27 de noviembre de 2013 / 13:17 / hace 4 años

España y Francia intercambian papeles, con el paso económico cambiado

MADRID/PARÍS (Reuters) - Cuando hace un año Mariano Rajoy viajó a París para encontrarse con François Hollande en la cumbre bilateral anual, la agenda estaba centrada en una única cuestión: si España solicitaría un rescate europeo para su economía y cuándo.

Cuando hace un año Mariano Rajoy viajó a París para encontrarse con François Hollande en la cumbre bilateral anual, la agenda estaba centrada en una única cuestión: si España solicitaría un rescate europeo para su economía y cuándo. En la imagen de archivo, el presidente francés, François Hollande (D) y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, en una conferencia de prensa en el palacio del Eliseo de París, el 28 de mayo de 2013. REUTERS/Benoit Tessier

Un año después, ambos vuelven a reunirse, esta vez en Madrid, y no son pocos quienes creen que las economías de los dos países han invertido sus papeles.

Por supuesto, Francia no va a necesitar un rescate internacional y tampoco es que España se haya librado de buenas a primeras de todos los males que atenazaban su economía, pero el sentimiento y el estado de ánimo a ambos lados de los Pirineos es ahora el contrario.

Gracias a la decidida acción del Gobierno español de aplicar duras recetas económicas y difíciles recortes de gastos, así como por los pasos dados por los bancos centrales de Europa, Estados Unidos y Japón - España ha logrado reactivar su economía en un momento en el que tanto la actividad como las reformas en Francia están echando el freno.

La actividad empresarial en Francia se redujo en noviembre después de conseguir a duras penas tasas de crecimiento en los dos meses anteriores, con las exportaciones languideciendo, los altos costes laborales unitarios restando competitividad y algunas de las reformas clave que demanda su economía retrasándose. Pese a todo, algunos analistas destacan que Francia tiene fuertes fundamentos económicos que respaldan su estabilidad en el largo plazo.

España, por su parte, dejó técnicamente atrás una recesión de dos años en el tercer trimestre de este año y parece en la senda adecuada para volver a crecer, aunque sea a un ritmo lento, en el último cuarto del año.

Además, ha recuperado parte de la competitividad perdida durante una década de “boom” inmobiliario alimentado por el crédito a bajo coste que acabó con un rescate de 41.000 millones de euros para reestructurar la banca española.

Como resultado, las exportaciones y la inversión extranjera están aumentando y el país está a punto de registrar una posición prestadora neta (superávit por cuenta corriente) frente al resto del mundo por primera vez en décadas.

España, que recientemente superó a su vecino del norte como segundo mayor fabricante de automóviles de Europa, ha pasado de tener un déficit comercial con Francia de más de 6.000 millones de euros en 2007 a un primer superávit de alrededor de 1.500 millones de euros en 2012.

Rajoy, que ha invertido gran parte del año 2013 en defenderse contra las acusaciones de corrupción contra su partido y tratando de calmar los crecientes gritos independentistas en Cataluña, mantiene ahora la tesis de que lo peor de la crisis ya ha pasado y que España sorprenderá a los mercados gratamente en el corto plazo.

Y lo cierto es que, en su afán de promover el país, a Rajoy hay que reconocerle un grado de éxito.

El Ejecutivo ha revisado al alza su previsión de crecimiento de 2014 al 0,7 por ciento desde el 0,5 por ciento anterior, mientras el Partido Popular, aún lejos del alto apoyo conseguido en las elecciones de noviembre de 2011, consiguió en noviembre un alza de popularidad en las encuestas por primera vez tras dos años de continuas pérdidas.

¿ESPAÑA FLORECE Y FRANCIA LO INTENTA?

El mensaje optimista de España contrasta con la tónica pesimista de Francia y muchos analistas dicen que España podría ser el nuevo ejemplo de éxito de la zona euro, mientras que Francia se convertiría en motivo de creciente preocupación para sus socios europeos.

Tras entrar la economía francesa en territorio negativo en el tercer trimestre, la popularidad de Hollande bajó este mes a un mínimo histórico del 15 por ciento, de acuerdo con un sondeo de Yougov.

No obstante, eso es solo una cara de la moneda y hay motivos suficientes como para considerar a la segunda economía de la zona euro como una apuesta más sólida a largo plazo.

“Hay un reajuste en la opinión pública tras los temores irracionales de hace dos años de que España habría perdido el juego .. Como suele ocurrir muchas veces en estos casos, el cambio de opinión ha ido demasiado rápido”, dijo Gilles Moec, economista para Europa de Deutsche Bank.

Los bancos franceses, contrariamente a sus homólogos españoles, no han necesitado ningún rescate para superar la crisis financiera global y la tormenta de la deuda soberana en la zona euro. Otra ventaja de Francia es que su influencia política y económica es mayor en el escenario internacional. No en vano, cuenta con un representante permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Además, su Producto Interior Bruto asciende a unos dos billones de euros, el doble que el de España. El país galo no ha vivido ninguna crisis inmobiliaria, sus hogares no están endeudados excesivamente y tiene más empresas que juegan en la primera liga de los pesos pesados globales.

Durante la mayor parte del año 2013, la rentabilidad de los bonos franceses a 10 años se situaba unos 200 puntos básicos por debajo de la de sus homólogos españoles y los recientes logros en reducir el déficit, contener la deuda, conservar unos ratings más elevados y limitar el incremento del paro son argumentos a favor de Francia.

Se espera que su tasa de paro se mantenga estable en los próximos dos años en torno al 10 por ciento, muy lejos del 25 por ciento registrado en España, donde no se espera ningún descenso significativo antes de 2015.

MISMAS REFORMAS, DISTINTAS PERCEPCIONES

Según las previsiones de la Comisión Europea, la economía española se contraerá un 1,3 por ciento en 2013 y crecerá un 0,5 por ciento en 2014 y un 1,7 por ciento en 2015. Para Francia, los expertos europeos ven un crecimiento del 0,2 por ciento en 2013, un 0,9 por ciento en 2014 y un 1,7 por ciento en 2015.

La Comisión, preocupada por la falta de crecimiento en ambos casos, concedió a los dos países dos años más para recortar su déficit público por debajo del límite comunitario del 3,0 por ciento del PIB, rogándoles que aprovecharan el tiempo para poner en marcha nuevas reformas.

Pese a provenir de familias políticas diferentes, la hoja de ruta de reformas del primer ministro conservador Mariano Rajoy y del primer ministro de centroizquierda francés se asemeja mucho, ya que ambos promueven una reforma de pensiones y nuevas leyes fiscales y laborales.

No obstante, una diferencia clara ha sido la decisión de Rajoy de recurrir a su mayoría absoluta en el Parlamento para que sus compatriotas acepten la medicina de la austeridad concebida por Alemania, mientras que Hollande, que también cuenta con una mayoría parlamentaria, ofrece una mayor resistencia.

Estas actitudes han tenido reflejo en una percepción distinta en la opinión pública.

“El problema para Francia es que el ajuste de las finanzas públicas se hace sin reformas estructurales”, dijo Moec. “España estaba en una situación más difícil y no tenía otra opción. Francia es menos rígida. No es Grecia, ni España, pero no está funcionando.”

/Por Julien Toyer y Ingrid Melander/

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