July 18, 2019 / 1:29 PM / a month ago

"Hoy todo el mundo está feliz": un pueblo japonés celebra la primera caza de ballenas de la temporada

MINAMIBOSO, Japón (Reuters) - Un grupo de hombres en botas de goma despelleja a una ballena con cuchillos afilados, mientras Misako Komiya, de 86 años, los observa y planea cómo cocinar los cinco kilos de carne del cetáceo que pretende comprar.

Un grupo de niños observa cómo se arrastra una ballena picuda de Baird's para ser descuartizada en el puerto de Wada en Minamiboso, al sureste de Tokio, Japón, el 18 de julio de 2019. REUTERS/Kim Kyung-Hoon

“La picaré muy bien, la coceré a fuego lento con azúcar, jengibre, salsa de soja y sake, luego la congelaré. Durará un año, la puedo sacar y comer poco a poco con arroz”, dijo la anciana, vestida con un delantal rosa.

La ballena picuda de Baird, con nariz en forma de espada, fue despedazada el jueves en una plataforma de cemento batida por las olas del Pacífico en Japón.

“Hoy todo el mundo está feliz”, agregó Komiya.

Komiya formaba parte de una multitud de observadores ávidos que incluía a 45 niños llevados por sus maestros para observar la matanza, una antigua tradición en Minamiboso, una localidad al este de Tokio que ha explotado la práctica durante generaciones.

Japón sostiene que la mayoría de las especies de ballenas no están en peligro de extinción y que comerlas es una tradición culinaria apreciada. Tokio abandonó la Comisión Ballenera Internacional (CBI) el 30 de junio y reanudó la caza comercial de los cetáceos el 1 de julio de este año.

La primera ballena minke atrapada en esa cacería, frente a la principal isla del norte de Japón, Hokkaido, fue cazada por un barco procedente de Minamiboso.

“Confieso que es un placer que nuestra embarcación haya matado a la primera ballena de esta caza después de la reanudación (de la práctica)”, dijo Yoshinori Shoji, jefe de la firma Gaibo Hogei que supervisaba la matanza de la ballena de 9,7 metros.

Tras escuchar una explicación de Shoji y observar cómo la ballena era sacada del océano, los niños, pertrechados con lápices y cuadernos, fueron invitados a tocar la piel gris y gomosa del animal. Casi todos lo hicieron, algunos de ellos exclamando: “¡Guau!”. Su maestra les dijo que escribieran lo que sentían.

“¡Mira, qué carne tan roja!”, dijo uno de los niños mientras otros miraban asombrados. Unos pocos emitieron sonidos de disgusto o se levantaron las camisas para cubrirse la nariz mientras la sangre corría por los canales de la plataforma hacia el mar.

La directora de la escuela primaria del pueblo, Noriko Morita, afirma que los niños deben ver a la primera ballena cazada como parte de los esfuerzos para enseñarles las tradiciones locales.

“Comer ballena es parte de nuestra cultura alimentaria y queremos enseñarles a los niños a sentirse orgullosos de su ciudad natal y sus tradiciones”, agregó.

Al cabo de 90 minutos, no quedaban más que los huesos de la ballena. Los trabajadores clasificaban la carne en contenedores y los residentes del vecindario hacían fila con neveras portátiles para asegurarse la compra esa misma tarde.

Shinichi Nojiri, un empleado de 59 años de una empresa de construcción naval, dijo que pensaba que el proceso era un poco grotesco y que personalmente no podía recordar haber comido ballena, aunque muchos japoneses de más edad sí.

“No creo que tengamos que consumir tanto como solíamos en los viejos tiempos”, afirmó. “No hay tanta gente que la coma. Sí, es parte de nuestra cultura, pero ya no creo que sea absolutamente esencial”, destacó.

Editado en español por Marion Giraldo y Darío Fernández

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