12 de abril de 2012 / 17:43 / hace 5 años

ANÁLISIS-España está en la UCI, grave pero no crítica

* Rentabilidad de bonos es alarmante, pero Gobierno tiene tiempo

* Alto porcentaje de financiación ya cubierta y apoyo de eurozona, cruciales

* Todas las miradas se dirigen a BCE, que dice haber hecho ya su trabajo

Por Fiona Ortiz y Jan Strupczewski

MADRID/BRUSELAS, 12 abr (Reuters) - España está en un profundo agujero económico y financiero. El paro supera el 23 por ciento y el país no ha cumplido el objetivo de reducir su déficit presupuestario.

Con el rendimiento de la deuda española a 10 años en niveles de en torno al 6 por ciento, muchos expertos creen que un hipotético humillante rescate internacional vendría motivado por un rescate de un sistema bancario debilitado, como la economía, por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Este resultado no es inevitable. Una explicación benévola atribuye la renovada pérdida de fe en el mercado a errores de cálculo políticos y una pobre comunicación por parte de un gobierno novato.

La confianza podría retornar si la estrategia a medio plazo del presidente Mariano Rajoy de reducir la deuda y el déficit públicos y apuntalar a los bancos se percibe como creíble. Después de todo, el ajuste en relación al exterior está en marcha: el déficit por cuenta corriente se contrae y unos costes laborales a la baja están impulsando las exportaciones.

El economista de Deutsche Bank Gilles Moec dijo que el anuncio del Gobierno español de recortar 10.000 millones de euros en sanidad y educación era una prueba de que Rajoy, que asumió el poder en diciembre pero no desveló sus presupuestos hasta marzo, estaba recuperando el tiempo perdido.

“Hemos visto más progresos en unos pocos días que en cuatro meses”, dijo Moec. España no se enfrenta a una emergencia ni es incapaz de hacer reformas, opina. “Es un país que es sostenible intrínsecamente, pero es un país que necesita tomar decisiones”.

APOYO POLÍTICO

Rajoy tiene dos cosas a su favor mientras se esfuerza por aplacar a unos mercados volátiles y exigentes.

Pese a todos sus primeros pasos en falso, el Gobierno ha hecho un buen uso de la generosidad del Banco Central Europeo (BCE) al proveer a los bancos de la zona euro con 1 billón de euros en financiación barata a tres años. Los bancos españoles, como los italianos, tomaron el dinero para cubrir su propia deuda a corto plazo y para comprar deuda de sus respectivos gobiernos.

España ha aprovechado esta situación para cubrir ya un 45 por ciento de sus necesidades de financiación de este año, una ventaja importante, pese a que las abultadas compras de deuda soberana por parte de entidades domésticas atan incluso más el futuro financiero de los bancos españoles al de la deuda soberana.

“España se mueve en la dirección correcta”, dijo un responsable político de la zona euro. “Podrían haber hecho antes algunas cosas, pero aún hay tiempo porque no tienen necesidades inmediatas de financiación. Tienen unos pocos meses”, añadió.

En segundo lugar, Rajoy disfruta del apoyo político de sus socios de la zona euro - pese a alguna crítica de Italia, que achaca la subida del rendimiento de sus bonos a las políticas de España.

Alemania, el motor de la zona euro, hizo todo lo posible para lanzar el mensaje de que los mercados no estaban reconociendo los esfuerzos de España para poner a punto su economía y ganar competitividad.

El Gobierno español dice que los mercados deberían dar tiempo para que las reformas tengan efecto. Entre ellas hay una reforma laboral que va más allá de las expectativas de muchos economistas; una nueva ola de reestructuraciones en la banca con grandes saneamientos de activos inmobiliarios y una ley que castiga a las regiones que no alcancen los objetivos de reducción del déficit.

Una fuente del Gobierno dijo que España sabía que estaba en el centro de atención y que no se dejaría dominar por el pánico ante el repunte del rendimiento de la deuda sino que permanecería firme y esperaría a que las reformas surtan efecto.

