March 19, 2020 / 2:55 PM / 9 days ago

Del podio a la lona: el coronavirus trastoca el día a día de Europa

19 mar (Reuters) - El domingo por la mañana, el chef irlandés Cúán Greene se despertó con la mejor crítica recibida en toda su vida. El periódico británico Observer aseguraba a sus lectores que su cocina los dejaría “emocionados, embelesados, eufóricos”. Horas más tarde se quedó sin trabajo.

El chef irlandés Cuan Greene, de 27 años, que perdió su trabajo en el restaurante Bastible de Dublín después de que cerrara sus puertas el domingo ante la creciente amenaza de la enfermedad COVID-19, en su casa de Dublín, Irlanda, 18 de marzo de 2020. REUTERS/Jason Cairnduff

Bastible, el restaurante de Dublín donde trabajaba como jefe de cocina, ha echado el cierre como resultado de la creciente amenaza del coronavirus. Greene, de 27 años, fue despedido junto a otros 13 colegas.

“Las semanas en que recibes una gran crítica siempre son especiales, acaban por convertirse en meses formidables. Eso es lo más triste, porque con lo que está pasando uno acaba por sentirse anodadado”, dijo Greene, que trabajó en el mundialmente famoso restaurante danés Noma antes de regresar a su hogar en Dublín.

“Es muy difícil de sobrellevar, tengo que admitirlo, por las noches no paro de dar vueltas en la cama”.

Los problemas de Greene son sólo un ejemplo de cómo la pandemia del COVID-19 está arrasando con todos los negocios de hostelería en Europa, sin importar su tamaño o su renombre. Los empresarios de todo el continente están recortando puestos de trabajo a un ritmo feroz, con cierres de emergencia en bares, restaurantes y hoteles, mientras las oficinas están vacías y las aerolíneas paralizadas.

Pasarán meses antes de que los datos nacionales oficiales revelen la escala del daño causado, pero la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió el miércoles que se podrían perder hasta 25 millones de empleos a nivel mundial si los Gobiernos no actúan con rapidez, escenario en el que se superarían los 22 millones de empleos destruidos durante la crisis financiera de 2008-2009.

Los países europeos han prometido cientos de miles de millones de euros para tratar de mitigar el impacto económico del virus y han flexibilizado sus normas para facilitar que las personas tengan derecho a prestaciones por desempleo y ayudar a las empresas que mantengan a sus trabajadores.

En Italia, el país más afectado por el brote en Europa, el Estado ha dado un paso más, suspendiendo los procedimientos de despido iniciados después del 23 de febrero.

Pero incluso con las promesas de efectivo, la magnitud de la crisis ha obligado a las autoridades a hacer malabarismos para tratar de atender las demandas de ayuda.

“LOS AHORROS NO DURARÁN”

En Irlanda, donde el primer ministro Leo Varadkar estimó que 100.000 personas o más, casi el 5% de la fuerza de trabajo del país, podrían perder sus empleos en dos semanas, unas 20.000 personas acudieron el viernes a las oficinas de la Administración para solicitar prestaciones de desempleo.

En Alemania, donde el paro ha alcanzado mínimos históricos, las empresas han inundado a las autoridades locales con solicitudes de ayudas estatales para financiar los contratos a tiempo parcial.

“Se está disparando”, dijo una portavoz de la Agencia Federal de Empleo alemana, quien señaló que sectores que normalmente no solicitan este tipo de medidas también han mostrado interés en las ayudas.

En Bélgica, unas 30.000 empresas han solicitado expedientes de regulación temporal de empleo para casi 300.000 trabajadores, según informó un portavoz del Gobierno. De concederse, el Estado puede cubrir el 70% de los salarios de estos trabajadores.

Lo repentino de los despidos en toda Europa, unido a la creciente cantidad de trabajadores cuyo contrato no les da derecho con tanta facilidad a una prestación de desempleo, redunda en que no todo el mundo estará protegido.

Más de 100.000 personas han perdido su empleo en España debido al coronavirus y el número total podría llegar al millón, según ha advertido el líder del sindicato español Comisiones Obreras, Unai Sordo.

En el centro de Barcelona, Alejandra Paola Carrera, de 27 años, está preocupada por no poder optar a las ayudas del Estado, ya que no empezó a cotizar a la seguridad social hasta julio pasado.

“Mis ahorros no me durarán más de un mes”, dijo esta empleada de oficina que perdió su trabajo el lunes. “Vivo de alquiler con otras tres personas y todos estamos en la misma situación: trabajadores temporales y recién despedidos”.

UN ‘SHOCK’ PARA LOS JÓVENES

Viviana, una madre soltera que también reside en Barcelona, se enfrenta al reto de mantenerse a sí misma y a su hija de tres años tras perder su trabajo en el departamento de recursos humanos de una agencia inmobiliaria.

“Con lo que he ganado en mis últimos días de trabajo no podré pagar el alquiler, el agua ni ninguna otra factura”, dijo esta mujer de 31 años, que pidió no ser identificada por su apellido.

“Realmente no sé lo que voy a hacer”, añadió. “Aceptaré lo que encuentre, porque soy una madre soltera y mi hija depende de mí”.

En Polonia, que ha venido disfrutando de una baja tasa de desempleo sin precedentes, la pérdida de puestos de trabajo es particularmente difícil para los trabajadores más jóvenes, acostumbrados a contar con un amplio abanico de opciones.

Nicoise Kemp, una estudiante de 23 años, perdió su trabajo de camarera en uno de los principales hoteles de Varsovia tras cuatro años de contrato.

“En este momento ni siquiera hay procesos de contratación en curso”, dijo. “Creo que para los estudiantes esto ha supuesto un gran ‘shock’, porque teníamos un trabajo, teníamos clases en la universidad, estábamos muy ocupados, y de repente no tenemos nada”.

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Sin hipoteca ni hijos, Greene, el chef irlandés, dijo tener suerte por poder ir tirando por el momento con la prestación de desempleo, contando con la posibilidad de recurrir a sus ahorros si fuera necesario.

Greene planea pasar tiempo con su familia y aprender las “millones de cosas” que el ajetreo de la cocina no le permite de ordinario, como perfeccionar sus técnicas de fermentación.

“Sigo pensando en positivo”, dijo. “Estoy preparando pan y tengo una parcela en el jardín donde voy a empezar a plantar verduras. Por ahora estoy bien”.  

Información adicional de Conor Humphries desde Dublín, Inti Landauro desde Madrid, Alan Charlish desde Warsaw, Michael Nienaber desde Berlín, Francesco Guarascio desde Bruselas y Gavin Jones desde Roma; escrito por Carmel Crimmins; editado por Pravin Char; traducido por Darío Fernández en la redacción de Gdansk

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