29 de abril de 2013 / 14:08 / hace 5 años

Los científicos, divididos sobre los pesticidas y la salud de las abejas

* Disputa sobre la cantidad de pesticida que contribuye a disminución de abejas

* Europa podría imponer prohibición después de que gobiernos lo lograsen acuerdo

* Científicos dicen que son necesarios más estudios

Por Kate Kelland

LONDRES, 29 abr (Reuters) - La población de abejas ha estado disminuyendo de manera constante en las últimas décadas pero hay desacuerdo entre los científicos sobre la contribución de los pesticidas llamados neonicotinoides a esta caída.

Se espera que Europa imponga una prohibición temporal sobre los pesticidas después de que los gobiernos de la Unión Europea no lograsen el lunes un acuerdo sobre si debería suspenderse su uso.

Algunos estudios recientes han mostrado que los neonicotinoides pueden tener efectos dañinos sobre la salud de las abejas interfiriendo en su capacidad de orientación para volver a casa y haciéndoles perder el camino.

Otros estudios científicos apuntan a un virus que se transmite por un ácaro parásito llamado Varroa como el primer sospechoso de causar el llamado “trastorno del colapso de las colonias” que ha visto como bajaba rápidamente el número de abejas en Europa, Asia, América y Oriente Próximo.

Las abejas son importantes polinizadores de plantas con flor, incluyendo muchas frutas y hortalizas. Un informe de Naciones Unidas de 2011 estimó que las abejas y otros polinizadores como mariposas, escarabajos y pájaros hacen un trabajo valorado en 153.000 millones de euros al año para la economía humana.

Los pesticidas neonicotinoides son nuevos productos químicos parecidos a la nicotina y actúan sobre el sistema nervioso de los insectos. Para los mamíferos y el medio ambiente suponen una amenaza menor que los viejos pesticidas en spay.

Como son solubles al agua, pueden aplicarse en el suelo y suben a toda la planta, convirtiéndolos en “sistémicos” - lo que significa que toda la planta se vuelve tóxica para los insectos. Los neonicotinoides se aplican normalmente como “tratamiento de semillas”, lo que supone recubrir las semillas con ellos antes de la siembra.

Un informe de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) de enero dijo que tres de los neonicotinoides más usados, fabricados principalmente por la suiza Syngenta y la alemana Bayer, suponían un riesgo grave para las abejas.

Pero Reino Unido, cuyo Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (DEFRA, por sus siglas en inglés) recomendó abstenerse en una votación anterior de la UE en marzo, sostiene que la ciencia no es concluyente y aconseja precaución en la extrapolación de los resultados de los estudios de laboratorio a las condiciones de la vida real.

Lynn Dicks, una experta en abejas de la Universidad de Cambridge dijo que no debería ser una sorpresa que los insecticidas maten insectos.

“Están diseñados para eso”, dijo añadiendo que el grado en que pueden ser responsabilizados por el descenso en la población de abejas está en duda.

“Es improbable que sean la única causa del descenso en el número y diversidad de los insectos, pero representan una de la serie de múltiples amenazas que interactúan y parecen están impulsando las caídas”.

Expertos señalan que una de las principales dificultades en establecer el daño potencial radica en cómo averiguar qué parte de los pesticidas entran en contacto con las abejas mientras se alimentan, y el grado en que esto podría provocar una menor cantidad de abejas.

El británico DEFRA publicó un informe en enero en el que dice que su investigación “no demuestra de forma concluyente que la exposición a los neonicotinoides utilizados en un entorno agrícola normal tenga un efecto importante en las colmenas de abejas”.

James Cresswell, un ecotoxicologista de la Universidad de Exeter, dice que la ciencia aún no ha generado respuestas inequívocas.

“Aunque investigaciones recientes basadas en la dosificación artificial muestra que los neonicotinoides pueden dañar a las abejas, la incertidumbre sigue sobre la dureza de las condiciones ambientales realistas”, dijo. (Información de Kate Kelland, corresponsal de Salud y Ciencia; Traducción de Teresa Medrano en la Redacción de Madrid)

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