17 de octubre de 2012 / 12:08 / en 5 años

BREAKINGVIEWS-Banco malo español requerirá acrobacias financieras

(Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son propias)

Por Hugo Dixon y George Hay

LONDRES, 17 oct (Reuters) - - El primer paso del plan de España para sanear su sistema bancario fue realizar una prueba de resistencia el mes pasado para recapitalizar las entidades débiles. El segundo será aparcar los activos tóxicos cuyo valor se ha precipitado por el estallido de la burbuja inmobiliaria en un “banco malo” o sociedad de gestión de activos (SGA).

La idea básica es buena. Si las entidades de crédito pueden vender los activos inmobiliarios heredados, estarán en mejor disposición para dejar atrás el pasado y comenzar a apoyar la decreciente economía española. Al mismo tiempo, un banco malo puede en teoría liquidar estos activos de manera controlada en lugar de soltarlos a precio de saldo.

Sin embargo, el diseño del banco malo, que se supone estará activo a finales de año, despierta toda clase de complicadas preguntas. Esto es porque principalmente Madrid tiene dos objetivos encontrados: maximizar el saneamiento y minimizar sus propias deudas. Reconciliarlos implicará acrobacias financieras.

La zona euro acordó originalmente prestar a España hasta 100.000 millones de euros, un 10 por ciento del PIB del país, para reflotar a sus bancos más afectados. Los socios de España también dejaron en el aire la posibilidad de que asumir el coste de recapitalización de la banca para que las deudas de Madrid no subiesen. Pero eso ya no parece probable, sobre todo por las reticencias alemanas. Como consecuencia, el Gobierno español tiene ahora un incentivo para mantener el coste bajo.

Prueba de esto fue el examen dirigido por la consultora Oliver Wyman, que concluyó que los bancos sólo necesitaban capital por 57.000 millones de euros. Tras tomar en cuenta créditos fiscales y el capital que algunas entidades puedan captar por sí solas, el Gobierno considera que sólo necesitará inyectar 40.000 millones de euros en los bancos. Pero incluso esta cifra reducida haría subir el ratio deuda/PIB hasta el 95 por ciento el año que viene.

El banco malo complica todavía más el cuadro. La primera cuestión es determinar qué bancos aportarán activos tóxicos a la nueva SGA. Entidades nacionalizadas como Bankia tendrán que hacerlo, mientras que las sanas como BBVA y Santander no necesitarán hacerlo. La duda surge con aquellos bancos en situación fronteriza como Banco Popular, Liberbank y Mare Nostrum, que suspendieron las pruebas pero que esperan escapar a la nacionalización.

Una forma de evitar que el Estado se convierta en su accionista será que estas entidades vuelquen activos tóxicos en el banco malo. Si pueden conseguir un valor razonable por los mismos, podrían necesitar menos capital de lo calculado en el examen y así mantener el estatus de entidades privadas. Al mismo tiempo, el Estado podría conseguir mantener el coste de las inyecciones de capital cerca de la cifra de 40.000 millones de euros. Pero cuando se aprieta un globo por un lado, el aire sale por el otro. Asumiendo que estos bancos señalados aparcan activos inmobiliarios, la SGA terminaría adquiriendo préstamos con un valor “nominal” de 166.000 millones de euros según la consultora financiera AFI. Sin estos, la cifra sólo sería de 96.000-97.000 millones de euros. Por supuesto la SGA no pagaría nada parecido al valor nominal de los activos que comprase. ¿Cuánto pagaría exactamente? Esa es la siguiente cuestión. Un valor demasiado bajo se materializaría en mayores pérdidas para los bancos, elevando el coste de su recapitalización y, por ende, la deuda del Estado. Pero si se elige un valor alto, nadie querría invertir en el banco malo. Y Madrid tendrá que convencer a los inversores del sector privado para que compren al menos la mitad del patrimonio de la SGA si quiere evitar que su participación compute como deuda pública según las normativa contable comunitaria.

Esta lógica parece dirigir al Gobierno hacia un precio de medio a bajo, de alguna manera cercano pero algo por encima del nivel calculado en el escenario adverso de las pruebas de Oliver Wyman. Este representaría aproximadamente la mitad del valor nominal, que incluyendo a los bancos señalados equivaldría a 82.000 millones de euros, según AFI.

Eso sí, la SGA no tendría que reunir los 82.000 millones de euros en recursos propios. El Gobierno ha dicho que espera que sólo el 10 por ciento sea en capital. La SGA pagaría el resto con bonos garantizados por el Estado. Estos bonos no se agregarían a la deuda pública gracias a una laguna en el sistema de contabilidad de la UE.

Pero un 10 por ciento de 82.000 millones de euros no dejan de ser 8.200 millones. Y aunque la mitad de ellos vengan de un Gobierno corto de dinero, los otros 4.100 millones tendrán que levantarse en el sector privado. Si los bancos señalados no se incluyen esta cifra quizás bajaría a los 2.500 millones.

Dado que el precio de compra de los activos será bajo pero no tirado, los inversores privados probablemente no quieran invertir en la SGA. La atención está por tanto puesta en los bancos domésticos sanos como BBVA o Santander. Esto, no obstante, plantea el interrogante de cómo hacerles participar puesto que no les trae mucho la perspectiva de incrementar su exposición al sector inmobiliario español. Hasta ahora no hay una respuesta clara. Pero dos ideas que circulan por Madrid son de algún modo preocupantes. Una es que los bancos más saludables podrían invertir en la SGA para ver en primera fila cómo el vehículo se deshace de sus activos, lo que potencialmente les permitiría ralentizar el proceso si este tiene un efecto adverso sobre sus propias carteras inmobiliarias o incluso vender primero sus propios activos. Lo ideal es que hubiese un cortafuegos para evitar cualquier conflicto de interés.

La segunda idea es que el gobierno pudiera recortar las cuotas que los bancos tienen que abonar el fondo de garantía de depósitos a cambio de que estos inviertan en la SGA. Pero esto representaría una ayuda encubierta.

España está en esta complicada situación en parte porque ha escondido siempre debajo de la alfombra los problemas del sistema financiero. Mientras diseña el banco malo, debería pecar más hacia el lado de la transparencia.

- Para ver columnas anteriores de los autores, los clientes de Reuters pueden hacer clic en y (Editado por David Evans, traducción de Jose Elías Rodríguez)

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