26 de noviembre de 2011 / 9:19 / en 6 años

PERFIL - Rajoy, "un señor normal" para tiempos de crisis

* Es ciudadano de provincias casado con una mujer de Pontevedra, su ciudad natal

* Su estilo cauto le convierte en un poco prometedor gestor de la crisis

* Orgulloso de moderar al PP

Por Fiona Ortiz

MADRID, 26 nov (Reuters) - Si te encuentras a un gallego en una escalera, nunca sabrás si sube o baja. Ese es el estereotipo de los naturales de esta región, reservados e impenetrables.

Y es una buena pista del estilo de liderazgo del próximo presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, cuya formación - el Partido Popular - ganó por abrumadora mayoría las elecciones generales y al que ahora espera un difícil tiempo por la delicada situación financiera.

Rajoy, moderado y cauto, es un gestor poco prometedor para una crisis que demanda decisiones rápidas. Uno de cada cinco trabajadores está en el paro y los costes de endeudamiento se han disparado a niveles insostenibles, lo que plantea la hipótesis de una desintegración de la zona euro, algo que sería potencialmente devastador.

Rajoy, de 56 años, creció en una familia de provincias tradicional. En su autobiografía, que ha publicado este año, el único indicio de rebelión juvenil fue una aventura en autostop a Barcelona. Pero incluso entonces, pidió permiso a su padre, juez, antes de marcharse.

“Yo soy un señor normal”, ha declarado a las personas que tratan de descifrar su críptico comportamiento.

El líder del PP, que una vez fue un ávido ciclista y es seguidor del Real Madrid, fuma puros de manera ocasional. Tras perder sus segundas elecciones generales en 2008, superó los ataques que en el seno de su partido cuestionaban su liderazgo.

Su conformismo le hace parecer rígido y anticuado - lamenta el declive del latín en las escuelas - y tiene dificultades para conectar con los jóvenes frustrados que tomaron las calles este año para protestar por sus negras perspectivas laborales.

Aunque lleva en la escena política nacional más de 20 años, Rajoy no se ha despegado de su formación de clase media provinciana. Sus tres hermanos menores y él han avanzado sin problemas en la meritocracia tras una formación católica.

Rajoy se dejó crecer la barba para cubrir las cicatrices de un grave accidente de coche y nunca más se volvió a afeitar.

Estudió derecho y aprobó la oposición a registrador de la propiedad, profesión que fue su primer trabajo, un puesto que incluso sus amigos admiten que es tremendamente aburrido. Como muchos de su generación, entró en política inspirado por el fermento político de la transición española tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975.

Tras ser elegido para varios puestos locales y regionales en Galicia en los 80, Rajoy llegó a Madrid y ejerció cuatro diferentes puestos ministeriales en el Gobierno de José María Aznar, entre 1996 y 2004.

Sus críticos dicen que el prudente Rajoy tuvo un impacto limitado en sus puestos políticos, como ministro de Educación, y que Aznar le promocionó porque era un miembro del Gobierno que no podía hacerle sombra.

Rajoy era vicepresidente de Aznar en 2002 durante el mayor desastre medioambiental del país, cuando el petrolero Prestige naufragó frente a la costa de Galicia vertiendo su carga de petróleo y afectando a gran parte de la costa del Cantábrico. La oposición y los medios de comunicación le criticaron por minimizar el asunto.

Rajoy, que según todos los relatos es un hombre escrupuloso, dijo que se había sentido herido por las acusaciones de que había mentido.

“Sobre todo, en los momentos de crisis, demuestra una enorme tranquilidad. No pierde la paciencia, es una persona tremendamente templada”, dijo José María Lassalle, moderado del PP y posible ministro de Cultura que conoce a Rajoy desde hace ocho años.

Aznar nombró a Rajoy como su sucesor como líder del partido, y si no llega a ser por los ataques islamistas contra trenes de cercanías en Madrid cuatro días antes de las elecciones generales de 2004, probablemente hubiera sido presidente del Gobierno antes.

Aznar atribuyó a ETA los atentados, que fueron perpetrado por islamistas, lo que dio la victoria por sorpresa a los socialistas.

Rajoy se presentó, y volvió a perder, en 2008.

Después sobrevivió a la inevitable lucha interna en el partido que se produjo a continuación, aferrándose a su liderazgo en el PP convenciendo a los pragmáticos de que le ayudaran a deshacerse de los conservadores de los que se rodeó Aznar y desplazar el partido hacia el centro.

“Ni se cree el rey del mambo cuando gana y barre, ni sale bailando flamenco, pero cuando pierde no se hunde en la miseria”, dice un asesor que le conoce desde hace 20 años.

UN MODERADO ORGULLOSO

En el pasado, los líderes del PP o eran autoritarios, como Manuel Fraga, que fue ministro durante la dictadura, o tenían un marcado perfil ideológico, como el conservador Aznar.

