July 21, 2019 / 11:09 AM / 5 months ago

El turismo alpino se enfrenta ya al cambio climático

AROSA, Suiza (Reuters) - La perspectiva de que olas de calor abrasadoras lleven a los turistas a buscar refresco en las montañas y las preguntas de niños a sus abuelos sobre sus recuerdos de la nieve hace que las estaciones de esquí alpino se estén centrando en las implicaciones del cambio climático.

Un teleférico que promociona el santuario de animales de Arosa en los Alpes suizos en la estación de esquí de Arosa, el 25 de junio de 2019 REUTERS/Arnd Wiegmann

Ante un calentamiento global que previsiblemente reducirá drásticamente las nevadas, especialmente en las cotas más bajas, la industria turística suiza está buscando las maneras de preservar un negocio lucrativo pero brutalmente expuesto a las inclemencias del tiempo.

Pasen a conocer a Napa, el último oso de circo de Serbia.

El complejo turístico de esquí de Arosa en el este de Suiza ha instalado un refugio de 6,5 millones de dólares para acoger a Napa y otros dos osos rescatados de las jaulas de los restaurantes de Albania para atraer a los veraneantes y reducir su dependencia de los esquiadores y practicantes de snowboard.

Escolares, familias y un grupo de veteranos del ejército que celebraban su 80 cumpleaños visitaban el parque un día reciente de este verano, ayudando al objetivo de alcanzar 50.000 visitantes este año, señaló el director de turismo de Arosa, Pascal Jenny.

No es la primera vez que Arosa se reinventa. En la década de 1930 se pasó al turismo de invierno tras décadas como sanatorio para los pacientes de tuberculosis. Pero esta vez no será fácil, habida cuenta que las casi 620.000 pernoctaciones invernales que tuvo el año pasado triplican con creces las estivales.

Jenny, que teme una fuerte caída de las nevadas en los próximos 20 ó 30 años, está cubriendo sus apuestas.

“Lo que nos da alguna esperanza es que la nieve artificial está mostrando grandes avances técnicos. Ahora se puede fabricar nieve a 5 grados sobre cero”, dijo, de pie en una plataforma de observación junto al teleférico de Weisshorn, que ofrece una vista espectacular del valle nevado de los Alpes.

Su doble enfoque pone de relieve el dilema al que se enfrentan las estaciones de montaña: cómo retener los beneficios a medida que se embarcan en lo que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dice que debe ser un replanteamiento global del turismo.

“Las consecuencias del cambio climático se sentirán en el sector de viajes y turismo en las próximas décadas”, dijo la OCDE, cuyos países miembros representan el 80% del comercio y la inversión mundial, en un estudio de 2018 sobre las principales tendencias del turismo.

Tormentas, inundaciones y mareas amenazarán las regiones costeras; los destinos del sur se enfrentan a olas de calor extremas; y los del norte verán períodos más cortos de nevadas, añadió.

POLÍGONO INDUSTRIAL DANÉS

Las estaciones de montaña tienden a estar situadas a mayor altitud en Suiza que en Austria o Francia, por lo que sus expectativas son mejores a medida que la nieve se hace más escasa.

Pero incluso a 3.000 metros, el grosor de la nieve de sus pistas podría reducirse a más de la mitad en el año 2100 si no se frenan las emisiones de gases de efecto invernadero, según un informe publicado en The Cryosphere, una revista especializada de geociencia que toma su nombre de las partes de la superficie terrestre donde el agua está congelada.

Las estaciones situadas por debajo de los 1.200 metros -como ocurre casi en una cuarta parte de las alpinas- podrían quedar prácticamente sin nieve, según este estudio de 2017, cuyo título comienza con “¿Cuánto podemos salvar?”.

Los niveles de nieve se estabilizarán gradualmente si se contiene el aumento de la temperatura global, dice el informe.

Arosa está a 1.775 metros de altitud, pero Jenny teme que la pérdida de nieve en las tierras bajas se traduzca en una pérdida de visitantes porque la gente perderá la conexión emocional con la nieve.

“Eso es casi más peligroso para el sector”, dijo.

De ahí el interés de Arosa por un polígono industrial en Dinamarca donde coopera en un proyecto de fabricación de nieve artificial con la expectativa de que los habitantes de ciudades aprendan a esquiar para luego perfeccionar sus habilidades en los Alpes.

Suiza es uno de los países más ricos del mundo, y el gobierno helvético dice que las perspectivas a largo plazo para el turismo son buenas. “Los veranos en la montaña pueden posicionarse como una alternativa a las regiones mediterráneas”, según un informe de 2017.

El turismo de verano ya representa el 60% de las pernoctaciones en Suiza, pero la temporada sólo aporta el 18% de los ingresos, dijo Therese Lehmann, economista del Centro de Desarrollo Regional de la Universidad de Berna.

Los hoteles y restaurantes cobran más en invierno, pero la fortaleza del franco suizo ha dejado fuera a mucha gente.

Unos visitantes observan al oso Napa en el santuario de Arosa en los Alpes suizos, el 25 de junio de 2019. REUTERS/Arnd Wiegmann

Los datos del gobierno ya muestran una caída del 24% en el número de esquiadores en la década hasta 2016 por el cambio climático pero también por otros factores.

La población europea está envejeciendo y los jóvenes están menos interesados en el esquí, mientras que actividades como las raquetas de nieve, el senderismo de invierno, y los paseos en trineo y esquí están en auge, asegura la patronal sectorial Swiss Tourism.

La consolidación en el sector del turismo de invierno se vislumbra en el horizonte: las pernoctaciones en las grandes estaciones suizas aumentaron un 1 por ciento en la década hasta 2015, pero disminuyeron un 17 por ciento en las más pequeñas.

Traducción de Jose Elías Rodríguez

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