April 5, 2019 / 10:14 AM / 8 months ago

Los hijos de víctimas y carceleros de Stalin entierran los fantasmas del pasado en un pueblo siberiano

TUGACH, Rusia (Reuters) - Más de medio siglo después del cierre de los campos de prisioneros de Josef Stalin, los descendientes de reclusos y guardias de uno de ellos han encontrado una reconciliadora paz al enfrentarse al oscuro pasado de su pueblo.

En la imagen, una niña en una calle de un pueblo de Siberia nevado, 10 de marzo de 2019. REUTERS/Ilya Naymushin

Fundado como un campo de trabajo forzado en 1937 durante la Gran Purga de Stalin, durante la que cientos de miles de ciudadanos soviéticos fueron ejecutados y muchos más estuvieron encarcelados, el pueblo de Tugach es el hogar de los descendientes de las personas obligadas a trabajar allí y de los que dirigían las instalaciones.

Los desnutridos prisioneros, congelados en invierno y comidos por las moscas en verano mientras talaban árboles, morían a una tasa de hasta el 8 por ciento en los campamentos de la zona debido a enfermedades, disentería y otros problemas derivados de sus malas condiciones.

Tugach, un campamento maderero y parte del extenso sistema de trabajo de prisioneros en gulags de la Unión Soviética, fue cerrado en 1957 después de la muerte de Stalin, pero algunas personas no tuvieron más remedio que quedarse ya que tenían poco dinero, habían perdido el contacto con familiares y amigos y existía el estigma de ser expresidiario.

En las décadas posteriores a su cierre, se mantuvieron intactas las tumbas sin lápida donde se enterraba por la noche a los prisioneros muertos.

Las relaciones fueron tensas entre los descendientes de los prisioneros, que veían el campamento como un lugar de horribles represalias políticas, y los de los carceleros, que lo consideraban una instalación legítima que administraba justicia.

La situación comenzó a cambiar hace una década, cuando algunos de los 600 residentes de Tugach comenzaron a crear un museo para narrar su pasado, un proceso catártico que provocó avivó el debate y transformó el estado de ánimo.

“Personalmente, siento que se ha aliviado un gran peso moral”, dice Lidia Slepets, de 66 años, cuyo padre, Gerasim Bersenyov, fue exiliado de Kazajstán. Exonerado después de la muerte de Stalin y liberado, se casó con la viuda de un guardia de la prisión asesinado en la Segunda Guerra Mundial.

El padre de Slepets lloraba cada vez que salía el tema de los campos de trabajo, dice su hija.

El museo, instalado en un cuartel de madera donde los prisioneros eran retenidos, incluye artefactos del campo y un mirador en un viejo embarcadero de río.

“El trabajo en el museo reconcilió y unió a casi todos”, dice Slepets.

Los historiadores dicen que no son habituales las iniciativas populares para recordar a las víctimas de la represión de Stalin en Rusia, donde las autoridades destacan el papel del líder soviético en la victoria de la Segunda Guerra Mundial en el país.

“La situación en Tugach es tan extraña que no puedo recordar ninguna otra situación o proyecto similar en el que la gente misma, sin una iniciativa externa, emprendiera la conmemoración de los que habían sido reprimidos ilegalmente”, dice Alexei Babiy, presidente local del grupo de memoria histórica y derechos civiles.

Escrito por Tom Balmforthtraducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid

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