September 20, 2019 / 5:36 AM / 3 months ago

Una abuela hondureña solo anhela dar sepultura a su hija y su nieto ahogados rumbo a EEUU

TEGUCIGALPA, 19 sep (Reuters) - Delia Hernández solo ansía poder enterrar a su hija y a su pequeño nieto que murieron ahogados en el río Bravo tratando de llegar a Estados Unidos, en la frontera con México, en medio del drama de miles de centroamericanos que anualmente tratan escapar de la pobreza y la violencia.

Delia Hernández, madre de la fallecida migrante hondureña Idalia Yamileth Herrera, que se ahogó con su hijo Iker Gael Cordova mientras cruzaba el río Bravo entrar ilegalmente a los Estados Unidos, en su casa en El Limón, Honduras. 19 de septiembre 2019. REUTERS/Jorge Cabrera

La mujer de 44 años dijo que nunca pensó que Idalia Herrera, de 27 años, e Iker Córdova, de menos de dos años, fallecerían la semana pasada en las traicioneras aguas del río en Texas, tras despedirse el 1 de agosto en su pueblo hondureño El Limón, para reunirse con su esposo y otras dos hijas.

“Yo nunca pensé que mi hija y mi nieto morirían, yo tenía la esperanza que llegaría donde su esposo. Ahora solo espero que vengan sus cuerpos para enterrarlos en el cementerio del pueblo”, dijo titubeante Hernández, madre de ocho hijos y abuela, en una entrevista telefónica.

La cancillería dijo que los cuerpos siguen en Estados Unidos y que su repatriación tardaría unos 15 días.

Cada vez es más difícil para los migrantes de El Salvador, Guatemala y Honduras llegar a Estados Unidos por las medidas del Gobierno del presidente Donald Trump para frenar el flujo migratorio.

El Limón es un poblado rural en el departamento de Valle, donde la gente vive en su mayoría de cultivar maíz, frijoles y sorgo, y que ha sido golpeado por sequías que causan la pérdida de cosechas en el paupérrimo sur hondureño, desde donde históricamente sale la mayor migración hacia Estados Unidos.

“Ella me dijo: ‘me voy a ir con el niño’ y yo le dije: ‘ya que te lleva tu esposo, pues ándate. Que Dios te cuide’”, narró Delia.

Idalia, quien fue guiada por un “coyote”, iba a reunirse en Estados Unidos con su esposo, Elmer Córdova, que tres meses atrás había viajado con dos de sus hijas, de cinco y siete años, huyendo de la pobreza en Honduras, según el relato de Hernández, quien dijo que su yerno estaría en Carolina del Norte.

El hombre había trabajado como barbero en su pueblo, oficio que ejercía en su casa construida con palos y lodo y asentada en la aldea de poco más de 30 humildes viviendas.

“Iban a estar juntos con su esposo y sus hijos en los Estados Unidos. Ahora no sé qué voy hacer sin mi hija y mi nieto muerto. Que Dios me dé fuerzas para salir adelante”, dijo la mujer que contó que vive del maíz y los frijoles que siembra su esposo en tierras alquiladas.

“Aquí no hay trabajo, no hay nada”, se quejó Hernández, mientras narraba cómo había perdido recientemente la cosecha por la sequía.

Centenares de personas salen de Honduras semanalmente buscando llegar a Estados Unidos, pero sin la documentación requerida. El pequeño país centroamericano está azotado por la pobreza, la falta de empleos y la violencia de pandillas que extorsionan a la población.

Información de Gustavo Palencia; Editado por Sharay Angulo y Diego Oré

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