July 27, 2018 / 4:20 PM / 5 months ago

Las kellys, símbolo de los cambios laborales en España

MADRID (Reuters) - Trabajan en un sector turístico que marca récord tras récord, representa una décima parte de la riqueza nacional y crea más empleo que ningún otro, pero se autodenominan las esclavas del siglo XXI.

Una camarera de piso, que trabaja en un hoten donde las camareras de piso no están externalizadas y no tiene conexión alguna con la asociación de Las Kellys, hace una cama en Madrid, España, el 26 de julio de 2018. REUTERS/Paul Hanna

Las camareras de piso de los hoteles son el símbolo de las desigualdades económicas y sociales en España, y, al mismo tiempo, de los cambios en la legislación laboral que quiere introducir el nuevo Gobierno socialista de Pedro Sánchez.

También conocidas como “kellys”, acrónimo de “las que limpian”, dicen que sus salarios se han visto reducidos casi a la mitad desde la reforma laboral del anterior Gobierno conservador en 2012 y que el crecimiento turístico actual no está repercutiendo positivamente en sus condiciones de trabajo.

“Lo vivo en mis carnes, somos las esclavas del siglo XXI”, dice María del Mar Jiménez, una camarera de piso de 56 años que padece continuos dolores musculares y enfermedades crónicas tras tres décadas de trabajo.

España se ha erigido en el segundo destino turístico mundial en número de visitantes extranjeros después de Francia, el sector representa el 11 por ciento del PIB y emplea un 13 por ciento de los trabajadores del país.

Los ingresos por habitación disponible de los hoteles crecieron un 9,5 por ciento en 2017, a un ritmo muy cercano al de los dos años previos, que marcaron crecimientos de doble dígito, según datos de la consultora Colliers.

Sin embargo Jiménez dice que ella y sus compañeras no perciben esta recuperación y pueden llegar a hacer hasta 24 habitaciones cada una en un día de trabajo, una cifra muy superior a lo que solían hacer en el pasado.

“Las que ahora tienen 35 años, cuando tengan mi edad ¿cómo tendrán la espalda? Van a tener artrosis y unos problemas de respiración que no les van a dejar vivir,” dice.

“TENEMOS ESPERANZAS”

El Gobierno de Sánchez presentó el viernes una batería de medidas destinadas a revertir esta situación con un llamado plan para el trabajo digno en el cual las camareras de piso han tenido un papel protagonista.

El plan busca ofrecer una respuesta a la movilización de miles de camareras de piso a través del país que lograron desde que formaron un colectivo, hace dos años, acaparar titulares y generar una enorme simpatía en la opinión publica.

Pero fuentes de Moncloa reconocen que permite también al Gobierno socialista mandar un mensaje al votante de izquierdas de que se está actuando a favor de las clases populares.

“El objetivo del plan es recuperar los derechos laborales perdidos durante la crisis,” dijo la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, en una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

“No vale con cualquier empleo, el Gobierno va a apostar por el empleo digno y decente”, añadió, aunque de momento no se derogará la reforma laboral.

El plan se centra en incrementar las inspecciones de trabajo en busca de fraudes en los contratos laborales e impagos a los trabajadores, con la contratación de 833 nuevos inspectores y subinspectores de aquí a 2020 y una inversión de 15 millones de euros anuales.

Pero los hoteleros podrán seguir externalizando la contratación de las camareras de piso, una medida que según sindicatos es responsable de su precarización.

El lobby hotelero Exceltur abogaba por una posición similar en un informe publicado en abril en el cual defendía seguir con la ley actual, aunque también reconocía que la situación laboral de las camareras empañaba la imagen del sector y pedía a sus miembros abrir una negociación con los sindicatos.

Jiménez dice que tiene esperanzas de que su situación cambie, aunque es demasiado pronto para celebrar.

“Tenemos esperanzas, porque la ministra dijo que iba a hacer algo y la esperanza es lo único que nos queda a las Kellys”, dice.

editado por Julien Toyer y Tomás Cobos

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