October 11, 2019 / 6:23 AM / 2 months ago

Las caravanas de migrantes: ella extraña su casa y reza para que no la envíen de regreso

FORT WORTH, Texas, 10 oct (Reuters) - Irma Rivera está orando.

Irma Rivera, una solicitante de asilo de Honduras, prepara a sus hijos Suany y Jesús para ir a la iglesia fuera de la casa familiar en Fort Worth, Texas. Foto tomada el 7 de junio de 2018. REUTERS / Loren Elliott

Al igual que cada domingo, la madre hondureña de 33 años acude a una iglesia cercana. Ha vestido a sus hijos -Jesús, de 5 años, y Suany, de 8- con sus mejores ropas y les ruega que permanezcan tranquilos a su lado.

Ella reza para que su marido, José, quien fue asesinado en su país, se encuentre “en un buen lugar”. Pide fuerzas para cuidar a sus hijos en este nuevo país, vivir lo suficiente para verlos crecer. Reza por los miembros de su familia que dejó en Honduras.

Rivera ve su nueva vida con sentimientos encontrados. Durante su primer año en Estados Unidos, ella y sus hijos vivieron como invitados en la casa de un familiar y constantemente le preocupó estar abusando de su generosidad. Recientemente, ella y su hermana, quien llegó desde Honduras hace unos meses, arrendaron un pequeño departamento juntas.

Rivera, Suany y Jesús comparten un colchón inflable en una pieza junto a su sobrina adolescente. “No tenemos mucho, pero somos felices”, afirmó.

Después de caminar miles de kilómetros hacia el norte a través de Guatemala y México, donde durante la primavera boreal buscaron protección en una caravana, los tres pidieron asilo en Estados Unidos en mayo de 2018 en el punto de ingreso cerca de San Diego, California.

Pasaron tres semanas bajo custodia de Estados Unidos, luego convencieron a un funcionario de inmigración de que tenían “miedos creíbles” sobre volver a casa. Fueron liberados a la espera de una audiencia judicial para decidir su destino, un proceso que podría tomar años.

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Versión interactiva en inglés tmsnrt.rs/2VssPY7

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A pesar de lo agradecida que está por encontrarse en Estados Unidos, Rivera extraña su hogar. Comenzó a llorar al nombrar a los familiares y amigos que extraña. “Pero por lo que ocurrió, no quiero volver”, afirmó.

Según las notas de un funcionario de asilo revisadas por Reuters, Rivera le dijo en mayo de 2018 que su marido, un campesino, fue asesinado por trabajadores agrícolas luego de que amenazó con denunciarlos a las autoridades por el robo de valiosos frutos de palmas en la tierra que él labraba.

En la fértil región de Bajo Aguán, donde vivía la familia, se desarrolla un violento conflicto sobre los derechos de las tierras. El área ha sido señalada por Human Rights Watch como un epicentro de asesinatos “con impunidad”.

Después del asesinato de su marido, “todo se derrumbó para mí”, dijo Rivera a Reuters. Agregó que el grupo que lo mató -que nunca fue detenido por la policía- amenazó al resto de la familia, por lo que se vio obligada a vender su casa y huir con los niños. Desde entonces, ha escuchado, el pueblo se ha vuelto más peligroso e incluso más familias están viajando hacia el norte.

Rivera llegó a Estados Unidos con expectativas claras. “Pensé que los niños irían a la escuela y yo trabajaría y me asentaría”, afirmó. “Pero aquí ha sido muy difícil”.

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Para ver ensayo fotográfico relacionado: reut.rs/2pcZoxc

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Aún llora la muerte de su marido. Cada vez que ocurre algo nuevo, comenta, “quiero contarle a él”.

Rivera aún no puede trabajar de forma legal y ha tenido problemas para pagar el arriendo y las tarifas de los abogados. Ella depende en parte de la generosidad de familiares y amigos.

Recientemente, una mujer estadounidense le hizo una pregunta en inglés y quedó avergonzada debido a que no pudo entenderle y mucho menos responder.

Sus hijos también extrañan Honduras, a los muchos niños de su familia extendida y a su perro, Rocky.

Pero se están adaptando más rápido que ella. Suany, quien asiste a una escuela bilingüe, habla inglés y español con sus nuevos amigos. Jesús ha aprendido unas pocas palabras y frases, entre ellas: “What is your name? (¿Cómo te llamas?)” “What are you doing? (¿Qué estás haciendo?)” y “Car! (¡Auto!)”.

Irma Rivera, una solicitante de asilo de Honduras, asiste a un servicio religioso en Fort Worth, Texas. Foto tomada el 7 de junio de 2018. REUTERS/Loren Elliott

Rivera vio las noticias en agosto sobre el supremacista blanco que disparó contra inmigrantes y latinos en un tiroteo en El Paso. “Es racismo”, dijo, algo que le preocupa, pero dice que nunca ha sufrido en el país.

Ella reza por que junto a los chicos puedan quedarse aquí. Recientemente, Rivera dijo que escuchó que a una mujer se le negó el asilo y le dieron 30 días para dejar el país.

“Saber que eso podría pasar...”, dice sin terminar la frase.

Editado en Español por Ricardo Figueroa

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