May 28, 2017 / 11:44 AM / 8 months ago

ANÁLISIS-Los aliados europeos ven las dos caras de Trump

* Primera gira de Trump crea confusión entre sus aliados

* Sorprende su dura retórica sobre la OTAN y gestualidad viril

* Trump muestra deseo de buscar consensos en cumbre G7

Por Noah Barkin

TAORMINA, Italia, 28 may (Reuters) - En Sicilia, Donald Trump escuchó atentamente durante los complejos debates del G7 sobre el comercio y el cambio climático, sonrió para las cámaras y se abstuvo en gran medida de enviar tuits provocativos.

En Bruselas, criticó a los socios de la OTAN por no gastar más en defensa, empujó al primer ministro de Montenegro y reanudó sus ataques contra el superávit comercial de Alemania con Estados Unidos.

Los aliados de Estados Unidos fueron testigos de las dos caras de Trump en su primer viaje al extranjero como presidente de Estados Unidos, una gira de nueve días que comenzó con un baile de espadas en Arabia Saudita y vagas promesas en Israel de llevar la paz a Oriente Medio.

Mientras Trump se dirigía de vuelta a casa, los líderes europeos se quedaban con sentimientos encontrados: alivio por la paciencia que ha mostrado al escuchar sus argumentos e inquietud por una figura a lo Jekyll y Hyde que aún trata de encontrar su propio estilo en las grandes cuestiones políticas.

“Todo encaja con su visión estratégica de ambigüedad en la vida”, dijo Julianne Smith del Centro para una Nueva Seguridad Americana. “Puede hacer maravillas cuando se trata de adversarios, pero no funciona cuando se trata de aliados”, dijo.

Otros líderes del Grupo de los Siete afrontaban con temor la cumbre, celebrada en un hotel encima de un acantilado con vistas al Mediterráneo, tras cuatro reuniones preparatorias que no lograron despejar las diferencias con la administración Trump sobre las relaciones comerciales, el trato con Rusia y el cambio climático.

Al final, dijeron responsables, el resultado fue mejor de lo que habían temido.

El comunicado final reconoció una división entre Estados Unidos y sus seis socios en lo relacionado con el cumplimiento del acuerdo de París de 2015 sobre el cambio climático. Antes se había producido un debate con Trump que la canciller alemana describió como “muy insatisfactorio”.

Sin embargo, en cuestiones comerciales Trump se inclinó ante la presión de los aliados para mantener una promesa de luchar contra el proteccionismo. Y en el tema de Rusia, no insistió en eliminar -como algunos aliados habían temido- la amenaza de sanciones adicionales por la intervención de Moscú en Ucrania.

“Lo encontré muy dispuesto a participar, muy curioso, con capacidad y ganas de hacer preguntas y aprender de todos sus interlocutores”, dijo el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, anfitrión de la cumbre del G7.

EL “DESASTRE” DE LA OTAN

Aun así, hubo irritación ante la negativa de Trump de abrir la mano sobre el acuerdo de París para frenar las emisiones de carbono. Cerca del final de la cumbre, envió un tuit burlón en el que decía que tomaría una decisión al respecto la semana próxima. Las delegaciones de la cumbre se preguntarán por qué no pudo decidirse en Taormina.

Las críticas más duras se reservaron para la aparición de Trump en la sede de la OTAN en Bruselas, que fue calificada como un “desastre” por más de un responsable europeo.

Mientras los líderes de los países socios de la OTAN permanecían en pie detrás de él como colegiales, Trump los reprendió por no gastar más en defensa y repitió la acusación de que algunos miembros debían “cantidades masivas de dinero” de los últimos años, a pesar de que las contribuciones aliadas son voluntarias.

Y lo que es más inquietante para los aliados, Trump no reiteró personalmente su compromiso con el artículo 5, la doctrina de defensa mutua de la OTAN. Tampoco mencionó a Rusia, que sigue siendo la razón de ser de la OTAN ante los ojos de la mayoría de los europeos.

Fue un discurso que recordó el de la toma de posesión de Trump en enero, aparentemente escrito para su audiencia más radical en EEUU. “Orgulloso de que @realDonaldTrump les diga a los holgazanes de la OTAN que paguen o se callen”, dijo el exgobernador republicano Mike Huckabee.

La aparición de Trump en Bruselas fue particularmente dolorosa para los alemanes, que después de meses de estrechos contactos con Trump -incluida la invitación de Merkel a su hija Ivanka para una cumbre femenina del G20 en Berlín- se vieron atacados por él.

Antes de dirigirse a la OTAN, Trump criticó el superávit comercial de Alemania en una reunión privada con altos cargos de la Unión Europea.

“Si Trump realmente quiere ir por el camino de aislamiento, solo acelerará el ascenso de China a la cima”, refunfuñó un alto funcionario alemán.

GANADOR O PERDEDOR

Más allá de la retórica, el lenguaje corporal de Trump también confundió a sus anfitriones. El mandatario estadounidense apartó de un empujón al primer ministro montenegrino, Dusko Markovic, cuando los líderes de la OTAN entraron en la nueva sede de la alianza para una sesión de fotos.

Y se dio dos apretones de manos de macho alfa con el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, que pareció sacar la mejor faceta de Trump en ambas ocasiones.

La actitud de gallito en Europa contrastaba con las imágenes, unos días antes, de Trump y su equipo bailando, espada en mano, con los dirigentes de Arabia Saudí en una suntuosa ceremonia de bienvenida ofrecida por el rey Salman.

Resumiendo la gira el sábado, los asesores de Trump parecían más entusiasmados con el periplo saudí, donde logró un acuerdo de armas por 110.000 millones de dólares y forjó lo que un ayudante describió como un “vínculo personal” con el rey.

“El presidente fue capaz de lograr algunos de los acuerdos más increíbles que haya logrado cualquier administración”, dijo entusiasmado su asesor económico Gary Cohn.

Daniela Schwarzer, directora de investigación del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores en Berlín, dijo que el viaje había confirmado la visión de Trump de que para que unos ganen otros deben perder en el marco internacional y su idea de que las relaciones han de ser mutuamente beneficiosas.

“Su retórica y sus acciones sugieren que no considera una prioridad construir buenas relaciones estrechas con aliados que hasta ahora Estados Unidos había considerado como los más importantes”, dijo Schwarzer. (escrito por Noah Barkin; traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid)

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