November 22, 2018 / 4:56 PM / 10 months ago

Migrantes venezolanos sufren dentro y fuera de albergues en la capital colombiana

BOGOTÁ (Reuters) - Sentada en un frío andén de la calle, recostada contra una pared de ladrillo con sus tres pequeños hijos y rodeada por bolsas de plástico llenas de ropa, Francis Montaño suplica que le dejen entrar al primer albergue habilitado para migrantes venezolanos en la capital colombiana.

En la imagen, policías vigilan tiendas de campaña en un campamento para refugiados venezolanos en Bogotá, Colombia, 19 noviembre 2018. REUTERS/Luisa González

Ella dice que solo quiere un lugar seguro para pasar la noche con sus hijos y su esposo mientras consiguen trabajo y pueden iniciar una nueva vida en Bogotá, donde llegaron hace una semana desde su natal Valencia, después de una travesía de 10 días a pie y en autobús.

Al interior del albergue, un campo de fútbol rodeado por una cerca de lona verde y repleto de carpas amarillas, los migrantes intentan prender fogatas para cocinar, mientras otros secan su ropa sobre las tiendas aprovechando el sol.

Los migrantes, sin un centavo y muchos solo con la ropa que visten, son parte de los millones de venezolanos que huyen de la crisis económica, social y política que atraviesa su país.

Al campamento -organizado por el gobierno de Bogotá en un sector de clase de media- solo entra la mayoría de personas que antes vivía en un refugio improvisado cerca del Terminal de Transporte, levantado por las autoridades por falta de condiciones sanitarias. Los demás migrantes son rechazados.

“Tendré que irme a la calle, debajo de un puente. Yo nada más exijo un techo donde meter a mis hijos por la noche”, dijo Montaño, de 22 años, mientras sostenía en sus brazos a su hija pequeña, de 23 meses.

El refugio, vigilado por policías y responsables de la Alcaldía de Bogotá, el primero y único de su tipo en la capital colombiana, albergará durante la Navidad y el Año Nuevo a 422 personas en 65 carpas.

Pero solo funcionará hasta el 15 de enero, cuando será levantado. Las autoridades esperan que en esa fecha los migrantes hayan encontrado trabajo y puedan pagar un alquiler.

TEMOR AL DESEMPLEO Y LA INDIGENCIA

Sin embargo, el panorama no es claro y los migrantes que tienen permiso de permanencia no han podido encontrar empleo pese a que han tocado varias puertas, por lo que se ganan la vida vendiendo dulces en las calles y en autobuses.

Ahora temen que a mediados de enero tengan que salir a deambular por las calles de Bogotá con sus familias y vivir de la caridad.

“No estamos pidiendo que nos regalen, estamos pidiendo trabajo, que nos den la mano”, dijo Carmen Castillo, de 29 años, quien llegó hace tres meses desde Maracay con su hijo de un año y su marido, tras recorrer 556 kilómetros por carretera desde la ciudad fronteriza de Cúcuta.

“Todos los días le pido a Dios que nunca otro país pase por lo que está pasando Venezuela. Y le pido a Dios que mi Venezuela se levante pronto para nosotros devolvernos allá”, agregó.

Venezuela, rica en petróleo, se ha hundido en una crisis económica bajo el gobierno socialista del presidente Nicolás Maduro. La hiperinflación, la escasez de medicinas y de alimentos ha obligado a salir a unos 3 millones de venezolanos en los últimos años, según la Agencia de la ONU para los Refugiados y la Organización Internacional para las Migraciones.

En Colombia hay más de un millón de venezolanos, un número que no deja de crecer, ya que llegan a diario unos 3.000 más. El gobierno colombiano estima que la cifra podría llegar a 4 millones para 2021, lo que le costaría unos 9.000 millones de dólares.

Colombia está recibiendo aportaciones millonarias de Estados Unidos, la Unión Europea, las Naciones Unidas y la Organización Internacional de las Migraciones para atender la crisis humanitaria, que incluye alojamiento, salud, alimentación, agua potable y acceso a la educación.

El gobierno colombiano descartó la posibilidad de establecer albergues permanentes, para evitar un aumento del éxodo, aunque en ciudades como Cúcuta existen refugios temporales organizados por la Iglesia Católica o autoridades locales.

Si bien la mayoría de los colombianos simpatizan con la situación de los inmigrantes, la xenofobia ha aumentado, especialmente en las ciudades fronterizas, cuyas calles se ven inundadas a diario por miles de venezolanos. Algunos inmigrantes dicen que han sido atacados y humillados en Bogotá.

INSATISFACCIÓN EN EL ALBERGUE

En medio del éxodo masivo, algunos venezolanos han resultado implicados en actividades delictivas como robos y asaltos, lo que genera desconfianza en un sector de la población.

Aunque el refugio situado en el occidente de Bogotá está organizado y cuenta con cuatro unidades de duchas y 10 baños, los inmigrantes se quejan porque solo reciben tres refrigerios con sándwiches, manzanas y zumo de frutas, además de las fuertes lluvias que inundan las carpas.

Para Agustín Alfredo Pérez, de 52 años, que llegó hace dos meses desde Caracas con su compañera, su hija y cuatro nietos, lo que viven “es una humillación”, mientras asegura que el albergue hay personas enfermas y niños con bajo peso.

Esta semana algunos de los inmigrantes lideraron una protesta violenta, por lo que 16 de ellos fueron expulsados del campamento y horas después del país.

El Gobierno de Colombia busca regularizar a la mayoría de los venezolanos. La autoridad migratoria asegura que solo unos 218.000 están en situación de irregularidad, es decir sin visado o sin permiso.

En Bogotá, la capital colombiana de ocho millones de habitantes, se han contabilizado unos 230.000 inmigrantes venezolanos, de los cuales 114.000 son irregulares.

El gobierno de Bogotá anunció que no abrirá más albergues y regularizará las donaciones de alimentos y ropa para evitar un aumento de la migración y campamentos irregulares con personas decididas a vivir solo de la caridad.

“Lo que estaba pasando al lado del terminal era que los ciudadanos bogotanos de buen corazón les estaban llevando comida y kits de emergencia, pero estas personas no estaban buscando salir de allí”, dijo Liliana Pulido, de la secretaría de Integración Social.

“Se acostumbraron a estar ahí. Estamos trabajando con el Gobierno Nacional para ver cuáles son las medidas a medio y largo plazo para afrontar el fenómeno migratorio que nunca antes había vivido esta ciudad. No vamos a recibir más personas, no hay más campamentos”, concluyó.

Información de Luis Jaime Acosta; editado por Carlos Serrano

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