“Tenemos que atarnos al mástil e ignorar los cantos de sirena”, dijo la fuente.

TENSIÓN BANCARIA

¿Qué pasa si las reformas no dan su fruto rápidamente y no vuelve la confianza del mercado?

España prevé que su economía se contraiga un 1,7 por ciento este año en un contexto de caída de la demanda doméstica, con un objetivo de reducción de su déficit público hasta el 5,3 por ciento del PIB desde el 8,5 por ciento con el que cerró 2011.

Muchos economistas dicen que el riesgo es que la economía se contraiga aún más rápido, dejando el objetivo del déficit del 3 por ciento para 2013 lejos de su alcance y decepcionando a los inversores.

Mucho dependerá de la velocidad a la que los precios de las viviendas, que han caído un 22 por ciento desde su momento álgido en 2007, sigan bajando.

Las experiencias en Estados Unidos e Irlanda con ‘booms’ inmobiliarios y posteriores pinchazos sugieren que queda un largo trecho por recorrer.

La morosidad crediticia, en máximos de 18 años, y un paro al alza pueden desencadenar más impagos de hipotecas, haciendo más sombrías las perspectivas de los bancos españoles.

La estrategia del Gobierno es forzar a los bancos a apartar 50.000 millones de euros en provisiones contra pérdidas en el sector inmobiliario y alentar a una consolidación más rápida en el sector.

Las perspectivas de una inyección fresca de capital privado son pobres. No hay novios que hayan dado un paso adelante por Bankia, una entidad sistémica cuya cartera de créditos al sector inmobiliario está especialmente bajo el escrutinio del mercado.

Los responsables del banco central y del Gobierno han manifestado con firmeza que no se necesitará ayuda pública y que existen fondos para lidiar con eventuales necesidades. Argumentan que el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) - un vehículo financiado con aportaciones de la propia banca - puede recargarse si es necesario con hasta 20.000 millones de euros a través de deuda avalada por el Gobierno o préstamos por parte de los bancos saneados.

Javier Díaz-Jiménez, profesor de Economía de la escuela de negocios IESE en Madrid, dijo que el Gobierno se estaba engañando a sí mismo.

“Cualquiera que sea la solución por la que opten van a necesitar mucho capital - 50.000, 100.000 millones de euros ¿Quién sabe cuánto? - y sólo puede venir de fuera de España”, dijo. “Ahora mismo, el Estado es incapaz de poner ni siquiera 20.000 millones de euros”, añadió.

“El sector bancario español está en quiebra, y si no es quiebra parece una quiebra. Y si parece una quiebra no puede lograr financiación a un precio razonable en los mercados internacionales”, dijo.

ABANICO DE OPCIONES

Esto lleva al corazón de las preocupaciones del mercado de que un Estado ya sobreendeudado tendrá que pagar en última instancia para el saneamiento bancario. El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, echó el jueves más leña al fuego diciendo que los bancos podrían necesitar más capital si la economía se deteriora más de lo previsto.

El responsable político de Bruselas expresó sorpresa porque no veía grandes necesidades de capital inmediatas, mientras que un responsable español de alto nivel descartó acudir a los fondos de rescate de la zona euro - el actual Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y el embrionario Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE).

Pero la especulación sobre algún tipo de préstamo externo se ha intensificado por el aumento de los rendimientos de la deuda.

Los economistas de Citigroup creen que España necesitará un rescate este año. Ven un abanico de posibilidades que va desde un programa de préstamos a cambio de reformas similar a los de Grecia, Irlanda y Portugal -supervisados por la Comisión Europea y el FMI - hasta una línea de crédito de contingencia con unas condiciones más o menos duras.

“El desencadenante podría ser la pérdida de acceso al mercado de forma asequible, pero es más probable que el BCE haga algún tipo de programa para España como condición a cambio de continuar financiando a los bancos españoles, que actualmente son los mayores compradores de deuda emitida por España”, dijeron Ebrahim Rahbari y Guillaume Menuet en un informe.

El papel del Banco Central Europeo en la solución de las preocupaciones por la zona euro también es un tema polémico.

