5 de abril de 2010 / 10:50 / hace 8 años

REPORTAJE ESPECIAL-Máquinas rápidas, genes y futuro de medicina

Por Maggie Fox, Julie Steenhuysen y Ben Hirschler

WASHINGTON/CHICAGO/LONDRES, 5 abr (Reuters) - Francis Collins, quien ayudó a trazar el mapa del genoma humano, no tuvo la oportunidad de hacer analizar sus propios genes hasta el pasado verano. Y se sorprendió con lo que descubrió.

Collins tiene una predisposición a la diabetes de tipo 2, algo que nunca había sospechado. Este desgarbado ex director del Instituto Nacional de Investigaciones del Genoma Humano (NHGRI por su sigla en inglés) lo descubrió a través de análisis que ofrecen Navigenics, 23andMe y DecodeMe, compañías que cobran a los clientes unos cientos de dólares por analizar su composición genética.

“Probé las tres porque quería ver si me daban la misma respuesta”, dijo. “Todas coincidieron en que mi riesgo de diabetes es alto”, agregó.

Conociendo esa información, perdió más de 11 kilos de peso. Pero en general, no considera que esas pruebas sean especialmente útiles, al menos no todavía.

“La verdad es que ahora mismo la historia familiar de uno puede ser la mejor opción y no cuesta nada”, comentó.

Y lo mismo ocurre con el incipiente campo del genoma humano.

Algunos expertos dicen que el mundo está al borde de una “edad de oro” en materia de genómica: creen que un análisis del código del ADN desvelará nuestra propensión al cáncer, la diabetes y la enfermedad cardíaca y pronosticará qué medicamentos pueden funcionar en cada paciente.

No obstante, el Proyecto del Genoma Humano, que tiene un valor de 3.000 millones de dólares y cuya primera fase fue terminada hace una década, no ha dado lugar a un solo diagnóstico o producto exitoso.

Pero se han registrado algunos indicios alentadores:

- Un análisis de sangre personalizado puede determinar si el cáncer en un paciente se ha propagado o ha reaparecido. El equipo del doctor Bert Vogelstein, de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, halló segmentos de ADN en tumores de colon y mama con copias adicionales de ADN, o cromosomas fusionados entre sí.

- Un análisis genético llamado Oncotype DX, realizado por Genomic Health, ayuda a identificar a las pacientes con cáncer de mama que no responderán favorablemente a la quimioterapia.

- El doctor James Lupski, de la Escuela de Medicina Baylor, en Houston, estudió su propio mapa completo de ADN y secuenció los genomas de integrantes de su familia -incluyendo el de su difunto abuelo- para diagnosticar la mutación que está causando su extraña afección genética nerviosa, llamada síndrome Charcot-Marie-Tooth.

- Los análisis genéticos ahora pueden detectar a los pacientes que peor responden al Plavix, o clopidogrel, un anticoagulante común que salva vidas y es producido por Sanofi-Aventis SA (SASY.PA) y Bristol- Myers Squibb Co (BMY.N).

De todos modos, Collins cree que es una oportunidad a corto plazo y un trabajo difícil que acaba de comenzar.

En un sentido, el campo es víctima de su propio éxito. Las compañías están bajando el precio de la secuenciación genética, compitiendo por fabricar la máquina que todo laboratorio de biotecnología tendrá como equipamiento estándar para secuenciar el genoma de una persona en un instante.

Pero esta tendencia está creando lo que el actual director del NHGRI, el doctor Eric Green, denomina un “tsunami de información” que está sobrecargando los cerebros de los científicos y la capacidad de los ordenadores.

Paradójicamente, esto refleja el hecho de que la gente tiene relativamente pocos genes reales, las extensiones de ADN que instruyen a una célula para que produzca una proteína, o lo que Green denomina la “estructura física”.

Los humanos tienen sólo 20.500 de ellas, comparado con los 30.000 de los ratones y los 50.000 del arroz. Esa fue una de las grandes sorpresas del Proyecto del Genoma Humano.

En consecuencia, gran parte de la información más importante se encuentra en lo que solía llamarse “ADN basura”, que compone dos tercios del código genético humano.

“Existe una materia oscura en el genoma que está merodeando, esperando por ser descubierta”, dijo Collins.

BANCO BIOLÓGICO

Una parte de la búsqueda comienza en un edificio no identificado en el oeste de Londres, donde voluntarios hacen fila para desvelar sus secretos más íntimos. Si bien muchos han donado sangre con anterioridad, esta vez van a donar su ADN e historial médico, tanto pasado como futuro, a un gran experimento que los seguirá hasta la tumba.

