólogo que trabaja en el sistema de salud pública de Madrid.

“Al principio, como la mayoría de la gente muestra síntomas leves, el virus no se reconoce”, dijo. “Solo cuando el virus entra en un lugar vulnerable como una residencia de ancianos lo detectamos y nos damos cuenta de que está en circulación”.

Los casos de coronavirus se detectaron por primera vez en residencias de Madrid a principios de marzo, según las autoridades regionales. Muchos españoles están horrorizados por la forma en que se permitió que el virus irrumpiera sin control en un grupo tan querido y vulnerable. España tiene una esperanza de vida media de más de 83 años, la tercera del mundo después de Suiza y Japón.

En todo el país, alrededor de 180.000 personas trabajan en hogares de ancianos, según fuentes del sector. Los contagiados, sin saberlo, en la primera oleada de infecciones han sido el “vector” de contagio, dice Luis Manuel Monforte, responsable del sector sanitario del sindicato UGT en Castilla-La Mancha.

Megía dice que no tiene ningún síntoma pero que ha empezado a evitar a miembros de su familia.

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En la Residencia Núñez De Balboa, los residentes están ahora confinados en sus habitaciones, aislados de sus familiares y acechados por un asesino invisible. Aquellos que caen presas de la enfermedad corren el riesgo de morir solos.

El 19 de marzo, Día del Padre en España, el personal se reunió en el aparcamiento y cantó a los residentes, que escuchaban con las ventanas abiertas. La canción, “Resistiré” —una canción pop española de los años 80—, se ha convertido en un himno contra el virus.

“Les estamos dando mucho amor”, dijo Megía. “Tenemos que cuidarlos porque solo nos tienen a nosotros”.

Información de Belén Carreño y Nathan Allen; información adicional de Sonya Dowsett, Paola Luelmo, Ingrid Melander y Joan Faus; escrito por Andrew RC Marshall; editado por Sara Ledwith y Jason Szep; traducido por Tomás Cobos

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