Al dar préstamos ilimitados a tres años, el presidente del BCE, Mario Draghi, demostró su decisión de evitar que el pánico sobre los niveles de deuda soberana se convierta en un gran problema de crédito generalizado. El riesgo de un colapso de bancos de la zona euro por falta de financiación en el mercado mayorista, como el del estadounidense Lehman Brothers en 2008, se ha disipado.

Pero el BCE cree que ya ha hecho su parte y que ahora le toca a España y a otros gobiernos ayudarse a sí mismos con reformas. “Los mercados están pidiendo a estos gobiernos que actúen”, dijo Draghi la semana pasada.

Los responsables del BCE dicen en privado que están preocupados por el déficit español y que no están contentos por la respuesta del Gobierno. Pero creen que los problemas se pueden solucionar a través de acciones firmes y que España puede superarlo sin solicitar un rescate.

TENSIONES EN BCE

El miembro del consejo de gobierno del BCE Benoit Coeure recordó la víspera la posibilidad de ayudar a España resucitando el programa de compra de deuda en el mercado secundario (SMP, por su sigla en inglés) por parte de la institución monetaria.

El banco central ha comprado 214.000 millones de euros en bonos de la zona euro en el mercado secundario desde mayo de 2010 para rebajar los rendimientos, pero no ha comprado nada en siete de las últimas ocho semanas.

Reactivar la compra de bonos encontraría resistencia del alemán Bundesbank, que percibe que el SMP viola las normas europeas que prohíben al BCE financiar gobiernos.

Otra opción que sopesan en Francfort y Bruselas sería un préstamo del FEEF/MEDE para recapitalizar el sistema bancario.

Pese al rechazo del BCE a que se perciba que hace el trabajo de los gobiernos, el banco podría verse forzado a actuar de emergencia dado el tiempo necesario para lograr que las intervenciones del FEEF/MEDE lleguen a su destino, dijo David Mackie, economista de JP Morgan en Londres.

“No estamos seguros de si cualquiera de esas intervenciones externas será necesaria. Depende de si los rendimientos de la deuda soberana siguen subiendo y de si el estrés en la financiación se extiende a los bancos. Pero no tenemos dudas de que el apoyo estará ahí si se necesita”, dijo.

El BCE no ha sido tímido a la hora de usar premios y castigos para espolear a que los gobiernos tomen acciones.

Cuando el anterior primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, no logró mantener sus promesas reformistas, el BCE disminuyó las compras de bonos italianos en el SMP, haciendo que los rendimientos subieran hacia zonas de castigo e indirectamente precipitando la dimisión de Berlusconi.

La lección para España de este episodio y del reciente aumento de los rendimientos de su deuda es que el Gobierno de Rajoy no se puede permitir despilfarrar su apoyo y su credibilidad.

No puede tomarse un respiro, como hizo al posponer los presupuestos hasta después de las elecciones autonómicas en Andalucía a finales de marzo. También debe aprender de los errores - sobre todo su decisión unilateral de arañar una moderación del objetivo de reducción del déficit que el anterior Gobierno había acordado con la Comisión.

Mucho dependerá de la evolución en los próximos meses. El Gobierno tendrá que contener el gasto mientras se profundiza la una recesión y enfrentarse a poderosos políticos regionales que no quieren apretarse el cinturón.

Un responsable de la UE dijo que la política doméstica podría plantear problemas en las próximas semanas - lo que generaría un mayor nerviosismo en los mercados. Pero también se mostró esperanzado por el resultado de las reformas que comenzaría a verse a medida que pasa el año.

“Estoy bastante seguro sobre España. No lo estaba hace unas pocas semanas, pero ahora creo que las cosas van en la dirección correcta”, dijo. (Información adicional de Paul Carrel y Eva Kuehnen en Francfort, Sonya Dowsett, Jesús Aguado y Julien Toyer en Madrid, y Alan Wheatley y Sinead Cruise en Londres; escrito por Alan Wheatley; editado por Paul Taylor y Janet McBride, traducido por Rodrigo de Miguel)

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