24 de diciembre de 2015 / 7:44 / hace 2 años

REPORTAJE ESPECIAL-Exdueño de circo, figura clave para llevar trabajadores temporales a EEUU

Por Mica Rosenberg y Megan Twohey

COVINGTON, Virginia, 24 dic (Reuters) - Ya había pasado la medianoche cuando un autobús dejó a 20 trabajadores mexicanos cansados de viajar en las afueras de esta localidad de 6.000 habitantes.

Habían superado el proceso de migración y cruzado la frontera estadounidense después de pasar buena parte de tres días en la ruta para llegar a lo que sería su nuevo hogar durante los próximos seis meses: la feria itinerante llamada Cole Shows Amusement Company.

Sin importar cuántas horas trabajaran, cada uno de ellos ganaría 316.22 dólares semanales después de impuestos por ensamblar y desarmar las atracciones y hacer lo que fuera necesario para mantener la feria en funcionamiento.

Su nuevo jefe, R.C. Cole, los recibió mostrándoles los remolques con estrechos camarotes y sin ventanas en donde dormirían durante los próximos meses.

“¿Hay un foco aquí?”, dijo Cole con su voz profunda, subiendo y bajando infructuosamente el interruptor en uno de los cuartos. “¿No?, tendremos que poner un foco nuevo aquí”.

Cole puede encargarse de reparar esas cosas, pero él y otros 150 propietarios y concesionarios de ferias itinerantes en todo el país dependen de un especialista para encontrar trabajadores con visas que les permitan trabajar en Estados Unidos.

James Judkins, exdueño de un circo, conocedor de las necesidades de los shows itinerantes y que alguna vez fue malabarista, se ha convertido en el mayor proveedor de trabajadores mexicanos para esa industria de unos 500 millones de dólares anuales.

Él forma parte de un creciente grupo de operadores expertos en procurar visas y ayudar a empresas estadounidenses a encontrar mano de obra extranjera barata.

Las visas de trabajo temporal le permiten a cientos de miles de trabajadores mexicanos y de otros países viajar a Estados Unidos por algunos meses o años y luego volver a casa.

Políticos estadounidenses, tanto demócratas como republicanos, consideran que ese programa es una buena alternativa a los trabajadores indocumentados. Incluso el precandidato presidencial republicano Donald Trump tiene empresas que han empleado a trabajadores temporales extranjeros.

Pero los críticos argumentan que estos programas dejan a los empleados vulnerables a la explotación. Bajo el programa de visas H2B se puede contratar trabajadores para empleos temporales de baja capacitación que los estadounidenses no quieren y la supervisión gubernamental es mínima.

Judkins, de 58 años, se asoció con un antiguo colega del circo en México para crear una empresas descrita en su sitio web como una solución integral para buscar trabajadores extranjeros con visas H2B. No sólo recluta a los trabajadores, sino que también procesa visas y los transporta al sitio de trabajo.

Judkins dice que cobra 300 dólares por trabajador a los empleadores.

La mano de obra barata es crítica para la industria de las ferias y circos, parte de la tradición estadounidense desde que la Rueda de la Fortuna fue presentada en la Feria Mundial de 1893 en Chicago.

“Los empresarios estadounidenses necesitan estos trabajadores”, dijo Judkins, “y los trabajadores necesitan los empleos”.

OTROS MALABARES

Desde que abrió JKJ Workforce en el 2003, el negocio ha florecido. En su primer año, Judkins obtuvo aprobación para traer unos 100 trabajadores al país. En el 2015, tramitó el ingreso de 4,000 trabajadores mexicanos, según el Departamento del Trabajo estadounidense.

Eso lo haría responsable por más de la mitad de los trabajadores extranjeros que se ocupan de las atracciones mecánicas, kioscos y otras concesiones de las ferias itinerantes de Estados Unidos.

El trabajo requiere de Judkins otro tipo de malabares que los aprendidos en sus años de cirquero. Locuaz y amigable, el empresario cabildea con legisladores sobre temas laborales; organiza convoyes de autobuses para trasladar trabajadores desde México hasta Estados Unidos; también maneja los problemas inesperados que puedan surgir una vez que llegan al país.

En los últimos meses, dice, organizó el traslado de vuelta a México de los restos de un trabajador que se suicidó, y ayudó a otro que fue arrestado a conseguir un abogado. Sólo dijo que el empleado fue acusado de abuso sexual, se declaró culpable de un cargo menor y fue liberado.

Su empresa también fue objeto en el 2014 de quejas por parte de la Junta Nacional de Relaciones del Trabajo (NLRB). Las acusaciones, que Judkins disputa, consisten en que habría creado un sindicato ilegal a fin de mantener los salarios bajos para los trabajadores mexicanos de las ferias.

