April 30, 2020 / 12:32 PM / 3 months ago

Los suizos, "desesperados", se dedican a fisgonear durante el confinamiento

GINEBRA, 30 abr (Reuters) - Una madre que comprueba los hábitos sexuales de su exmarido para proteger a su hijo asmático; un jubilado frustrado con un vecino que habla en voz alta durante conferencias telefónicas nocturnas; una mujer enfadada con una familia del piso de abajo por acoger largas sesiones de juegos infantiles.

FOTO DE ARCHIVO: Una escultura de monos es fotografiada en el escritorio de Christian Sideris, fundador de la agencia de detectives Seeclop, durante una entrevista con Reuters en Ginebra, Suiza, el 28 de abril de 2020. REUTERS/Denis Balibouse

Todas estas situaciones se plantearon en consultas de clientes a un detective privado suizo desde que el país impuso hace seis semanas medidas de aislamiento por el coronavirus.

Christian Sideris, fundador de Seeclop, una agencia de detectives integrada por seis personas en Ginebra, ha rechazado todas menos una, instando a sus clientes a buscar otras soluciones en estos tiempos extraordinarios, pero las peticiones revelan la creciente frustración de la convivencia.

“Tenemos muchos casos de este tipo porque la gente está confinada, unos encima de otros”, dijo, describiendo a algunos de sus usuarios como “desesperados”.

Normalmente, Sideris recibe entre dos y cuatro solicitudes de este tipo al año. Desde que comenzó el confinamiento, sin embargo, ha tenido dos por semana.

La agencia aceptó el caso del niño asmático ya que, tras una semana siguiendo del padre, demostró que éste tenía múltiples novias y visitas a pesar de las restricciones por la COVID-19, lo que puede ser una cuestión decisiva en la disputa por la custodia.

“En tiempos normales, nunca tendrías un juez que le preguntara sobre sus diferentes amantes o si guarda la distancia en la cola de la tienda de alimentación, pero estos no son tiempos normales”, dijo Sideris, uno de los 468 agentes registrados de Ginebra.

Los suizos son conocidos por quejarse de sus vecinos, a menudo recurriendo a las normativas para acallar los ruidos. Éstas se aplican rigurosamente en Ginebra, donde Juan Calvino, teólogo y uno de los autores de la Reforma Portestante del siglo XVI, prohibió la música instrumental cuando estuvo al cargo.

En la actualidad, la Ley de Salud Pública y Tranquilidad de Ginebra regula las horas de práctica de un instrumento musical y el bricolaje en casa, con multas de hasta 10.000 francos suizos (10.000 dólares). También está prohibido bañarse después de las 21 horas.

Mientras la crisis del coronavirus se prolonga, las quejas por ruido en Ginebra se han más que duplicado este mes, según la policía, hasta las 1.233 denuncias, incluyendo las relacionadas con niños que se desplazan en patinete en el interior de las casas y las obras de mejora del hogar a altas horas de la noche.

Un residente se quejó a la policía por un coro en el barrio que pretendía animar a la gente.

“Estábamos decepcionados y tristes”, dijo la residente Audrey Lecomte. El coro se retiró con una advertencia y respondió reduciendo la duración del espectáculo y colocando marcadores con tiza para animar a los asistentes a mantener la distancia.

La policía ha vuelto, sólo para observar, pero aún así ya ha habido algún vecino gruñón que ha dicho que la música seguía sonando durante “demasiado rato”.

Información de Emma Farge en Ginebra; información adicional de Cecile Mantovani en Ginebra; editado por Michael Shields, Matthew Lewis y Giles Elgood; traducido por Andrea Ariet en Gdansk

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