8 de agosto de 2012 / 17:33 / en 5 años

ANÁLISIS-Monti va a por todas en la lucha de la eurozona

* Monti refleja temor italiano sobre crisis de deuda

* También está bajo presión política en su país

* Pretende que Merkel acepte escudo frente al mercado de bonos

Por Barry Moody

ROMA, 8 ago (Reuters) - El primer ministro italiano, Mario Monti, ya no se esconde en su lucha para salvar a Italia del desastre de la deuda en la eurozona y se atreve a enfrentarse a Alemania de una manera impensable unos meses atrás.

Su cambio de actitud está provocado por la creciente exasperación italiana ante los repetidos retrasos en la formulación de una respuesta efectiva a la crisis en el mercado de bonos, que ha situado a España e Italia en primera línea de una amenaza existencial para el euro en particular y quizás para la Unión Europea en su conjunto.

Monti está intentando presionar a la canciller alemana, Angela Merkel, para que se acuerde un escudo europeo contra los altos costes de financiación que están agobiando a Madrid y Roma, y que el primer ministro italiano considera que ponen en riesgo la propia supervivencia del euro si ambos países pierden el acceso a los mercados.

Sin embargo, las explícitas tácticas de Monti ya han provocado reacciones en Alemania y el riesgo se ha demostrado contraproducente.

Esta ofensiva refleja una parte de la presión doméstica que afronta Monti, cuya popularidad ha caído desde más de un 70 por ciento hasta alrededor del 35 por ciento actual, debido al enfado generalizado ante la falta de recompensa tras los sacrificios hechos para reducir la deuda y que han empeorado la profunda recesión del país.

Monti -un respetado profesor de economía, políticamente independiente y con conocimiento de francés e inglés- fue designado en Noviembre para suceder al multimillonario magnate de los medios Silvio Berlusconi, mientras Italia se tambaleaba hacia una situación económica al estilo de Grecia.

Sin hacer ruido se puso manos a la obra, raramente levantando la voz, e impuso recortes y subidas de impuestos por más de 20.000 millones de euros en unas semanas, además de una serie de medidas encaminadas a estimular una economía crónicamente estancada.

Desde junio, los europeos han visto a un nuevo y más duro Monti que se resiste al discurso alemán que ha hecho muy impopular a Merkel en los países del sur de Europa.

El primer ministro italiano sorprendió a la canciller alemana uniendo sus fuerzas con el presidente español, Mariano Rajoy, en la cumbre europea de finales de junio para bloquear cualquier acuerdo hasta que Alemania aceptase que, en primera instancia, el fondo de rescate de la eurozona pudiera ser empleado para contener los costes de financiación de la tercera y la cuarta economía del bloque monetario.

Aunque aquel acuerdo acabó siendo menos significativo de lo que era en un principio, Monti pudo regresar triunfante de Bruselas y evitar una revuelta que se cocía a fuego lento en la coalición de partidos que le sustentan en el parlamento.

Por su parte Merkel, bajo la fuerte presión de su propia coalición y ante unas elecciones el próximo año, Merkel acabó descontenta con el resultado y se ha alejado de él desde entonces - una explicación para la renovada ofensiva de Monti.

PRESTIGIO

El moderado Monti, de comportamiento distinguido y con talante diplomático, no podría haber significado un contraste mayor con Berlusconi, cuyos escándalos sexuales y financieros y sus repetidos patinazos a nivel internacional habían acelerado la crisis italiana.

Pero Monti se ha ido mostrando más directo con Alemania, explotando su prestigio como un respetado ex comisario de la Unión Europea al que los italianos consideran más experto que sus colegas de la eurozona en el entendimiento de la crisis.

En la que ha podido ser una estrategia planeada, Monti empleó varios meses en construir sus credenciales como el más “alemán” entre los italianos para poder después explotar esa imagen ante Berlín.

Monti considera que su deber es liderar una respuesta ante la emergencia de deuda, y se queda trabajando en un caluroso verano mediterráneo mientras otros líderes, incluida Merkel, se toman vacaciones.

La semana pasada, el primer ministro italiano - que dijo que sólo se tomará seis días libres este mes - mantuvo conversaciones con sus homólogos finlandés, francés y español.

El objetivo de Monti parece ser superar la reticencia de Berlín a aceptar la compra de bonos soberanos por parte de los fondos de rescate y del Banco Central Europeo, algo a lo que el presidente del BCE, Mario Draghi, abrió la puerta con condiciones la semana pasada.

Mientras que Berlín tiene que esperar a que su Tribunal Constitucional tome una decisión sobre la legalidad del mecanismo permanente de rescate, Monti está presionando a Merkel para que asuma un compromiso más urgente con el que salvar el euro antes de que sea demasiado tarde. Algo con lo que los partidos de la oposición alemana están de acuerdo.

Monti ha advertido de que las tensiones dentro del bloque podrían destruir la eurozona y expresó sus preocupaciones sobre un creciente sentimiento anti-alemán y anti-europeo en Italia.

“Tiene miedo de que si los mercados ven a Europa dividida, discutiendo y reacia a buscar una política clara, ataquen al más débil. Por el momento ése es España, pero Italia podría ir inmediatamente detrás”, dijo a Reuters Sergio Romano, exembajador italiano y respetado analista.

Durante su visita a Helsinki, Monti jugó una de sus cartas más duras: el aterrador fantasma del regreso de Berlusconi, que ha sugerido abiertamente que Italia podría sobrevivir fuera del euro.

“Puedo asegurarle que si (el rendimiento el bono) se mantiene en estos niveles por más tiempo, entonces vamos a ver en Italia un Gobierno sin orientación europea, sin disciplina fiscal”, dijo.

De manera más deliberada, Monti dijo en declaraciones al semanario alemán Der Spiegel que lo que Italia quería era apoyo, y no dinero, de Alemania, apuntando que Roma no había recibido un solo euro de Berlín, en contra de las percepciones alemanas. También añadió que Alemania era el mayor beneficiario del euro, disfrutando de bajos tipos de interés mientras las italianas se disparaban.

Monti recibió un fuerte apoyo doméstico de todo el espectro político, con Pier Luigi Bersani, líder del centro izquierdista Partido Democrático, apoyando la petición de más flexibilidad alemana.

“La unificación de Alemania se hizo para conseguir un equilibrio entre una gran Alemania y una Europa integrada... tanto los italianos como los alemanes deberían recordar esto”, dijo Bersani. (Editado por Paul Taylor; traducido por Borja González Andrés)

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