La semana pasada, Judkins viajó a la ciudad mexicana de Tlapacoyan para asistir a una fiesta de trabajadores que volvían a casa. Es allí donde su socio Víctor Apolinar, de 48 años, recluta a los trabajadores que luego él lleva a Estados Unidos.

Esa sociedad lleva mano de obra barata a los cirqueros estadounidenses y oportunidades de trabajo a la ciudad de unos 60,000 habitantes, ubicada a unos 300 kilómetros al este de Ciudad de México. El trabajo en los cultivos de banana y cítricos paga cerca de 10 dólares diarios, una cuarta parte de lo que ofrecen las ferias al norte de la frontera.

Judkins y Apolinar suelen depender de recomendaciones de trabajadores que ya han llevado a Estados Unidos para contratar a otros.

“Cuando a mí me dieron la oportunidad, vine a Tlapacoyan, contacté a unas personas, iba yo a sus casas a preguntarles si querían ir a los Estados Unidos”, dijo Apolinar mientras tomaba chocolate caliente en las afueras de la iglesia en la plaza de Tlapacoyan este año.

“Se empezaron a interesar posteriormente ellos al ver que si era benéfico para su familias, ellos empezaron a decir ‘mira, tengo aquí un hermano, tengo un amigo’ y así empezó a ser como una red”, agregó.

Esa red le ha funcionado bien. En el 2013, su popularidad era tan grande que fue electo alcalde de Tlapacoyan.

QUEJAS Y PREOCUPACIONES

El segundo de 10 hermanos, Apolinar dice que entiende los problemas que muchos enfrentan en su ciudad. Cuando era un adolescente tenía ganas de trabajar en Estados Unidos y los empleos temporales en el circo le dieron una oportunidad de cruzar la frontera.

Allí conoció a Judkins, quien trabajaba en los circos desde que estaba en la universidad. Apolinar pronto fue apodado “Pony” por una atracción en la que trabajaba.

Cuando Judkins lanzó su propio circo, Circus Chimera, Apolinar trabajó para él viajando cada año entre México y Estados Unidos. Y tras la creación de JKJ Workforce, el mexicano se convirtió en reclutador en Tlapacoyan.

Los dos afirman que los empleados que reclutan sólo pagan el costo de procesar la visa y el transporte a Estados Unidos, unos 300 dólares, como lo permite la ley, y que algunas de las ferias que los emplean les reembolsan esa suma. Aseguran que nunca han cobrado por los trabajos propiamente dichos, algo prohibido por la ley, y muchos de los trabajadores lo han atestiguado.

Otros cuentan historias menos felices. Como Judkins y Apolinar reciben muchas solicitudes, algunos aspirantes dicen que es difícil quejarse de las condiciones laborales por miedo a ser puestos en una lista negra.

Las jornadas laborales pueden durar hasta 20 horas, y tras llegar a Estados Unidos tienen pocas alternativas más que hacer lo que se les ordena.

“No puedes decir nada porque entonces el reclutador va a decir ‘eres problemático, no vas a regresar’”, dijo Jorge García, quien trabajó ocho temporadas con las ferias.

García es parte de un grupo que recientemente llegó a un acuerdo confidencial con una empresa, Fiesta Shows. La demanda colectiva, presentada ante una corte estadounidense en octubre del 2013, alegaba que la empresa debía pagar a sus empleados por hora, y no una cifra fija.

Fiesta Shows no respondió a llamadas para pedir comentario.

Judkins dijo que nunca pondría a los trabajadores que se quejan en una lista negra. Y agregó que García nunca protestó por la paga de las ferias y que no conoce los detalles de ese caso en particular.

Bajo las reglas del programa de visas, los empleadores deben pagar salarios mínimos aprobados por el Gobierno federal estadounidense. Una de las pocas opciones es que un sindicato que represente a los trabajadores acuerde una paga menor.

En el 2013, decenas de ferias que son clientes de Judkins comenzaron a firmar contratos colectivos con la Association of Mobile Entertainment Workers, que afirma ser un sindicato que representa a los trabajadores mexicanos.

Ese sindicato acordó que sus miembros recibirían un salario semanal, y no por hora. Defensores de los trabajadores argumentan que el salario por hora es un requerimiento y que sería muy superior a la escala fija semanal. Ahora está en duda si el sindicato realmente representa a los trabajadores.

SINDICATO POLÉMICO

Documentos presentados por el sindicato al Gobierno muestran que varios colaboradores de Judkins son representantes de los trabajadores.

De hecho, tres altos representantes del sindicato son miembros de la familia de Apolinar. La asociación, además, está registrada en Maine a nombre de la hermana de Judkins, Deborah Judkins.

Es ilegal que un patrón o sus asociados participen en la creación de un sindicato. En el 2014, abogados preocupados por los trabajadores de las ferias presentaron denuncias ante la NLRB, alegando que el sindicato, los empleadores y JKJ Workforce habían hecho precisamente eso.

