June 10, 2020 / 11:36 AM / a month ago

COLUMNA-Los bancos centrales no pueden dar un paso atrás ahora - Por Mike Dolan

LONDRES, 10 jun (Reuters) - Tras haber inflado una vez más sus balances con el fin de mantener a raya los costes de los préstamos a largo plazo durante la pandemia, los bancos centrales se enfrentan ahora al enigma de cómo mantener asequible el fuerte aumento de la deuda de los Estados y las empresas en un momento en el que los mercados comienzan a anticipar la recuperación.

La forma en que gestionen esta próxima etapa de la crisis definirá la relación futura entre los bancos centrales, operativamente independientes, y los Gobiernos, una línea que a menudo se ha desdibujado durante la última década pero que muchos consideran que ahora podría disolverse por completo.

Un ligero repunte en los rendimientos del Tesoro durante la semana pasada ha puesto la reunión del miércoles de la Reserva Federal en el punto de mira de los mercados, añadiendo presión sobre el banco central de EEUU para que ponga coto de alguna forma a este movimiento, ya sea con comentarios o con acciones.

Muchos bancos centrales ya han llevado los tipos de interés a cero o incluso a niveles negativos y parecen reacios a seguir en esa dirección, por lo que han puesto su atención en comprar cada vez más bonos para mantener bajos los costes de la deuda a largo plazo, que se conoce como “control de la curva de rendimientos”.

Y para muchos, la suerte ya está echada.

“Estamos en un régimen de política monetaria ‘blanda’ inspirado en la Teoría Monetaria Moderna (TMM)”, dice Thomas Costerg, economista de Pictet Wealth Management, en referencia a una controvertida postura que considera que los bancos centrales pueden y deben apoyar la inversión estatal limitando los tipos de interés en ausencia de inflación.

“La hiperinflación solo será un riesgo si la Reserva Federal pasa a una TMM ‘pura’ -lo que incluiría poner a la Reserva Federal bajo el control directo de la Casa Blanca-, pero vemos ese escenario como poco probable”.

Los mercados están dando por sentado que los bancos centrales del G4, es decir, Estados Unidos, la zona euro, Japón y Reino Unido, ampliarán sus balances en más de 12 billones de dólares, o cerca del 30% de su producto interior bruto (PIB) conjunto, para finales del próximo año.

Sin embargo, ante unas tímidas señales de recuperación por los síntomas de reactivación del mercado laboral de Estados Unidos el mes pasado, los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años sumaron 30 puntos básicos en una semana, hasta llegar a un 0,95%, para después estabilizarse. El optimismo del mercado también hizo que la brecha de rendimiento entre los bonos del Tesoro a dos años y lo de a 10 años subiera 20 puntos básicos.

LAS ACCIONES, A MERCED DEL NUEVO RÉGIMEN

Muchas economías aún no han recuperado ni siquiera el 50% de su actividad prepandémica. Pero la mayoría de los principales mercados de acciones ya han recuperado más del 80% de las pérdidas sufridas por la conmoción del coronavirus a partir de febrero.

Esta apuesta por la renta variable depende de un rápido retorno al crecimiento en paralelo a los desconfinamientos. Pero también supone que los tipos de interés de referencia han profundizado aún más su tendencia a la baja de los últimos 30 años y no volverán a subir pronto si se quiere que las montañas de deuda pública contraídas para luchar contra el virus sean sostenibles en el futuro.

Gracias en gran parte a la Reserva Federal, el tipo de interés promedio de toda la deuda del Tesoro de Estados Unidos cayó 44 puntos básicos entre enero y mayo, alrededor de 2 puntos porcentuales por debajo de donde se encontraba en los más profundo de la caída de 2008. Todo ello a pesar de que la deuda neta de EEUU como proporción del PIB ha subido en más de 30 puntos hasta superar el 100% durante la década.

Y a pesar de la breve sacudida en marzo, antes de que la Reserva Federal interviniera, la caída de los costes de los préstamos en dólares para las compañías con calificación crediticia doble A ha sido aún más pronunciada: 80 puntos básicos desde enero y 6 puntos porcentuales enteros en 10 años.

La caída de los tipos de la deuda “libre de riesgo” y de los rendimientos de los bonos corporativos en la última década -y nuevamente este año- ha sido un poderoso factor en los modelos de valoración de acciones, que aplican tipos reducidos para calcular el valor neto actual.

No obstante, si se permite que los mercados de bonos de referencia se reequilibren de forma natural a medida que se afianza la recuperación, se podría poner en peligro la reactivación misma, ante un nuevo endurecimiento de las condiciones financieras y el regreso del optimismo de los inversores en bolsa a la casilla de partida.

Los economistas de Oxford Economics dijeron el martes que los activos de riesgo no están preparados para un “shock” en los tipos de interés.

“Un movimiento brusco de aumento de los rendimientos reales ante ventas causadas por una rabieta serán particularmente malas para el mercado estadounidense, donde pesan mucho los valores de crecimiento”, escribieron, refiriéndose a la “rabieta crónica” que elevó los rendimientos en el mercado cuando la Reserva Federal redujo las compras de activos en 2013.

Sin embargo, aunque la Reserva Federal no anuncie objetivos formales de curvas de rendimiento el miércoles, muchos inversores están dando por sentado que eventualmente tendrá que hacerlo o prepararse para otra tormenta.

“El territorio inexplorado en el que han entrado los dirigentes monetarios hace que la ejecución de las políticas monetarias sea particularmente importante”, dijo el gestor de activos BlackRock a sus clientes esta semana. Un aspecto clave de esta revolución monetaria, según BlackRock, es “la explícita difuminación de las políticas fiscales y monetarias, incluyendo la absorción por parte de los bancos centrales de nueva deuda pública para mantener bajos los rendimientos de los bonos”.

(El autor es un colaborador de finanzas y mercados de Reuters News. Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor)

Por Mike Dolan, editado por Catherine Evans; traducido por Tomás Cobos Twitter: @reutersMikeD

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