April 29, 2018 / 10:42 AM / 5 months ago

Debilitada por el turismo, la idílica isla filipina de Boracay necesita rehabilitación

BORACAY, Filipinas (Reuters) - Con vistas de postal de la isla más preciada de Filipinas detrás de ellos, los trabajadores golpean con los martillos las paredes del complejo de Boracay West Cove, demoliéndolo pedazo a pedazo.

En la imagen, policías recogen basura en la playa Bulabog de Boracay durante el primer día de cierre temporal a los turistas, el 26 de abril de 2018. REUTERS/Erik De Castro

El complejo está siendo reducido a un montón de piedras y varillas de acero, el primero de una ola de demoliciones de estructuras ilegales en la turística isla de Boracay por orden del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte.

Boracay es solo una de las más de 7.300 islas de Filipinas, pero atrae a 2 millones de visitantes al año, poco menos de un tercio de las llegadas totales de turistas del país el año pasado.

Pero con alrededor de 1.800 negocios que compiten por el espacio y claman por una parte del billón anual que genera Boracay, el turismo masivo está empujando esta pequeña isla de 10 kilómetros cuadrados al borde del colapso.

“Lo que quiere Duterte, Duterte lo tiene”, dijo Phillip Penafor, un trabajador del gobierno local que supervisa la demolición de West Cove, que se construyó en tierras forestales protegidas.

Duterte puso el grito en el cielo inesperadamente en febrero, furioso porque las famosas aguas color turquesa de Boracay olían “a mierda”, y advirtió de que el desastre medioambiental provocado por el crecimiento incontrolado y un sistema de alcantarillado defectuoso lo había convertido en un “sumidero”.

El 4 de abril, ordenó el cierre de la isla a los extranjeros durante seis meses a partir del jueves de esta semana para someterse a un proceso de rehabilitación, para lo cual aún no se ha elaborado un plan completo.

A los turistas y no residentes se les negará la entrada y se prohibirá a los barcos entrar a menos de 3 kilómetros de la isla. Unas pocas decenas de policías, incluyendo equipos antidisturbios y SWAT, han estado haciendo ejercicios en la playa para prepararse para una resistencia que los residentes dicen es poco probable que suceda.

El gobierno local ha empezado a demoler algunas de las 9.000 estructuras ilegales en la isla y a preparar la ampliación de una carretera principal de siete kilómetros atascada con coches, motos y furgonetas.

Su prioridad es ampliar el sobrecargado sistema de alcantarillado y desmantelar una red de tuberías creadas ilegalmente por empresas y centros turísticos para desviar sus desechos a los desagües pluviales, a través de los cuales todo termina en el mar.

ATRAPADOS POR SORPRESA

El gobierno espera que el cierre cueste a la economía 2.000 millones de pesos y está preparando un “fondo para calamidades” de un presupuesto similar para ayudar a las 30.000 personas cuyas vidas se verán afectadas.

A pesar de esto, la precipitada medida de Duterte para arreglar Boracay está recibiendo una gran acogida por parte de los residentes e incluso de las empresas, aunque les hubiera gustado tener más tiempo para adaptarse.

“Es bueno para nuestro futuro. El problema es que no estamos realmente preparados para esto”, dijo Ciceron Cawaling, el antiguo alcalde de la ciudad cercana de Malayo, que supervisa Boracay.

“Su declaración nos ha pillado por sorpresa. Todo esto surgió en cuestión de segundos”.

Situado en el extremo norte de la isla central de Panay, Boracay fue una vez un destino idílico para buceadores y mochileros atraídos por su tranquilidad y arenas blancas polvorientas.

Pero la isla ha experimentado un crecimiento explosivo en los últimos años, en parte como resultado del aumento del número de turistas de Asia, especialmente de China y Corea del Sur.

Las autoridades locales han tenido dificultades para hacer frente al crecimiento, carecen de mano de obra y recursos para hacer cumplir la legislación y llevar a cabo inspecciones para frenar las violaciones medioambientales.

Algunos residentes se quejan de que las autoridades han mirado para otro lado y dicen que los encargados de resolver los problemas de Boracay son cómplices de su creación. El gobierno local lo niega.

Toda Playa Blanca, en la costa oeste de la isla, está llena de centros turísticos, restaurantes y tiendas que ofrecen recuerdos, tatuajes, masajes y deportes acuáticos.

Los visitantes van en paracaídas y van en lanchas rápidas, y se reúnen en multitudes para tomar selfies al atardecer en la playa, donde docenas de botes amarrados obstruyen las vistas del agua.

REMODELACIÓN MODERNA

Incluso antes de la intervención de Duterte, el gobierno local estaba dando algunos pasos hacia un cambio de imagen de Boracay. En noviembre, contrató a un conocido urbanista, Felino Palafox, cuya empresa ha gestionado más de 1.200 proyectos en 28 países.

    Palafox propone la introducción, después de la rehabilitación de seis meses, de regulaciones e infraestructura moderna para gestionar el turismo y hacer que Boracay sea ambientalmente sostenible.

Su plan incluye tener solo vehículos eléctricos, construir una calle ancha con un tranvía y un sendero peatonal de 7 kilómetros, y recuperar los edificios de la playa. Se restringiría la altura de las construcciones y las empresas recibirían incentivos para instalar paneles solares y plantar árboles.

El plan está siendo considerado por el gobierno local y nacional pero todavía no se ha tomado una decisión.

traducido por Irene Powers en la redacción de Madrid

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