August 3, 2019 / 8:50 AM / 3 months ago

Solo los impuestos pueden cerrar la brecha de emisiones de las aerolíneas

FOTO DE ARCHIVO: Un avión comercial australiano aterrizando en el Aeropuerto Internacional de Sydney, Australia, el 15 de julio de 2014. Jason Reed/REUTERS

LONDRES (Reuters Breakingviews) - Los sueños de la aviación de un futuro verde se basan en vagas ilusiones y en aceite de cocinar usado. Para 2050, la industria quiere reducir a la mitad las emisiones netas de CO2 con respecto a los niveles de 2005, a pesar de que el tráfico se triplicará. Es difícil imaginar que acudan al rescate los aviones eléctricos o los combustibles para aviones hechos con plantas o con aceite grasiento de cocina. Por el contrario, es posible que los Estados tengan que contener la demanda imponiendo impuestos sobre el dióxido de carbono.

A diferencia de los fabricantes de automóviles, que pueden cambiar a baterías de cero emisiones, o de las centrales eléctricas que pueden funcionar con energía eólica, nuclear o solar, las aerolíneas están atrapadas con los combustibles fósiles. Lo cierto es que no hay ningún sustituto para los carburantes de aviones. Tampoco hay indicios de que esta situación vaya a cambiar mucho de aquí a mediados de siglo.

En 2017, las compañías aéreas produjeron 850 millones de toneladas de CO2, sólo el 2,3% del total de la humanidad. Pero la rápida expansión de las rutas, principalmente en Asia, significa que las emisiones se encaminan a 2.700 millones de toneladas anuales para 2050, según estimaciones de la Organización de Aviación Civil Internacional. Esto equivale a 8 veces el objetivo de mediados de siglo de la industria, que aspira a bajarlo a 325 millones de toneladas netas.

Varias cosas pueden reducir esa cifra de 2.700 millones de toneladas. La OACI supone que los motores de bajo consumo reducirán 700 millones de toneladas al año para 2050. Rutas más directas y dejar que los aviones vuelen a mayor altitud deberían eliminar otros 200 millones de toneladas; y las medidas para la compensación de las emisiones de carbono, como la plantación de árboles, otros 200 millones. Para alcanzar su objetivo medioambiental de mediados de siglo, las compañías aéreas deben encontrar otros 1.300 millones de toneladas de ahorro colectivo de CO2, más del 50% por encima de los 850 millones de toneladas que se lanzaron a la atmósfera en 2017, cuando las compañías aéreas quemaron colectivamente cerca de 2.500 millones de barriles de combustible aéreo.

Sustituir esa cantidad de combustible de aviación —3.800 millones de barriles— por biocombustibles parece exagerado. La jatrofa, una planta fácil de cultivar que se considera una fuente prometedora de aceite, produce tal vez 10 barriles de combustible de aviación por hectárea. Cambiar totalmente a la jatrofa significaría, por lo tanto, arar 375 millones de hectáreas, más de un tercio de los Estados Unidos.

Esta situación pone de relieve los intentos por reducir el apetito por el transporte aéreo. Un estudio encargado por la Comisión Europea el año pasado estimó que un incremento del 10% en los precios de los billetes -mucho más de los 1,5 euros por vuelo esbozados este mes por Francia- conduce a una caída de la demanda del 11%, al tiempo que tiene un impacto mínimo en el crecimiento económico. Europa podría empezar por aplicar su impuesto de 0,33 euros por litro al combustible de aviación. Convencer a otros para que sigan puede ser más fácil que cultivar todas esas plantas.

En Twitter twitter.com/edwardcropley

traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid

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