March 6, 2020 / 10:32 AM / 4 months ago

Guarderías japonesas aíslan juntos a los niños tras el cierre escolar por el virus

TOKIO, 6 mar (Reuters) - En la guardería infantil Stella, en el centro de Tokio, los niños de la escuela pasan el día sentados en mesas individuales separadas, espaciadas y orientadas en sentido contrario a sus compañeros.

Un niño, usando una máscara facial protectora, después de un brote de coronavirus, es visto en "Stella Kids", una guardería en Tokio, Japón, el 5 de marzo de 2020. REUTERS/Stoyan Nenov

Se sientan allí durante horas jugando, estudiando y comiendo en el mismo asiento desde las 8 de la mañana, hasta que sus padres vienen a recogerlos después del trabajo por la tarde o la noche.

Estas medidas extremas son el resultado de la petición del primer ministro Shinzo Abe de que todas las escuelas de Japón cierren a partir de esta semana para evitar la propagación del coronavirus.

La medida ha sido criticada rotundamente por ser contraria a la lógica, disruptiva y arriesgada, ya que ha provocado que decenas de miles de alumnos tengan que ir a guarderías.

Esto ha hecho que muchos centros extraescolares privados y subvencionados públicamente, llamados “gakudo”, improvisen medidas para tratar de evitar que los niños contraigan la enfermedad.

“Hacemos que los niños pasen todo el día en el mismo asiento, comiendo sus bocadillos y almuerzos también allí”, dijo a Reuters Ikuyo Kamimura, responsable de Stella Kids. “Se orientan en la misma dirección para que no se infecten por las gotas”, dijo.

Alrededor de 1,3 millones de niños en todo Japón se encuentran registrados para utilizar los “gakudo”, según datos oficiales, pero no está claro cómo gestiona la situación cada centro.

En las grandes ciudades, donde los precios inmobiliarios son altos, decenas de niños pueden compartir una sola habitación compartiendo juguetes, y no se les permite salir al exterior debido a la escasez de personal para supervisarlos. Y ahora los niños pueden pasar en esos pequeños espacios compartidos varias horas más de lo habitual.

Padres, cuidadores, expertos médicos y políticos se quedaron boquiabiertos cuando Abe anunció el cierre de las escuelas de todo el país el 27 de febrero. Algunos municipios han decidido no acatar la medida, pero la mayoría de los colegios de todo el país han aceptado la petición de permanecer cerrados hasta que comience el nuevo año académico a principios de abril.

“Las aulas están vacías pero los niños están abarrotando las guarderías. ¿Qué sentido tiene?”, dijo Tetsuro Fukuyama, secretario general del Partido Democrático Constitucionalista, en la oposición en Japón, en una pregunta a Abe en el parlamento esta semana.

Abe repitió la postura del Gobierno de que tomó este paso drástico con el fin de contener el virus durante un período crítico de una o dos semanas.

AL CUIDADO DE PAPÁ

Japón ha registrado más de 1.000 casos de coronavirus - la mayoría de un crucero puesto en cuarentena el mes pasado y un puñado de niños - y seis muertes, excluyendo las del barco.

Abe ha sido criticado por la supuesta lentitud de Japón a la hora de contener el brote, entre otras cuestiones por la deficiente realización de pruebas para detectar el virus con rapidez. Se ha aplazado una visita de Estado del presidente chino Xi Jinping prevista para el mes próximo y Tokio ha anunciado restricciones de viaje más estrictas para las personas procedentes de China y Corea del Sur. Sin embargo, Abe ha insistido en que los Juegos Olímpicos de verano en Tokio se llevarán a cabo según lo previsto.

En la televisión, las redes sociales y en la ciudad, los padres se preocupaban por el retraso educativo de los niños, o por si se infectan ancianos, más vulnerables, a los que se les haya encomendado la tarea de cuidar a sus nietos durante un mes.

“No se consultó si (el cierre de escuelas) sería efectivo”, dijo Nobuhiko Okabe, epidemiólogo y jefe del Instituto de Salud Pública de la ciudad de Kawasaki, que está en un consejo creado para asesorar al Gobierno en lo relacionado con el coronavirus. “Fue una decisión política”.

Mientras tanto, padres que pueden trabajar desde casa tienen sus propias preocupaciones.

“Es bueno que mi empresa me deje trabajar desde casa, pero al principio estaba confundido porque no estaba seguro de cómo cuidar de mi hijo todo el día”, dijo a Reuters Koji Ishii, que tiene que encargarse de las tareas domésticas, el cuidado de su hijo de 6 años y el trabajo en su portátil, en una ciudad al este de Tokio. “Me preocupa la limitación de la vida diaria de mi hijo”.

Información de Akira Tomoshige, Akiko Okamoto, Yasuteru Ueda y Chang-Ran Kim; editado por Jane Wardell; traducido por Tomás Cobos

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