May 11, 2020 / 12:25 PM / 25 days ago

ANÁLISIS-La incertidumbre del virus arrebata a los bancos centrales la esperanza de pronósticos precisos

WASHINGTON/TOKIO, 11 may (Reuters) - Los dirigentes de los bancos centrales que han pasado una generación investigando cómo influyen sus palabras en la economía y han perfeccionado el arte de dar orientaciones futuras sobre sus decisiones, se ven ahora enmudecidos en la práctica por una crisis sanitaria que no tiene aún una dirección clara que permita ofrecer perspectivas a hogares e inversores.

Los mensajes enviados por los bancos centrales de Washington y Tokio, que han incluido amplias promesas de apoyo para los años venideros, no han sido muy precisos en cuanto a qué va a suceder o cuándo, con todo un repertorio de posibles evoluciones para las próximos seis meses que va desde una depresión hasta una rápida recuperación.

La situación es lo contrario de lo que un creciente volumen de estudios dice que los bancos centrales deben hacer en una crisis, y se trata de algo que la Reserva Federal, en concreto, podría tratar de corregir en las próximas semanas al entrar en una nueva fase su respuesta a la pandemia.

Según la estrategia anticrisis que se estaba gestando en la Reserva Federal durante el año pasado, en dicha próxima fase habría declaraciones más específicas sobre el alcance de iniciativas como la compra de bonos, sobre cómo esas compras se relacionan con los esfuerzos para mantener más bajos los tipos de interés a largo plazo, y sobre qué tiene que pasar a una estratosférica tasa de desempleo para el banco central comience a plantearse la posibilidad de echar el freno.

Los analistas creen que el cambio de la Reserva Federal puede comenzar ya en la reunión del próximo mes, aunque los dirigentes por ahora han dicho que el panorama es demasiado incierto para permitir o exigir planes precisos.

“Una vez que tengamos una mejor idea de cómo son las perspectivas, de cómo se estabilizará la tasa de desempleo una vez que llegue a su punto máximo y luego vuelva a bajar, entonces estaremos mejor posicionados” para ofrecer más dirección sobre el futuro camino de la política monetaria, dijo a periodistas la semana pasada el presidente de la Reserva Federal de Chicago, Charles Evans. “Tenemos tiempo para pensar en ello”.

La semana pasada, los dirigentes monetarios pudieron observar las primeras consecuencias económicas de la pandemia, ya que la tasa de desempleo de Estados Unidos alcanzó el 14,7%, superando el pico de la Gran Recesión de 2007 a 2009. Fue el primer mes completo que recogió el impacto en el desempleo de los confinamientos impuestos en marzo.

Este informe de empleo también proporciona una referencia para el debate entre los altos mandos de la Reserva Federal sobre qué decir más allá de su promesa actual de que su tipo de interés de referencia se mantendrá cerca de cero hasta que estén “seguros de que la economía ha capeado los recientes acontecimientos”.

Otros bancos centrales importantes han sido igualmente genéricos en sus comunicaciones recientes, ofreciendo variaciones de la ya conocida promesa de “hacer lo que sea necesario” para superar la crisis.

En Japón, el compromiso ha consistido en mantener los tipos de interés bajos o en descenso hasta que pase la pandemia. El gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, fue más allá al decir recientemente que “no tendrá claro por cuánto tiempo se mantendrán los tipos bajos o habrá recortes”, porque el camino de la pandemia sigue siendo muy incierto.

Mientras tanto, el Banco de Inglaterra se desvió del esfuerzo inicial del anterior gobernador Mark Carney de vincular los aumentos de los tipos a la tasa de desempleo -una estrategia que los analistas han encontrado que es una dirección eficaz-, recurriendo en su lugar al lenguaje más genérico y vago de la era de la pandemia.

“Sea cual sea la evolución de las perspectivas económicas, el Banco actuará según sea necesario”, dijo el nuevo gobernador Andrew Bailey la semana pasada.

Incluso el Banco Central Europeo, donde la acumulación de nuevos programas en los últimos años ha construido quizás la estructura de política monetaria más elaborada entre los principales bancos centrales, con un largo listado de orientaciones a futuro, ha tenido que cubrirse las espaldas en materia de expectativas.

Un crítico programa de compra de bonos iniciado en respuesta a la crisis seguirá en marcha hasta que el consejo de gobierno del BCE “juzgue que la fase de crisis del coronavirus ha terminado”, un criterio que puede resultar difícil de evaluar y que puede variar entre los países de la zona euro.

IMPRECISIÓN NO DESEADA

La falta de precisión se considera necesaria dado el impredecible camino de una crisis sanitaria que al principio fue minimizada por los responsables de los bancos centrales como poco más que una interrupción a corto plazo... hasta que les golpeó de lleno y en cuestión de semanas precipitó la economía mundial hacia una recesión.

Estudios realizados en los últimos años, incluidos documentos que la Reserva Federal encargó como parte de una revisión del marco de la política monetaria, recomendaban algo muy distinto: que la política monetaria funciona mejor en una crisis cuando los dirigentes vinculan las promesas de tipos bajos u otras acciones a la consecución de objetivos específicos como la reducción del desempleo a un nivel establecido.

Aún más eficaz resulta que esas declaraciones estén vinculadas a herramientas como la compra de bonos para mantener bajos los tipos de interés a largo plazo, incluso aunque el nivel de los préstamos de referencia de la Fed ya se haya reducido a cero, como ocurrió en marzo.

La combinación de una orientación específica de cara al futuro y el compromiso de compras de bonos a gran escala “puede compensar en gran medida” los límites a los que se enfrentan los bancos centrales cuando reducen los tipos a cero, dijo el expresidente de la Reserva Federal Ben Bernanke en un discurso en enero.

Cuando un banco central reduce el tipo a corto plazo que controla, los tipos a largo plazo suelen caer también, lo que hace más barato comprar coches y casas y, por tanto, estimula la economía. Sin embargo, una vez que los tipos a corto plazo llegan a cero, si se necesita un mayor estímulo, los responsables de los bancos centrales deben experimentar con tipos negativos, como han hecho Japón y Europa, o utilizar herramientas como la compra de bonos, como ha preferido la Reserva Federal, para contener los tipos a largo plazo.

Aunque la Reserva Federal ha reanudado la compra de bonos, no la compara con la “flexibilización cuantitativa” utilizada en la última crisis.

El objetivo de los aproximadamente 2,5 billones de dólares en valores comprados desde mediados de marzo ha sido principalmente mantener en funcionamiento el mercado global de la deuda de Estados Unidos.

El primer giro en el lenguaje de la Fed puede llegar por ahí, precisando que está comprando bonos no solo para mantener en marcha las ruedas del mercado, sino para proporcionar estímulos con unos tipos de interés más bajos y fomentar así una recuperación que espera sea robusta.

“Esa es otra herramienta que podríamos usar en el futuro: comprar bonos del Tesoro a largo plazo para proporcionar más estímulo”, dijo el presidente de la Reserva Federal de Minneápolis, Neel Kashkari, en un evento por internet la semana pasada. “Una vez que empecemos a salir de esto, queremos tener una recuperación tan robusta como podamos”. (Información de Howard Schneider en Washington y Leika Kihara en Tokio; información adicional de Balazs Koranyi en Fráncfort, William Schomberg en Londres y Ann Saphir en San Francisco; traducido por Tomás Cobos)

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