October 9, 2019 / 9:50 AM / 2 months ago

Irak se apresura a contener la violencia tras el contagio a un barrio emblemático

BAGDAD, 8 oct (Reuters) - Los días de protestas mortales contra el Gobierno en Bagdad y otras ciudades iraquíes trajeron pocas concesiones reales de las autoridades. Pero cuando el derramamiento de sangre se extendió a un distrito pobre e inquieto de Bagdad, respondieron de manera diferente.

Hombres iraquíes cargan el ataúd de un manifestante, que fue asesinado durante las protestas contra el gobierno, en Najaf, Irak, el 7 de octubre de 2019. REUTERS/Alaa al-Marjani

Tras el asesinato de manifestantes en Ciudad Sadr, los militares ordenaron la retirada del ejército de la zona y las fuerzas de seguridad admitieron por primera vez que habían hecho uso excesivo de la fuerza, prometiendo que los implicados en actos de violencia contra la población civil rendirían cuentas de sus actos. También se ha prometido más dinero para ayudar a los pobres.

Las señales de una escalada en el extenso distrito residencial, desde donde los insurgentes chiíes atacaban a las fuerzas estadounidenses después de la invasión de 2003, asustaron al Gobierno, ya que significaría un grave problema para Irak y unos disturbios mucho más sangrientos, según señalan fuerzas de seguridad, líderes locales, parlamentarios y analistas.

“Habrá personas enfadadas que hayan perdido a un hermano o a un pariente; querrán vengarse a través de las tribus”, dijo Sheikh Shiyaa al-Bahadli, un líder tribal local.

“Hemos estado tratando de calmar las cosas, hablando con los manifestantes que son familiares nuestros, porque si las cosas se mueven hacia el uso de las armas o se involucran los partidos, Irak entrará en una espiral de caos y habrá más derramamiento de sangre”.

Sin embargo, Al-Bahadli advirtió de que el Gobierno debe tomar medidas para llevar a cabo una verdadera reforma, culpando a las autoridades corruptas por los disturbios, o las protestas continuarán.

Algunos analistas coinciden en que es poco probable que las reformas del Gobierno basten para satisfacer a muchos iraquíes, que piden una reorganización de todo el sistema político y que critican a la despreciada clase dominante, que según ellos ha hecho que la vida de la mayoría de los iraquíes siga sumida en la miseria, incluso en tiempos de paz.

MIEDO A UNA ESPIRAL

Las protestas, que estallaron en el centro de Bagdad la semana pasada y se extendieron a ciudades del sur, llegaron a Ciudad Sadr por primera vez el domingo. Las muertes en esta zona, más de una docena, elevaron el número total de víctimas a al menos 110, en su mayoría manifestantes.

Los disturbios hicieron añicos casi dos años de relativa estabilidad en Irak, que ha sufrido la ocupación extranjera, la guerra civil y la insurgencia de Estado Islámico (IS por sus siglas en inglés) entre 2003 y 2017. Es el mayor desafío para la seguridad desde que el IS fue declarado derrotado.

Muchos manifestantes son hombres jóvenes de los suburbios, sintomáticos de los servicios deficientes, la falta de empleo y una corrupción endémica en el Gobierno que ha desatado la indignación de la opinión pública, y que son el hogar de muchos partidarios armados del poderoso clérigo Moqtada al-Sadr.

Sadr, un clérigo de venerada herencia chií que puede movilizar a decenas de miles de simpatizantes, se puso del lado de los manifestantes la semana pasada y exigió la dimisión del Gobierno y la convocatoria de elecciones, mostrando su oposición a un Ejecutivo y un Parlamento dominados por fuerzas políticas y paramilitares respaldadas por Irán. Pero no llegó a instar a sus partidarios a tomar las calles.

La televisión estatal informó el martes de que el primer ministro Adel Abdul Mahdi se estaba reuniendo con influyentes líderes religiosos y tribales para buscar una salida a la crisis.

Los riesgos de una espiral de violencia se pusieron de manifiesto esta semana, con la muerte de un miembro de las fuerzas de seguridad en Bagdad y cuatro heridos por disparos contra una multitud de manifestantes, entre los que se encontraban familiares de los muertos el domingo en Ciudad Sadr, informó la policía.

Inicialmente, el Gobierno propuso fondos para los pobres y ofrecer mayores oportunidades de empleo a los graduados. En Bagdad, el martes, decenas de personas hicieron cola frente al Ministerio de Trabajo con la esperanza de recibir los nuevos subsidios prometidos.

Un legislador de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF por sus siglas en inglés), un grupo que integra a paramilitares apoyados por Irán, dijo que las medidas podrían incluir el despido de los jefes de seguridad en Bagdad y en las provincias donde estalló la violencia.

“El Gobierno está compensando a las familias de los muertos, tanto a los manifestantes como al personal de seguridad”, dijo Abdul Amir al-Taiban.

AVISOS DE UNA MAYOR REPRESIÓN

La respuesta inicial a las protestas fue feroz.

Periodistas de Reuters han sido testigos de cómo los manifestantes morían o eran heridos por francotiradores de las fuerzas de seguridad que disparaban contra la multitud desde los tejados, a pesar de que el Ministerio del Interior niega que las fuerzas del Gobierno hubieran disparado directamente contra los manifestantes.

La violencia en Sadr City, cuyas estrechas calles albergan a un tercio de los 8 millones de habitantes de Bagdad, probablemente ha empujado a los políticos a que al menos aparenten actuar de manera más contundente para abordar las preocupaciones de los manifestantes, dijo el profesor Toby Dodge, de la London School of Economics.

“Sadr City siempre se percibe como el espectro incontrolable en los límites de la ciudad... matar a un gran número de personas en Sadr City desencadena un ciclo de muerte y venganza”, dijo.

“Que Ciudad Sadr haya entrado en juego, y con el alto nivel de violencia utilizado, ha provocado esta disculpa”, dijo, refiriéndose a las declaraciones oficiales que admiten que las fuerzas de seguridad habían cometido un error.

Mientras tanto, radicales pro-Irán han achacado la violencia a supuestos infiltrados respaldados por enemigos extranjeros, advirtiendo de que, aunque se apliquen reformas, las nuevas manifestaciones podrían abordarse con más dureza.

“Algunos dicen que las protestas fueron una sorpresa, que fueron espontáneas, pero tuvimos otras indicaciones de inteligencia”, dijo el lunes el jefe del PMF, Falih al-Fayyadh, sin entrar en detalles.

“Nuestra respuesta a los que quieren intoxicar el país será clara y precisa por parte del Estado y sus instrumentos... no habrá ninguna posibilidad de un golpe de Estado o rebelión”, dijo, añadiendo que las potencias extranjeras trataban de sacar provecho del caos en Irak, en alusión a Arabia Saudí y Estados Unidos, enemigos de Irán.

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Dodge dijo que, pese a todas las promesas de reforma, las autoridades se apoyarán en la fuerza para mantener el statu quo.

“Hay una fórmula: primero empiezas con represión, luego prometes el cielo y la tierra con la esperanza de que todo el mundo olvide las promesas y vuelva a empezar cuando el temporal se calme”, dijo el profesor.

“La forma en que la élite gobernante trató este brote de protestas populares es increíblemente coercitiva. Cerrar Internet, atacar a los periodistas, creo que es un paso significativo hacia el autoritarismo”.

Información de John Davison y Raya Jalabi; traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid

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