March 3, 2020 / 11:50 AM / a month ago

Un alcalde polaco, exboxeador, quiere fondos de la UE para que su ciudad prospere sin carbón

BYTOM, Polonia, 3 mar (Reuters) - En su adolescencia, Mariusz Wolosz fue un prometedor boxeador en Bytom, una ciudad al sur de Polonia, donde su club fue financiado por una de las muchas minas de carbón de la ciudad.

FOTO DE ARCHIVO: Un hombre carga carbón para calentar un apartamento en el distrito de Bobrek en Bytom, Polonia, el 7 de febrero de 2020. REUTERS/Kacper Pempel

Sin embargo, cuando las minas comenzaron a cerrar en la década de 1990, también lo hizo el club, frenando su carrera como boxeador y condenando a su otrora bulliciosa ciudad natal a décadas de pobreza y decadencia.

    Hoy, como alcalde de Bytom, Wolosz está luchando de nuevo, esta vez por conseguir una parte de un nuevo fondo de la Unión Europea destinado a llevar a las regiones dependientes del carbón hacia una economía más sostenible.

    Es probable que Polonia sea uno de los mayores beneficiarios del Fondo de Transición Justa de la Unión Europea, dotado con 100.000 millones de euros (111.200 millones de dólares), que Wolosz espera que impulse la moribunda economía de Bytom y atraiga a nuevos inversores tras décadas de abandono.

    “Hemos puesto la mirada en los fondos de la UE”, dijo Wolosz a Reuters. “Vale la pena salvar a Bytom”.

   La transformación de lugares olvidados como Bytom es una prueba crucial para la UE en un año histórico para la diplomacia climática. Entre las naciones de la UE, Polonia fue la única que no firmó los objetivos de cero emisiones para 2050, así que el Fondo de Transición Justa jugará un papel clave para que el país los adopte.

    “Creo que Bytom tiene la capacidad de convertirse en un ejemplo de una transición exitosa”, dijo a Reuters Elisa Ferreira, la comisaria de la UE a cargo del fondo.

    La gente de Bytom ayudó a impulsar la revolución industrial de Europa, dijo Ferreira, que visitó la ciudad en enero. “Trabajaron por la prosperidad de Europa”, dijo. “Ahora Europa debe trabajar para ellos.”

    Detrás de esta palabras ambiciosas se esconde una tarea inmensa.

    Aunque su alcalde sueña con que Bytom prospere sin carbón, también intenta salvar los puestos de trabajo en la última mina que queda en la ciudad, mientras lucha para evitar que un inversor privado abra una nueva.

TRANSICIÓN INJUSTA

    Bytom sigue sufriendo de su último intento fallido de transición del carbón en el decenio de 1990.

    En su apogeo, la ciudad tenía siete minas de carbón y dos plantas de hierro, que ofrecían trabajo estable y abundantes viviendas que atraían a miles de trabajadores de toda Polonia.

    La mayoría de las minas se cerraron en una reestructuración poscomunista de la industria del carbón de Polonia entre 1996 y 2005, momento del comienzo de la espiral de muerte para Bytom.

    Decenas de miles de personas fueron despedidas del trabajo. Los índices de delincuencia, alcoholismo y suicidio aumentaron. La población de la ciudad se redujo de 230.000 habitantes en 1990 a las 143.000 de la actualidad, ya que los exmineros y sus familias buscaron trabajo en otro lugar de Polonia o en el extranjero.

    Hoy en día, Bytom tiene la tasa de desempleo más alta entre las ciudades de Silesia, el corazón de las minas de carbón de Polonia.

    Un siglo o más de minería e industria pesada ha hecho que las carreteras y los edificios antiguos se agrieten, y ha dejado campos y ríos contaminados. Los daños en una de las urbanizaciones fueron tan graves que fue evacuada y demolida en 2012.

    El alcalde Wolosz espera que el nuevo fondo de la UE conceda a Bytom al menos 1.000 millones de zlotys (256,6 millones de dólares), los cuales serán destinados a la construcción de una nueva carretera de circunvalación y a la renovación de posibles emplazamientos para inversores.

    Uno de esos lugares es un terreno ferroviario abandonado que una vez dio servicio a trenes que transportaban carbón. Ahora mismo, parece una escena de un videojuego distópico, con viejos vagones que se pudren en húmedos y cavernosos cobertizos.

    La Asociación Polaca de Energía Eólica quiere construir un nuevo centro en el lugar, para capacitar a exmineros y a otros trabajadores locales en empleos de la floreciente industria eólica del país.

    La Asociación espera que parte de la factura —de 11 a 19 millones de euros— sea cubierta por el Fondo de Transición Justa.

    LA VIDA DESPUÉS DEL CARBÓN

    Bytom sigue luchando por imaginar la vida después del carbón. Todavía tiene una mina, que emplea a unos 2.000 ciudadanos de la ciudad y mantiene 3.000 puestos de trabajo en industrias relacionadas.

    Si cerrara, dijo Wolosz, la tasa de desempleo de la ciudad se duplicaría.

    El propietario de la mina, la empresa estatal Weglokoks, ha desembolsado millones de zlotys para compensar los daños que sus operaciones han causado. Esto ha aumentado los costes de producción y ha elevado el precio del carbón.

    “Tenemos que ser cuidadosos con nuestras demandas para no matar a la empresa”, dijo Wolosz, que quiere evitar los errores del pasado y asegurar que haya trabajos alternativos para los trabajadores de la mina.

    Otro desafío para el futuro sin carbón de Bytom viene en la forma de una sociedad local llamada Carbo Veneco. En junio, la compañía solicitó una concesión del Gobierno para reabrir parte de una mina de carbón estatal que cerró en 2015.

    Carbo Veneco se negó a comentar sus planes.

    El ayuntamiento se opone al proyecto, temiendo que pueda dañar los edificios históricos de Bytom y enviar un mensaje equivocado a los nuevos inversores y a los antiguos residentes.

Slideshow (6 Images)

    “Es difícil vivir aquí”, dice Maria Wolos, residente de un distrito de Bytom construido para los trabajadores hace más de un siglo, y que ahora está deteriorado y semidesértico.

    “Soy del otro extremo de Polonia”, dijo. “Vinimos aquí por un apartamento y un trabajo y ahora nos gustaría irnos.”

($1 = 3.8970 zlotys)

Información de Agnieszka Barteczko; escrito por Andrew Marshall, editado por Ed Osmond, traducido por Andrea Ariet en la redacción de Gdansk

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