October 27, 2019 / 9:38 AM / a month ago

De Alicia en el País de las Maravillas a pasear el perro: los alemanes recuerdan la caída del Muro de Berlín

BERLÍN, 24 oct (Reuters) - Dagmar Simdorn salió del cementerio tras visitar la tumba de su marido y miró a lo largo de su calle hacia el austero punto de control del Muro de Berlín en Bernauer Strasse. Había una apertura.

Dagmar Simdorn, jubilada de Alemania Oriental de 81 años, camina hacia el memorial del Muro de Berlín, Berlín, Alemania, 22 octubre 2019. REUTERS/Fabrizio Bensch

Caminó una corta distancia por su calle en Berlín Este y pudo ver que el Muro no había sido completamente derribado, pero había maneras de atravesarlo. Entonces miró hacia el Oeste.

“Podías mirar por Bernauer Strasse y tener una visión libre de todo. Era como Alicia en el País de las Maravillas”, recordó Simdorn, ahora de 81 años, que creció durante la Segunda Guerra Mundial y luego vivió en la Alemania Oriental comunista en la línea del frente de la Guerra Fría.

El Muro de Berlín -erigido en 1961- corría a lo largo de la Bernauer Strasse, que se hizo famosa por las huidas desde las ventanas de los bloques de apartamentos y a través de los túneles excavados debajo. Se sabe que murieron diez personas tratando de escapar de la zona.

El Muro fue derribado un 9 de noviembre de hace 30 años y Simdorn recordó haber mirado hacia Berlín Occidental en ese momento: “Uno se quedaba allí con la boca abierta y la mano delante (...) Pensé en mi difunto esposo, qué bonito habría sido para él experimentar eso”.

“La sensación era realmente como si te estuvieras elevando”, dijo, llorando. “Te sentías como si estuvieras flotando”.

A solo un tiro de piedra en el oeste, la experiencia de Angelika Bondick sobre el Muro y su caída fue más aburrida.

Su exesposo solía alzar su cerveza en dirección a los guardias en la torre de vigilancia de Bernauer Strasse sobre la “franja de la muerte” y los saludaba a veces desde su departamento en la misma calle.

“Ellos nos observaban y nosotros los observábamos de vez en cuando”, dijo Bondick, ahora de 63 años, a Reuters desde su balcón, con la vieja torre de vigilancia aún de pie detrás de ella.

¿No se sentía amenazada, viviendo en la primera línea de la Guerra Fría, tal vez durante la crisis de los misiles cubanos?

“Para mí, lo único que contaba era seguir adelante con la vida, mi familia. Si había guerra en Cuba no me interesaba tanto”, afirmó.

Cuando cayó el Muro, ella estaba dormida u ocupada con sus hijos -no puede recordarlo bien- y al principio se lo perdió. En cualquier caso, había visitado a menudo Berlín Este para ver a su familia. El muro simplemente era un hecho.

“Crecí con eso y no lo cuestioné”, dijo.

En los días posteriores a la caída, los berlineses del este formaron largas colas para comprar fruta en el supermercado donde trabajaba, un empleo que aún conserva. Los turistas acudieron en masa frente a su distrito para ver los restos del Muro.

Una vez que se despejó el área del Muro, hubo una gran ventaja: “El área de la franja fronteriza estaba libre para nuestros perros y podíamos dejarlos correr. Eso fue realmente agradable para sus dueños. Así que la franja fronteriza fue positiva al final”.

Información adicional de Ollie Ellrodt y Paul Carrel; escrito por Paul Carrel; eeditado en español por Carlos Serrano

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