Suena a algo orwelliano. Sin embargo, los voluntarios que se están inscribiendo en el Banco Biológico británico, que cuenta con el apoyo del Gobierno y el Wellcome Trust, están interesados en participar en algo que podría ayudar a sus hijos y nietos.

Este grupo, de entre 40 y 69 años, fue elegido porque no pasará mucho tiempo antes de que empiece a desarrollar condiciones interesantes como cáncer, artritis, diabetes, afección cardíaca y demencia.

Hasta ahora se han apuntado unos 450.000 británicos, que dieron su consentimiento para que se secuencie su ADN y se realice un seguimiento de su salud, de forma anónima, por medio del Servicio Nacional de Salud.

La meta de 500.000 debería ser alcanzada hacia julio, tiempo en el cual la gigante instalación de congelamiento del proyecto en el norte de Inglaterra tendrá el equivalente a dos camiones cisterna de muestras de sangre congeladas.

El doctor Rory Collins, principal investigador, dice que sólo mediante un muestreo tan grande los científicos pueden descubrir cómo los factores del estilo de vida interactúan con una larga lista de raras variantes genéticas para causar las enfermedades comunes.

“Si se busca el efecto de muchas y muchas variantes genéticas diferentes que producen modestos efectos e interactúan con muchos factores no genéticos, hay que llevar a cabo estudios muy, muy grandes”, dijo. “Sólo desde hace poco la tecnología permite que se hagan estos experimentos”, agregó.

China, Suecia y otros países también han creado bancos genéticos, pero el británico es el más exhaustivo en cuanto al número de factores estudiados. Los organizadores esperan que vaya más allá de lo logrado por los primeros bancos, como uno en Islandia que ayudó a crear la firma de búsqueda de genes Decode Genetics.

Trabajando en un edificio de cristal y acero en las afueras de Reikiavik, científicos de Decode han sazonado la literatura científica con informes de las variantes comunes en el ADN vinculadas con la esquizofrenia, el cáncer y otras enfermedades explorando la herencia genética del país, que ha cambiado poco desde que los vikingos llegaron hace más de 1.000 años.

Entender algunas de las piezas del rompecabezas genético, sin embargo, no fue suficiente para apuntalar el debilitado negocio de Decode y la compañía que cotizaba en el Nasdaq se declaró en quiebra en noviembre pasado. Volvió a emerger como una empresa privada en enero.

Decode fue una de las tantas empresas biotecnológicas que se subieron a la primera ola de la genómica, ofreciendo las herramientas tecnológicas necesarias para comprender los nexos entre los genes y las enfermedades. Muchas se quedaron en el camino después de unos pocos años, pero no todas.

Human Genome Sciences HGSI.O es una de las que finalmente parece estar lista para ser líder. Sus acciones se han disparado desde el año pasado, cuando informó de datos inesperadamente contundentes de un ensayo de su medicamento experimental para el lupus, Benlysta.

Las acciones de la compañía llegaron a cotizar a un mínimo de 45 centavos en marzo del año pasado, ahora rondan los 30 dólares. Si el fármaco, que está siendo desarrollado en conjunto con GlaxoSmithKline Plc (GSK.L), es aprobado, sería el primer nuevo tratamiento para el lupus, una enfermedad grave del sistema inmunológico, en más de 50 años.

Pero tales triunfos son inusuales y los inversores se mantienen cautos ante los laboratorios de fármacos biotecnológicos que sobredimensionan la promesa de la genómica. La mayoría de los nuevos medicamentos tienen por delante un riesgoso camino de 10 a 15 años hasta llegar al mercado.

De hecho, la década pasada ha resultado ser la peor en la historia de la industria farmacéutica, con una escasez de nuevos medicamentos y una caída sin precedentes de los vencimientos de patentes.

“No hay duda de que la gente se ha sentido estafada y que el entusiasmo ha disminuido considerablemente”, reconoció el director de genética de Glaxo, Lon Cardon.

El problema para las compañías de medicamentos e inversores es que un mayor conocimiento ha traído aparejado una mayor complejidad, lo que frustró las esperanzas iniciales de obtener remedios relativamente simples para enfermedades complejas.

Pero ahora Cardon ve un punto de inflexión posibilitado por la caída de los costos y la mayor rapidez de la secuenciación y los claros progresos en el área de una enfermedad clave: el cáncer.

GENES Y CANCER

Para muchos pacientes con cáncer, un gran temor es que su cirujano haya pasado algo por alto y su cáncer vuelva a crecer. El único modo de saberlo ahora es esperar hasta que los tumores sean lo suficientemente grandes para ser detectados por máquinas de diagnóstico por imágenes.

