August 4, 2019 / 9:11 AM / 2 months ago

REPORTAJE FOTOGRAFICO - Recorriendo una ruta de esclavos en Ghana, 400 años después

ADIDWAN, Ghana (Reuters) - Nana Assenso está frente a la tumba de su tío, recordando al hombre que amó pero también un pasado que ha perseguido a su familia durante generaciones.

Nana Assenso, 68, jefe de Adidwan, una poblacion en el centro de Ghana, antes de visitar la tumba de su tío Kwame Badu, in Adidwan, Ghana, el 21 de julio de 2019. REUTERS/Francis Kokoroko

Su tío se llamaba Kwame Badu, un nombre que ha sido compartido a través de la familia en recuerdo de un antepasado con ese nombre que fue capturado y vendido como esclavo hace mucho, mucho tiempo.

“De niño, me contaron la historia de dos de mis tatarabuelos, Kwame Badu y Kofi Aboagye, que fueron capturados y vendidos como esclavos”, dice Assenso, de 68 años, jefe de Adidwan, una aldea del interior de Ghana. Siguió la tradición familiar y nombró a su hijo menor Kwame Badu.

Este mes se cumplen 400 años desde que los primeros esclavos africanos registrados llegaron a Norteamérica para trabajar en las plantaciones de las colonias inglesas. En los siglos siguientes, los traficantes de esclavos europeos enviaron a millones de hombres, mujeres y niños africanos a través del océano Atlántico. Muchos murieron en condiciones horribles en los barcos de esclavos, mientras que los supervivientes soportaron una vida de miseria y trabajo agrícola agotador.

Para algunos de ellos, el terrible viaje comenzó aquí, en lo más profundo de Ghana. Capturados por los esclavistas, fueron conducidos por senderos de tierra durante 200 kilómetros (125 millas) hasta los castillos de esclavos situados en la costa atlántica, donde los subieron a bordo de los barcos con destino a América del Norte. Nunca volvieron a ver su patria.

Desde aquí, en Adidwan, los esclavos fueron forzados hacia el sur, pasando por la ciudad minera de Obuasi.

Kwaku Agyei es pastor y anciano en Obuasi. Cuenta la historia de la trata de esclavos a los jóvenes trabajadores de su barrio, mezclando la indignación con el orgullo de sus antepasados.

“Nos capturaron porque se dieron cuenta de que éramos muy fuertes”, dice el hombre de 71 años. “Enviaron a nuestros antepasados a trabajar en las plantaciones de azúcar. La trata de esclavos nos hizo darnos cuenta de que el hombre blanco era cruel”.

Pero muchos gobernantes de los imperios de África Occidental, como el reino Ashanti, cuyos descendientes aún viven en esta parte de la actual Ghana, también se beneficiaron, vendiendo esclavos capturados a cambio de armas, ropa, alcohol y otros productos de fabricación occidental.

“Nuestros mayores cambiaron a sus hijos por ‘cosas bonitas’ como cajas de cerillas”, dice Agyei.

Pero una vez más, su orgullo por su herencia sale a relucir. “Puedo decir que nuestros antepasados fueron los que desarrollaron Estados Unidos”, dice.

Abdul Sumud Shaibu, de 50 años, también vive en Obuasi y habla de sus fuertes antepasados. Muestra una fotografía de su abuelo que guardó en su teléfono móvil. “Mis antepasados eran gigantes”, dice. “Estaban bien formados y fuertes. Mira la altura de mi abuelo en esta foto.

Lucharon contra los esclavistas, dice. En esas peleas, a veces perdían. Y a veces fueron capturados como esclavos.”

Cerca del final del viaje en Ghana, a los cautivos se les daba un último baño ritual en un río antes de ser vendidos. Hoy en día, el sitio de Assin Manso es un lugar sagrado de recuerdo. En esta zona de manglares, una imagen de esclavos encadenados por los pies promete: “Nunca más”.

En el río, la neoyorquina de 75 años Regis Thomson se sienta en círculo con otras cinco mujeres de su iglesia y ora.

“Cuando pienso en lo que mis antepasados tuvieron que pasar...”, dice la turista estadounidense, añadiendo que ella regresaría y contaría sus experiencias para que los niños de hoy sean conscientes de su pasado. “Tenemos mucho trabajo que hacer.”

Después de bañarse en el río, los cautivos eran llevados en la última etapa de su viaje a Ghana, hasta el último lugar que verían en su tierra natal: las fortalezas de esclavos en el Atlántico, como los castillos de la Costa del Cabo y de Elmina.

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Saviour Asante, de 30 años, peluquero de Obuasi, había pensado poco en la historia de la esclavitud durante su infancia. Eso cambió con una visita al castillo de Cape Coast. “Lloré todo el día”, dice. “Fue una experiencia muy dolorosa escuchar estas historias.”

Desde los castillos, donde las autoridades europeas vivían cómodamente justo encima de las mazmorras que albergaban a los esclavos, los africanos capturados caminaban a través de la Puerta de No Regreso hacia los barcos que los llevarían a América.

reut.rs/2K7eBrQ

Traducido por Emma Pinedo

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