Art Read, abogado de Florida Legal Services que ayudó a presentar las denuncias, dice que el sindicato es esencialmente una artimaña creada por el propio Judkins para bajar salarios. “Lo sorprendente fue su descaro”, comentó.

En noviembre, el sindicato llegó a un acuerdo con la NLRB para disolver los contratos colectivos del 2014 y reembolsar 25,000 dólares en cuotas y comisiones a los trabajadores.

La semana pasada, la NLRB concluyó otro acuerdo por separado con 33 empleadores que acordaron pagar 37,000 dólares adicionales en cuotas y comisiones que habían sido retenidos de los salarios de los trabajadores.

La denuncia de los abogados contra los patrones está todavía pendiente. También la que es contra Judkins.

Los abogados esperan que la NLRB obtenga de los empleadores cientos de miles de dólares en salarios perdidos para los trabajadores. Alegando que la investigación está curso, un portavoz de la NLRB rehusó hacer comentarios.

Las compañías de ferias dijeron que ni ellos ni Judkins habían hecho nada indebido e insistieron en que los trabajadores querían el sindicato.

Betty Gillette, presidenta de Gillette Shows, dijo que su compañía llegó a un acuerdo extrajudicial para evitar los honorarios legales que habría requerido un juicio. Gillette elogió a Judkins y a los trabajadores mexicanos que recluta para ella. El problema, dijo, es la burocracia.

“El Gobierno hace que sea difícil para todos nosotros”, dijo. La documentación necesaria para contratar a trabajadores extranjeros, y ahora la participación de la NLRB, es onerosa, explicó.

“No entiendo por qué tiene que ser tan duro con tanto papeleo, reglamentos y normas”, añadió.

Judkins afirma que el sindicato es legítimo, aunque ha dado versiones contradictorias sobre su creación. Inicialmente dijo que una empleada, la cuñada de su socio Apolinar, tuvo la idea. En una entrevista subsecuente, Judkins dijo que se les ocurrió a los propios trabajadores.

Y dijo que las denuncias eran ofensivas ya que implican que los trabajadores no son lo suficientemente inteligentes como para sindicalizarse por su cuenta.

Esa es también la opinión de su hermana, Deborah, una ex funcionaria de medio tiempo de Upton, Maine. Dijo que aceptó ayudar a dirigir el sindicato a petición de Judkins y uno de sus asociados mexicanos, quien ayudó a organizarlo.

Judkins alega que el salario semanal asegura que los trabajadores consigan un sueldo mínimo, incluso cuando trabajen menos de 40 horas. Los contratos colectivos de trabajo ofrecerían ventajas adicionales, como la garantía de alojamiento gratuito.

En reuniones con legisladores federales, Judkins ha presionado por menos restricciones sobre la manera en que las empresas deciden reembolsar a los trabajadores extranjeros.

También está involucrado en cuatro demandas contra intentos de aumentar la regulación del Gobierno al programa de trabajadores extranjeros.

“EL SUEÑO AMERICANO”

Los trabajadores dicen que no tienen más opción que aceptar las condiciones de su empleo si esperan trabajar otra temporada.

Uno de los trabajadores, Hugo Ruiz, dijo que disfrutó su trabajo en Cole Shows Amusement Company este año. Pero agregó que la feria en la que trabajó el verano pasado lo obligó a él y otros compañeros a trabajar hasta por 20 horas al día.

Ruiz dijo que nunca se quejó ante Apolinar o Judkins sobre su patrón anterior por miedo a que lo tacharan de alborotador y le impidieran regresar a Estados Unidos.

“Pensamos ‘mejor no vamos a meternos en problemas, ya mejor lo aguantamos’ (...), es mejor que cerremos la boca y ya no digamos nada”, afirmó.

Aún así, Ruiz está agradecido por la oportunidad. En el viaje en autobús de Tlapacoyan a Covington este año, llevó un diario. En una entrada, Ruiz escribió sobre sus ganas de cruzar la frontera para “iniciar el sueño americano”.

Muchos otros trabajadores también ven así su experiencia.

En octubre, el último mes de la temporada para Cole Shows, los trabajadores mexicanos se reunieron afuera de sus viviendas móviles en el parque de atracciones del condado de Halifax en South Boston, Virginia. Durante el almuerzo, reflexionaron sobre los últimos seis meses de trabajo mientras se preparaban para regresar a México.

Eduardo Sesena, de 19 años, dijo que estaba agradecido por el trabajo y por la ayuda que recibió del dueño de la feria.

Cole prestó dinero a Sesena para pagar ultrasonidos y otros exámenes médicos que necesitaba su mujer, que se enteró que estaba embarazada el día en que él consiguió el empleo en la feria, dijo.

Sesena tiene la esperanza de poder regresar el próximo año. (Información adicional de Ryan McNeill. Traducido por Noé Torres y Tomás Sarmiento. Editado en español por Pablo Garibian)

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