December 3, 2019 / 1:13 PM / 4 days ago

La guerra franco-estadounidense del queso dañará la prudencia en la fiscalidad

El presidente francés Emmanuel Macron fotografiado a través de un pedazo de queso mientras asiste a la ceremonia anual del Primero de Mayo en el Palacio del Elíseo, en París, el 1 de mayo de 2019.

LONDRES, 3 dic (Reuters Breakingviews) - Los productores de Roquefort son sólo una víctima más en la guerra del queso que disputan los franceses y los estadounidenses de cara a 2020. El efecto más duradero de la conflagración y, posiblemente, el más perjudicial desde el punto de vista económico, será impedir una serie de reformas globales en la forma en que los países gravan a las grandes empresas de tecnología. 

El organismo comercial del presidente estadounidense, Donald Trump, dijo a última hora del lunes que podría aplicar el 100% de los aranceles a bienes de fabricación francesa por valor de 2.400 millones de dólares, entre los que se incluyen champán, Roquefort y otros 20 tipos de productos de queso. Su queja es que el presidente Emmanuel Macron introdujo en julio un impuesto del 3% sobre los ingresos digitales generados en Francia, que Trump considera que se dirige injustamente contra las empresas de Estados Unidos. 

Tiene algo de razón. La ley francesa se aplica a las ventas generadas por los servicios de “interfaz digital” y “publicidad dirigida”. Parece probable que la matriz de Google, Alphabet, Facebook y otros gigantes tecnológicos americanos pagarán la mayor parte de los 500 millones de euros que Macron espera recaudar al año. Francia puede argumentar que empresas no estadounidenses también se verán afectadas. Sin embargo, su posición se ve socavada por el hecho de que el ministro de Finanzas Bruno Le Maire calificó repetidamente la medida como un impuesto a los “GAFA”, refiriéndose a Google, Apple, Facebook y Amazon. 

Es probable que ninguno de los dos lados ceda. Trump tiene un largo historial de aplicar aranceles punitivos a supuestos aliados, como hizo el año pasado con los aranceles sobre el acero y el aluminio en la Unión Europea. Su organismo comercial ha calificado oficialmente el impuesto de Francia como discriminatorio; sería extraño que no lo hiciera. Del mismo modo, Macron y Le Maire han sacado provecho político de la ofensiva contra las grandes compañías tecnológicas. Y no pueden dar la imagen de ceder ante las intimidaciones de Trump, muy vilipendiado en Francia.

Este panorama no es un buen augurio para un ambicioso intento mundial de modernizar las normas sobre los impuestos de sociedades en la era digital auspiciado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, organismo con sede en París. El responsable fiscal de la entidad, Pascal Saint-Amans, ha conseguido hasta ahora trazar un rumbo que ha mantenido a su lado tanto a Francia como a Estados Unidos. Su plan permitiría a los Gobiernos de las principales economías gravar algunos beneficios que actualmente se encuentran confinados en paraísos fiscales como Irlanda. Es difícil imaginarse a Trump y a los dirigentes de París discutiendo amigablemente los detalles mientras están enredados en una riña comercial. La mayor víctima de la guerra del queso será la prudencia en la normativa fiscal. En Twitter twitter.com/liamwardproud

(El autor es columnista de Reuters Breakingviews. Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor)

traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid

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