December 6, 2013 / 10:33 AM / 4 years ago

El legado de Mandela: Paz, pero pobreza para muchos negros

JOHANNESBURGO, Sudáfrica (Reuters) - En los 10 años después de su retirada de la vida pública, Nelson Mandela dividió su tiempo entre una mansión en uno de los barrios más ricos de Johannesburgo y su casa ancestral Qunu, una aldea de la empobrecida provincia Oriental del Cabo.

En los 10 años después de su retirada de la vida pública, Nelson Mandela dividió su tiempo entre una mansión en uno de los barrios más ricos de Johannesburgo y su casa ancestral Qunu, una aldea de la empobrecida provincia Oriental del Cabo. En la imagen del pasado mes de septiembre se puede ver a una mujer caminando en el barrio negro de Soweto, con la mina de oro de Doornkop al fondo, a unos 30 km al oeste de Johannesburgo. REUTERS/Siphiwe Sibeko

El contraste no podría ser mayor. En un lugar, sus vecinos eran el ejemplo de los magnates blancos de la minería y banqueros que edificaron la extensa ciudad - que también es la mayor economía de África - a partir de las enormes reservas de oro de la tierra bajo sus pies.

En el otro, eran campesinos negros que vivían en modestas cabañas y subsistían con una precariedad casi inalterada durante siglos, y mucho menos en las dos décadas desde el fin del apartheid.

Aunque pocos cuestionan el logro de Mandela de evitar una guerra civil a comienzos de la década de 1990 y negociar pacíficamente el final de tres siglos de dominio blanco, los sudafricanos comienzan a hacerse algunas preguntas difíciles.

A pesar de más de una década de políticas para volver a equilibrar las cosas bajo la bandera del “empoderamiento económico negro”, Sudáfrica continúa siendo una de las sociedades más desiguales del mundo y los blancos controlan enormes sectores de la economía.

En palabras del líder sindical Zwelinzima Vavi, su estructura se parece al café irlandés: negra en la base, con un poco de espuma blanca y algo de chocolate por encima.

Un hogar blanco gana de promedio seis veces más que uno negro y casi uno de cada tres ciudadanos negros está desempleado, frente a uno de cada 20 blancos.

Esos coeficientes atizan las críticas al acuerdo de 1994 que terminó con casi medio siglo de gobierno de la minoría blanca y convirtió a Mandela en el primer presidente negro de Sudáfrica.

Los números también respaldan la percepción que uno tiene en los barrios urbanos ricos, incluyendo Houghton, donde vivía Mandela, donde 19 años después del nacimiento de su “Nación del Arco Iris”, la mayoría de los negros que uno ve son empleadas del hogar, guardias de seguridad o jardineros.

“Mandela fue demasiado lejos en ayudar a las comunidades no negras, en algunos casos a expensas (de los negros)”, dijo el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, en un documental.

“Eso es ser demasiado santo, demasiado bueno”, añadió.

¿PODER POLITICO O ECONOMICO?

Los defensores del pacto sellado por Mandela sostienen que la forma violenta en que Mugabe expropió a partir de 2000 granjas en poder de campesinos blancos en el vecino Zimbabue llevó al colapso económico y lo convirtió de un respetado héroe de la liberación en un paria internacional.

Pero sus críticas a Mandela encuentran eco en algunos sectores del Congreso Nacional Africano (CNA), el movimiento de liberación que unió fuerzas con los sindicatos y con el partido comunista para derrocar el apartheid.

En una entrevista en 2010 con la esposa del escritor británico V.S. Naipaul, la líder antiapartheid Winnie Madikizela-Mandela - conocida también como la “Madre de la Nación” - acusó a su antiguo esposo de venderse tras quebrarse durante los 27 años que pasó en la cárcel.

“Mandela fue a prisión como un joven y ardiente revolucionario. Pero miren cómo salió”, dijo.

“Mandela nos decepcionó. Aceptó un mal acuerdo para los negros. Económicamente estamos todavía fuera. La economía es principalmente ‘blanca’. Tiene unos pocos negros, pero tantas personas que dieron su vida en la lucha han muerto sin ser recompensadas”, añadió.

Incluso entre los académicos existe la percepción de que en su enfrentamiento con el entonces presidente FW de Klerk a comienzos de la década de 1990, el CNA dirigido por Mandela, que confesaba tener poca experiencia en economía, se centró demasiado en la busca de poder político en lugar del económico.

Puesto de una forma menos elegante, la posición del CNA se tradujo en una frase popular en las fiestas de los blancos ricos: “Les daremos el voto, pero nos quedaremos con los bancos”.

El profesor del Wits Business School de Johannesburgo William Gumede lo argumenta de otro modo.

“Hubo una aceptación locuaz en la mayor parte del CNA de que solo necesitaban hacerse con el poder político y que podrían transformar la economía. Era un argumento simplista, y también era el argumento de Mandela”, afirmó.

En el famoso barrio negro de Soweto, escenario de luchas contra la policía blanca y de una gran pobreza y que aún sigue siendo testigo de protestas por la mala calidad de la vivienda y de los servicios públicos, muchos no compran el mito de Mandela.

“Mandela no paraba de decir: ‘Estoy aquí por la gente, soy el siervo del pueblo’. ¿Qué hizo? Firmo papeles que permitieron a los blancos mantener las minas y las granjas”, dijo Majozi Pilane, de 49 años, que tiene un puesto junto a una carretera en el que vende cigarrillos y caramelos.

“No hizo absolutamente nada por todos los pobres de este país”.

/Por Ed Cropley/

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