10 de septiembre de 2017 / 13:44 / en 16 días

Merkel y los refugiados: cómo la canciller alemana resurgió de un precipicio político

Por Noah Barkin

BERLÍN, 10 sep (Reuters) - Hacia el final de un reciente discurso de campaña en el norte de Alemania, la canciller Angela Merkel habló de la crisis de refugiados europea en 2015 y ofreció a su audiencia un mensaje doble y reconfortante.

Los alemanes deberían estar orgullosos de la cálida bienvenida que dieron a cientos de miles de solicitantes de asilo, muchos de los cuales huían de la guerra y la persecución en Oriente Próximo, dijo ante las más de 1.000 personas reunidas en el pueblo pesquero de Steinhude.

Luego cambió de marcha: “Lo que sucedió en 2015 no puede y no debería y no va a suceder otra vez”.

Es una frase que ha utilizado una y otra vez en las plazas de toda Alemania durante la campaña para su cuarto mandato de las elecciones federales del 24 de septiembre que probablemente ganará. [nL5N1LQ0H1

Han pasado dos años desde que abrió las fronteras de Alemania a los solicitantes de asilo para evitar lo que según ella hubiese sido un desastre humanitario. La decisión hundió entonces su popularidad, pero ya ha conseguido salir del pozo más profundo de su carrera política.

Hay muchos factores detrás de esta recuperación, pero pocos tan importantes como su habilidad para hacer una narrativa de la crisis de refugiados que muchos alemanes pueden apoyar, tanto si aplaudieron como si condenaron sus medidas en 2015.

“Merkel no está aplicando una política de fronteras abiertas y eso encaja perfectamente con el estado de ánimo del país”, dijo Robin Alexander, autor de un libro superventas sobre la gestión de la crisis de refugiados por parte del gobierno alemán.

“A mucha gente le gusta la imagen de Alemania como un modelo de virtud humanitaria, pero al mismo tiempo saben que el país no puede seguir recibiendo a los refugiados como lo hizo. Es a esta serie de sentimientos a los que apela Merkel”.

Para finales de 2015, 890.000 solicitantes de asilo habían entrado en Alemania, muchos sin controles de identidad adecuados, sobrepasando a las comunidades locales.

Las medidas de Merkel dividieron a Europa y condujeron a un mayor rechazo de la inmigración. El partido derechista Alternativa para Alemania (AfD) seguramente entrará en el parlamento por primera vez.

Un año después de su decisión y después de una serie de ataques de pequeña escala de extremistas islamistas en Alemania, sus índices de popularidad cayeron en 30 puntos hasta el 45 por ciento y tuvo que enfrentarse a preguntas sobre si volvería a postularse a la cancillería.

Sin embargo, hoy el 63 por ciento de los alemanes considera que está haciendo un buen trabajo y, según una encuesta de la Fundación Bertelsmann esta semana, el 59 por ciento cree que el país está en el camino correcto.

“Ha sido un camino de regreso largo y difícil”, dijo uno de sus principales asesores. “Pero hemos llegado a un punto en el que la cuestión de los refugiados ya no es algo negativo para Merkel en la campaña electoral”.

SIN ALTERNATIVA

A Merkel le han ayudado acontecimientos externos como el Brexit en Reino Unido y la victoria electoral de Donald Trump en Estados Unidos en 2016, que han reforzado su atractivo como garante de la estabilidad.

La decisión de Macedonia a principios de 2016 de cerrar su frontera con Grecia redujo el flujo de refugiados, aliviando la presión sobre Alemania. Y el país no ha sufrido ningún gran ataque islamista, algo que podría haber provocado una reacción en el electorado.

Pero la habilidad de Merkel para entender a sus compatriotas también ha sido crucial.

En muchas de sus apariciones públicas, sufre protestas de manifestantes anti-inmigración que tratan de sofocar sus discursos con silbidos y cantos pidiendo su dimisión.

En Steinhude, una mujer sostenía una pancarta con la mano en forma de diamante de Merkel sobre una bandera alemana con un agujero de bala sangriento en el medio. “Te ofrezco terror, muerte y caos”, rezaba.

Pero la docena de manifestantes quedaron eclipsados por los partidarios de la canciller que aplaudieron su mensaje.

“No estoy seguro de que hubiese otra forma de gestionar la crisis de los refugiados. Esos refugiados tenían que ir a algún lugar”, dijo Willi Kordes, de 70 años, que dirige una empresa de tratamiento de aguas residuales en la cercana localidad de Vlotho. “No creo que nadie lo pueda hacer mejor”.

También le favorece de cara a los comicios el hecho de que muchos de los otros partidos establecidos en Alemania, incluyendo a los socialdemócratas del SPD liderados por Martin Schulz, el principal rival de Merkel, respaldasen en su momento la política de puertas abiertas de la canciller.

Alternativa para Alemania, con una campaña de tintes racistas que ha ahuyentado a algunos votantes, se ha alejado de los máximos de popularidad de los que gozaba en 2016.

El único partido tradicional que ha presentado una alternativa firme es el democristiano CSU, partido hermano en Bavaria de la CDU de Merkel. Y votar al CSU es votar a Merkel.

Traducción de Jose Elías Rodríguez

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