8 de agosto de 2011 / 14:08 / hace 6 años

ANÁLISIS - Más allá de la deuda, ¿una crisis de globalización?

Por Peter Apps

LONDRES, 8 ago (Reuters) - La crisis en el sistema político y financiero internacional va más allá de los problemas de deuda que actualmente asolan a Occidente, y llega al corazón de la forma en que se ha gestionado la economía mundial durante dos décadas.

Tras depender de ella para forjar años de crecimiento, sacar a millones de la pobreza, elevar el nivel de vida y tener felices a los ciudadanos, los países parecen haber perdido el control de la globalización.

A corto plazo, eso deja a los legisladores impotentes ante unos mercados que se mueven rápido y otros sistemas incontrolados y quizás incontrolables, minando su autoridad y ayudando potencialmente a alimentar el descontento social y las reacciones violentas.

A largo plazo, aún hay muestras de que el mundo podría repetir los errores de los años 30 y caer en el proteccionismo y en la polarización política. Hay pocas soluciones obvias, y algunos de los problemas subyacentes se han gestado durante mucho tiempo.

“En un momento de recesión económica, los países tienden a volverse aislacionistas y atrincherarse frente a la globalización”, dice Celina Realuyo, profesora adjunta de asuntos de Seguridad Nacional en la Universidad de Defensa Nacional de Estados Unidos en Washington DC.

“Dado el mayor número de participantes en cada tema - cambio climático, sistema financiero global, ciberseguridad - no está tan claro cómo pueden los países tradicionales liderar cualquier asunto, por no decir construir consenso a nivel global”, dijo.

El sistema financiero, Internet e incluso la cadena de suministro para los recursos naturales han ido quedando poco a poco lejos de formas eficaces de control estatal.

Estos instrumentos de globalización han aportado una riqueza enorme y mantenido a las economías en marcha, podría decirse que con más eficiencia, pero también pueden volverse rápidamente en contra de las autoridades.

Igual que el ex presidente de Egipto Hosni Mubarak descubrió que desconectar Internet no bastaba para impedir las protestas impulsadas en Internet que le derrocaron, las naciones más poderosas del mundo se están enfrentando a su incapacidad para controlar los mercados y los flujos financieros.

La tecnología y la desregulación permiten que información y activos circulen por el mundo más rápido que nunca, quizá más deprisa de lo que pueden controlar los estados, incluso con sofisticadas leyes, censuras y otros controles.

El consenso general de la cumbre del G-20 de 2009 ya se ha visto reemplazado por un tono mucho más feo de polarización y recriminaciones cruzadas, tanto a nivel nacional como internacional.

Rusia y China, que en su día hubieran presionado con discreción, critican ahora airadamente a Estados Unidos, a quien el primer ministro ruso, Vladimir Putin, describe como una economía “parásita”.

En Estados Unidos y Europa, grupos de extrema derecha como el Tea Party, euroescépticos y fuerzas nacionalistas parecen estar en auge, en ocasiones bloqueando la toma de decisiones políticas. En la izquierda, crecen las peticiones de aumentar los controles sobre capital y los mercados sin ataduras.

En el último año, el valor de las monedas mundiales se ha convertido en fuente de tensiones internacionales, con grandes estados acusándose entre sí de “devaluación competitiva” para fomentar la exportación.

En cuanto al ciberespacio, los países temen que potentes ataques informáticos sobre sistemas esenciales puedan algún día provocar guerras, y ya hay conflictos sobre ciberespionaje sembrando la desconfianza mutua.

CENSURA Y CONTROLES, ¿IMPOSIBLES?

Es improbable que los estados puedan abandonar completamente de sistemas globalizados de los que han terminado dependiendo.

“La Red ve la censura como un daño, y la rodea”, dijo en 1993 el gurú de la informática John Gilmore. En el moderno sistema globalizado de alta velocidad, uno podría decir lo mismo de los intentos de restricciones económicas y financieras.

Muchas áreas de la economía global se han convertido en la práctica en un “espacio ingobernado” al que se han lanzado con entusiasmo desde delincuentes hasta empresas internacionales como Google o Goldman Sachs, hasta innumerables personas y grupos.

Algunos señalan que las peticiones de que se impongan nuevos controles no dan en el blanco. En cualquier caso, muchas de las crisis actuales en el sistema son el resultado de los intentos por controlar o distorsionar los mercados y los flujos económicos.

“Irónicamente, la teoría era siempre que (...) la moneda única (el euro) impediría que los capitalistas desagradables desestabilizaran a Europa”, señaló Charles Robertson, economista jefe del banco ruso británico Renaissance Capital, refiriéndose a la intención del euro de liberar a los estados miembros de inacabables fastidios internos en torno al cambio de moneda.

“Así que la respuesta breve es no, sin enormes controles de capital, los estados no pueden parar esto”, añadió Robertson.

Podría decirse que el sistema financiero global tiene problemas y desequilibrios similares, pero después de décadas de ser mayormente ignorados, parecen estar desarrollándose deprisa, gracias a los rápidos mercados que los alimentaron antes.

Eso es un problema no sólo para los países occidentales que ya están en dificultades, sino para las factorías emergentes que algunos confiaban pudieran reemplazar a los primeros con fuente de liderazgo global.

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