Pero eso podría cambiar pronto. Un análisis genético que puede examinar la sangre de un paciente en busca de pequeñas porciones de ADN derramadas por tumores podría dar a los médicos una advertencia temprana de que quizás hayan pasado algo por alto.

“Eso sólo se ha vuelto posible gracias al advenimiento de la denominada tecnología de secuenciación de nueva generación”, dijo Vogelstein, de la Universidad Johns Hopkins, que además está desarrollando el análisis de sangre.

La prueba aprovecha los rápidos avances tecnológicos para secuenciar los genomas completos. Las últimas máquinas de compañías como Illumina Inc (ILMN.O) y Life Technologies Corp (LIFE.O) pueden hacer un mapa de todo el código de ADN de un paciente en sólo semanas por tan sólo 5.000 dólares, bastante lejos de los 13 años y 3.000 millones de dólares que le llevó a Collins y a sus colaboradores internacionales obtener el primer genoma humano.

Vogelstein dijo que la rápida disminución del coste de la secuenciación del genoma implica que el análisis de sangre podría llegar al mercado en dos años. Antes de que sea tarde, todos los pacientes con cáncer podrían someter sus tumores a un análisis para detectar los defectos genéticos que causan su crecimiento.

“El cáncer tal vez sea la mejor enfermedad para realizar estas primeras experiencias”, dijo el genetista de la Escuela de Medicina de Yale Richard Lifton. “La razón es que sabemos que el cáncer en gran medida es una enfermedad de los cambios de la secuencia del ADN”, agregó.

Matthew Meyerson del Dana-Farber Cancer Institute y el Broad Institute of Harvard en el Massachusetts Institute of Technology dijo estar impresionado por el cambio. “La primera secuenciación de un gen canceroso fue conocida en 2008. El año pasado se hicieron probablemente 100. Tal vez haya otros cientos o incluso miles este año”, dijo.

Lifton estima que dentro de los próximos dos años, científicos contarán con la secuencia genética de todos los cánceres humanos importantes. “Muchos de estos identificarán nuevos genes que anteriormente no sabíamos que desempeñaban un rol en el cáncer”, dijo. “Algunos resultarán blancos increíblemente importantes para nuevos fármacos”, señaló.

O para nuevos análisis, como sugirió Collins. “Si acabas de descubrir la base molecular de una enfermedad rara, puedes convertirla en una (prueba)”, comentó.

Una nueva industria está emergiendo para ayudarlos a llegar a esa instancia y su moderno equipamiento está sorprendiendo a los científicos.

TECNOLOGÍA ENCOGIDA

El doctor Eric Green nunca había visto nada por el estilo. En una reunión en febrero de lo que él denomina “fanáticos de la secuenciación” en Marco Island, Florida, una pequeña empresa emergente llamada Ion Torrent estaba exhibiendo el funcionamiento de su nuevo secuenciador de ADN.

“Es del tamaño de una impresora de computadora”, dijo. “Ellos estaban secuenciando en una habitación de hotel”, agregó. Esto fue una sorpresa para los investigadores, quienes habían usado habitaciones del tamaño de un campo de fútbol llenas de secuenciadores para el genoma humano original.

Green dijo que su instituto había destinado algunos fondos a Guilford, Connecticut, e Ion Torrent con sede en San Francisco para su secuenciador de 50.000 dólares.

“Esto puede que sea un fracaso completamente estrepitoso”, reconoció Green. Pero él y otros estuvieron intrigados por el compacto sistema de la compañía para detectar moléculas individuales de hidrógeno como una forma de secuenciar el código A, C, T, G del ADN.

En otra habitación estaba el secuenciador de Pacific Biosystems con un valor de 750.000 dólares y del tamaño de una mesa de conferencias.

“No es el lejano oeste”, dijo Green. “Esto es algo emblemático de lo que está pasando en el campo ahora, no con una, dos, tres o cuatro sino con múltiples tecnologías”, añadió.

Están haciendo lo que las compañías y los investigadores quieren y los precios están disminuyendo. “Aquí hay una mezcla de ciencia y negocios”, dijo Green. “Es impresionante, es lo que está sucediendo”, agregó.

Si la secuenciación del genoma humano va a transformar la medicina, deberá ser rápida y fácil de hacer. “Uno podría imaginar que adquirir una secuencia completa del genoma de un individuo algún día podría convertirse en el estándar de atención”, dijo Green.

