3 de noviembre de 2012 / 11:34 / en 5 años

El nuevo Congreso de EEUU puede parecer viejo tras elecciones

* Mala opinión de los ciudadanos poco probable que cause cambios

* Algunos ven posibilidad de división 50-50 en el Senado de 2013

* Tea Party podría correr suerte dispar en Senado y Cámara Representantes

Por Thomas Ferraro y Richard Cowan

WASHINGTON, 3 nov (Reuters) - El Congreso de Estados Unidos ha caído a nuevos mínimos en sus niveles de popularidad en los dos últimos años, pero a pesar de ello no se espera ningún gran cambio en el Senado y la Cámara de Representantes que salgan de las elecciones generales del martes.

A pocos días de los comicios, se espera que los demócratas superen lo que se ve como un decreciente reto republicano para hacerse con el control del Senado, aunque también podría haber un empate 50-50.

El vencedor más probable es el status quo, en el que ni demócratas ni republicanos se hagan con la súper mayoría necesaria para aprobar leyes por la vía rápida, lo que dejaría a ambos partidos con la capacidad para bloquear casi cualquier cosa.

Integrado también por una Cámara de Representantes que se espera que siga teniendo una mayoría republicana, el Congreso que comenzará su nuevo mandato en enero y afrontará enormes polémicas sobre el presupuesto y los impuestos podría parecerse muchísimo a la actual legislatura, profundamente dividida.

Si tendrá más éxito para llevar a cabo sus responsabilidades básicas está aún en el aire. Los estudiosos del Congreso ven la actual versión como una de las menos productivas - y más destructivas - en la historia moderna.

No ha conseguido cumplir una de sus tareas fundamentales: conseguir dinero para el funcionamiento del Gobierno, salvo de modo temporal. El enfrentamiento entre republicanos y demócratas en 2011 por el techo de gasto resultó en la degradación de la calificación de la deuda soberana estadounidense.

A cambio, la desaprobación de los ciudadanos del Congreso está en niveles récord, y el dato en agosto fue de solo el 10 por ciento, según un sondeo de Gallup.

Los demócratas tienen mayoría en el Senado desde 2007. Durante meses, se mostraron confiados en que podrían mantener su ventaja de 53 a 47 en las elecciones del martes, en la que se renovarán un tercio de los 100 escaños de la cámara.

Su optimismo se vio reforzado por lo que muchos consideraron errores republicanos este año: la floja actuación inicial de Romney como aspirante a la presidencia, la percepción de que algunos candidatos como los del Tea Party podrían ser demasiado conservadores para sus estados y las declaraciones de otros como el senador Todd Akin al hablar de “violación justificada”.

El apartidista Rothenberg Political Report predice que los republicanos tendrán una ganancia neta que no superará los tres escaños, uno menos de lo que necesitarían para conseguir el control. Pero hay varios estados en los que la lucha será muy igualada: Montana, Virginia, Wisconsin o Massachusetts.

GRAN DIVISIÓN

A pesar de ello, los republicanos han ganado impulso en los últimos días y confían en poder recuperar la mayoría del Senado.

Larry Sabato, director del Centro para Política de la Universidad de Virginia, estaba menos convencido.

“Desde luego es posible un Senado 50-50”, dijo, aunque afirmó que los demócratas “tienen una posibilidad decente de 52 o incluso 53” escaños.

El hecho es que los demócratas defienden 21 escaños, además de dos en manos de independientes que suelen apoyarles. Los republicanos, que solo tienen que defender 10, tienen más posibilidades de hacer avances.

Si el Senado acaba con empate a 50, sería la tercera vez en la historia y el control de la cámara iría al partido que se lleve la Casa Blanca, porque el vicepresidente del país es el presidente del Senado y tiene voto de calidad.

Ninguno se acercará al número mágico de 60, que da una “supermayoría” que permite superar los obstáculos legales disponibles para el partido minoritario.

En consecuencia, ambos tendrán que resignarse a mantener la parálisis o encontrar un modo de superar las diferencias y conseguir reducir el déficit del presupuesto federal, que ha superado el billón de dólares en los últimos cuatro años, y reformar el anticuado régimen fiscal. (Traducido por Teresa Larraz)

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