Rajoy rompe la tradición. Incluso sus críticos en el seno del partido le reconocen el haber promocionado a los moderados, como el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, un cambio que dicen ha hecho el partido atractivo a un espectro más amplio de votantes. La mayoría de votantes españoles se definen como de izquierdas o centro.

Rajoy afirma que la derecha más radical es parte de la historia. “Franco no existe. No somos cavernícolas”, dijo acaloradamente en una conversación con periodistas extranjeros este año.

Rajoy lleva vaqueros y polos para su paseo diario en un parque cerca de su casa en Aravaca, un barrio acaudalado de Madrid. Algunos guardaespaldas le siguen de lejos, pero algunas veces no. Se para y habla con sus vecinos.

Manteniéndose en la comodidad de su provincia, Rajoy se casó con una mujer de su ciudad. Su hermano le presentó en 1992 a Elvira Fernández, diez años más joven, que estudió administración de empresas y también es de Pontevedra, la población que Rajoy considera su ciudad aunque nació en Santiago de Compostela.

Se casaron en 1996, cuando Rajoy tenía 41 años y acababa de jurar el cargo como ministro por primera vez. Tuvieron que cambiar la fecha de la boda porque la que originalmente habían previsto coincidía con una votación en el Congreso.

Su primer hijo se llama Mariano, como su padre y su abuelo, y el pequeño, Juan.

Rajoy está decidido a que sus hijos, que ahora tienen 12 y seis años, aprendan idiomas, especialmente inglés, porque siente que sus carencias en esta lengua son un lastre mientras trata de sacar a España de una crisis que requiere una enorme coordinación con otros líderes europeos.

Después de que su partido obtuviera su mayor mayoría en la Cámara Baja en 30 años, Rajoy pronunció un sobrio discurso de victoria comprometiéndose a ponerse a trabajar de inmediato.

“No va a haber milagros, no los hemos prometido... Os pido que me sigáis ayudando, que me sigáis apoyando, vienen tiempos difíciles pero tendremos ganas, coraje, determinación”, dijo a sus seguidores en la sede del PP el domingo por la noche.

La única muestra de animación fue un ligero bote, a petición del público.

“Para saber su estado de ánimo, hay que mirar la cara de su mujer”, dijo el diario El Mundo, diciendo que ella es mucho más “humana” que él.

Mientras sus simpatizantes ondeaban banderas y cantaban, en un momento dado Rajoy rodeó con el brazo a Fernández y la besó. El gesto, no tan espontáneo, fue diseccionado por la prensa al día siguiente, lo que probablemente refuerce su timidez a la hora de aparecer en público.

No obstante, no se prevé que sea tan defensora de su intimidad como Sonsoles Espinosa, la esposa del presidente en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, que apartó totalmente a la prensa española después de que criticaran ferozmente a sus hijas adolescentes por llevar botas de combate y ropa negra en una visita a la Casa Blanca.

Debido quizá a su rigidez, Rajoy no es tan entrañable para los españoles, no muy propensos a contener sus emociones. Su victoria electoral se cimentó más en los errores socialistas y en la huída de votantes del PSOE a partidos pequeños más que a una fascinación por la propia agenda de Rajoy.

Durante meses y meses había una paradoja en las encuestas de opinión. Los españoles daban una nota mala a Rajoy, al considerar que no entendía sus problemas. Pero al mismo tiempo las encuestas anticipaban la victoria del PP ya que la desilusión con los socialistas estaba aumentando, debido a la alta tasa de desempleo del país.

Finalmente, comenzó a ganar popularidad conforme la gente le comenzó a ver como un ganador a la luz de la probable victoria del PP.

UN IMPROBABLE GESTOR DE CRISIS

Rajoy - a quien los inversores internacionales piden acciones rápidas para los problemas de deuda del país - es más conocido por el autocontrol y por escuchar con atención a sus asesores más que por adoptar iniciativas fuertes.

Lo bueno de su carácter reservado es que ha mantenido la independencia y no debe favores ni a los líderes empresariales ni a los dirigentes del partido. Eso implica que puede elegir a un gobierno técnicamente fuerte para gestionar la crisis, forzando una nueva reestructuración de los bancos e impulsando drásticos recortes de gasto.

Rajoy debería estar en consonancia con los actuales líderes europeos, la mayoría conservadores. No obstante, algunos críticos se quejan de que no ha forjado lo suficiente una relación con la canciller alemana, Angela Merkel, un importante aliado cuando España y toda la zona euro tratan de defenderse de los ataques de los mercados.

No asumirá el cargo hasta mediados de diciembre, un periodo de transición relativamente largo que parece ser un agonizante tiempo de incertidumbre.

El lunes, su primer día como futuro presidente del Gobierno, Rajoy se negó a dar ninguna pista sobre quién conformará su equipo económico y el martes los costes de endeudamiento del país aumentaron de forma dramática en una subasta de bonos a corto plazo.

“Es difícil cambiar una persona con su edad y su temperamento. Su estilo seguirá siendo su estilo aunque no le convenga. Nos torturará haciéndonos esperar”, dijo un experto en Rajoy, que pidió no ser identificado.

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