“Lo que estas compañías están haciendo es dándonos a probar cómo será el futuro de la medicina”, agregó.

El doctor Richard Gibbs, quien dirige el Centro del Genoma Humano de la Escuela de Medicina Baylor en Houston, dijo que había unas 20 ó 30 diferentes compañías de secuenciación ensayando cosas nuevas.

Los científicos esperaban tener que darles tiempo a estas máquinas para que produzcan avances reales, pero las de Illumina y Life Technologies están generando tantos datos y los precios están cayendo tan rápidamente que es probable que estas sean las que transformen la medicina.

“Las cosas actuales están teniendo un rendimiento tan bueno que están superando las cifras mencionadas por las compañías de la nueva generación”, dijo Gibbs.

El presidente ejecutivo de Illumina, Jay Flatley, dijo que el almacenamiento y análisis de los billones de porciones de datos generados por sus máquinas probablemente constituya el mayor obstáculo futuro para las compañías de secuenciación.

Collins confía en que pueden lograrlo.

“No vamos a toparnos con límites en lo inmediato”, dijo. “No se necesita violar ninguna ley de la física (...) Tendremos el genoma de los 1.000 dólares en unos pocos años. Con el tiempo será posible que las personas obtengan un genoma por 100 dólares”, agregó..

Los elevados gastos no están frenando a China, que está haciendo grandes avances en materia de genómica. El Instituto de Genómica de Pekín acaba de comprar 128 máquinas de Illumina y está empleando a 1.000 investigadores para que se concentren en enfermedades específicas en poblaciones asiáticas. Puede que ellos también encuentren nuevos mercados para medicamentos.

Fue detectado que la píldora para el cáncer de pulmón Iressa, o gefitinib, de AstraZeneca Plc funciona mucho mejor que la quimioterapia en personas del este de Asia cuyos tumores presentaban mutaciones específicas en genes para el receptor del factor de crecimiento epidérmico o EGFR. El descubrimiento salvó la medicina, que sólo funciona en aproximadamente un 10 a un 15 por ciento de los pacientes de cáncer de pulmón en Europa y que estaba por ser sacada del mercado.

“Gran parte de los estudios en genómica ha sido llevada a cabo sobre caucásicos radicados en Europa o en Estados Unidos y sólo estamos empezando a comprender aproximadamente lo aplicables son estos hallazgos para las poblaciones mundiales o asiáticas”, dijo Martin Hibberd del Instituto del Genoma en Singapur.

ANALIZA ESTO

Nada de esto significa que la gente debe apurarse por hacerse analizar su ADN por compañías como 23andMe y DecodeMe.

“Dudaría de llamarlas una estafa”, dijo Frances Flinter, un miembro de la Comisión de Genética Humana de Gran Bretaña que está coordinando un grupo de trabajo internacional en función de las nuevas pautas.

“Algunas de las compañías que ofrecen estos análisis están tratando con mucho esfuerzo de desarrollar algo que tenga alguna validez científica. Pero en este momento no existe conocimiento científico capaz de demostrar que son útiles”, agregó.

El grupo de trabajo de la Comisión de Genética Humana -que además incluye a miembros de Decode de Islandia y Navigenics de California- dice que las firmas deberían asegurar a los compradores la comprensión de lo que están haciendo y cuál podría ser el resultado de las acciones.

El borrador de las pautas, que deberá ser revisado para fin de año, sugiere además que las firmas sólo deberían ofrecer pruebas para condiciones incurables como las enfermedades de Huntington o Parkinson con un asesoramiento sobre el “antes y el después”, y en otras instancias, “dejar claro las limitaciones (...) y los roles relativos de la composición genética y el estilo de vida”.

“Para la gran mayoría de las personas, las decisiones sobre el estilo de vida probablemente tengan un impacto mucho mayor sobre su salud”, dijo Flinter, un consultor en genética clínica.

Collins está de acuerdo. Después de todo, las principales causas de muerte en el mundo desarrollado -cáncer, afección cardíaca, accidente cerebrovascular, diabetes- pueden todas ser evitadas en gran medida con ejercicio, evitando el tabaco y comiendo menos grasa y azúcar y más frutas y vegetales.

Aún así, en su familia nadie tenía diabetes.

“Todo el mundo en mi familia es delgado y atlético así que tal vez estuvieron combatiendo sus riesgos genéticos por medio de elecciones individuales de conducta”, expresó.

“No estaba tan delgado y atlético cuando recibí los resultados de estos análisis el verano pasado y ésto me hizo prestar atención a algo a lo que le debería haber prestado atención hace mucho”, agregó Collins.

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