November 2, 2018 / 11:09 AM / 12 days ago

ANÁLISIS-La izquierda brasileña trata de reconstruirse ante el giro a la derecha del país

SAO PAULO, 2 nov (Reuters) - La victoria del candidato presidencial de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, resultó un duro golpe para el Partido de los Trabajadores, que tiene que buscar ahora el camino de la reconstrucción.

Después de definir la política brasileña durante gran parte de las últimas dos décadas, el partido aún lo dirige —desde la cárcel— su fundador de 73 años, está amenazado por las divisiones internas y concentra su poder en una región lejos del centro del poder económico.

El daño va más allá del varapalo electoral que sufrió el candidato presidencial del partido, Fernando Haddad, quien perdió por un margen de 10 puntos porcentuales en las elecciones del domingo.

Para millones de brasileños, el PT, como se conoce al Partido de los Trabajadores, se ha convertido en sinónimo de corrupción y mala gestión. Durante los mandatos del PT en los últimos años, vio la luz el mayor escándalo de sobornos en la historia de la nación y se produjo la peor recesión económica desde la Gran Depresión. También ha explotado la delincuencia en las calles.

La reacción ha sido severa. El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, a quien Barack Obama una vez llamó “el político más popular en la Tierra”, se encuentra en una celda en la cárcel, cumpliendo una condena de 12 años por corrupción y blanqueo de capitales. Su sucesora, la expresidenta Dilma Rousseff, que fue designada por el propio Lula, fue acusada de falsificar las cuentas públicas.

El enfado se tradujo en apoyo a Bolsonaro, que logró un número considerable de votos entre los trabajadores de bajos ingresos, los afrobrasileños y estudiantes universitarios que durante mucho tiempo fueron los principales partidarios del PT. El polémico capitán del Ejército aprovechó esta indignación y prometió mano dura con la delincuencia, ya sea en las calles o en los pasillos del Congreso.

De hecho, incluso votantes a los que inquietaba Bolsonaro —que instó a la policía a disparar a matar y se ha comprometido a encarcelar o expulsar a sus enemigos políticos del país— lo eligieron como fórmula para evitar que el PT regrese al poder.

El icono del hip-hop brasileño Mano Brown criticó a los líderes del partido por perder el contacto con los votantes en un concierto-mitin de PT en Río de Janeiro, solo unos días antes del castigo electoral del domingo pasado.

“No hay motivo alguno para la celebración”, dijo Brown al público, entre el que se encontraban —atónitos— el propio Haddad y los músicos Caetano Veloso y Chico Buarque. “Si no puedes hablar el idioma de la gente, vas a sufrir una gran derrota”.

‘PROYECTO DE PODER’

La corrupción en la política brasileña existía mucho antes de que se formara el PT en 1980 para unir a trabajadores, artistas e intelectuales sindicales con el fin de contribuir al fin de la dictadura brasileña de 1964-1985.

Todos los grandes partidos políticos del país, no solo el PT, están implicados en la llamada investigación de la Operación Lavado de Automóviles que acabó atrapando a Lula. Los leales al PT dicen que él y Rousseff fueron víctimas de un “golpe de estado” de derecha con el que se pretendía desacreditar a sus líderes y deshacer unos programas sociales que sacaron a millones de personas de la pobreza y dieron un lugar en la mesa a las minorías.

Pero también hay incondicionales del PT que admiten que su ascenso de la oposición al Gobierno hizo que perdiera el contacto con sus raíces. El mercadeo de intereses en la capital, Brasilia, se convirtió en algo primordial para que el partido permaneciera en la cima, según Carlos Alberto Libanio Christo, un sacerdote católico y miembro fundador del PT, conocido en Brasil como Frei Betto.

“Gradualmente, el PT cambió su proyecto para Brasil a favor de un proyecto de poder”, dijo Frei Betto, quien pasó cuatro años en prisión durante la dictadura. “El partido desapareció del campo y de los barrios pobres del extrarradio”.

Otro gran desafío importante es la presencia imponente de Lula, quien aún mueve los hilos desde la cárcel.

Lula, al que se le impidió presentarse como candidato debido a sus condenas por delitos graves, dio su respaldo a Haddad, exalcalde de Sao Paulo, como sustituto, una táctica que fracasó estrepitosamente.

Los leales a Lula, incluido Washington Quaquá, dirigente del PT en el estado de Río de Janeiro, siguen apoyando a Haddad a pesar de su rotunda derrota.

“Haddad salió de esta elección como un gran líder”, dijo Quaquá. “Surgió con la altura necesaria para ser nuestro líder nacional”.

Pero una facción militante del PT está presionando para elegir a un líder más agresivo. Algunos se quejan de que Haddad, un educado catedrático de ciencias políticas de la elitista Universidad de Sao Paulo, no es lo suficientemente duro como enfrentarse a Bolsonaro.

Gleisi Hoffman, presidenta actual del partido, se había resistido a poner a Haddad como cabeza de lista electoral hasta que Lula la llamó al orden, según miembros del partido conocedores del debate interno.

EN BUSCA DE LA SALVACIÓN

Las noticias para el PT no son del todo desalentadoras.

El partido fue el que más escaños obtuvo en la cámara baja el domingo. También se hizo con cuatro estados, más que cualquier otro partido, aunque todos se concentraron en el pobre noreste de Brasil, un bastión tradicional del PT.

Después de que se disipe la contundente victoria de Bolsonaro, el PT se unificará y asumirá su papel de líder de la resistencia, con Haddad al mando, cree Alberto Almeida, fundador de Brasilis, una firma de análisis político y social en Sao Paulo.

“Después de todo, ganó 45 millones de votos”, dijo Almeida.

Este analista considera que la misión del PT será enfrentarse al mayor desafío desde el regreso a la democracia hace tres décadas: combatir a un “líder de extrema derecha”.

“De esa manera, el papel del PT es similar al que los demócratas en Estados Unidos tienen con Trump”, dijo Almeida.

Así lo expresó el mismo Haddad en su discurso tras la derrota electoral en Sao Paulo, donde lanzó un grito de guerra para vencer el desaliento en el partido.

“Todos los que estamos aquí, que hemos contribuido a construir una de las democracias más grandes del mundo, debemos mantenerla frente a las provocaciones y amenazas”, dijo Haddad. “Tened coraje. La clave de la vida es el coraje”. (traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid)

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