3 de septiembre de 2012 / 19:43 / en 5 años

Un fuego deja al descubierto la gestión petrolera venezolana

Los barrios arrasados por la explosión y el enorme incendio de cuatro días en la mayor refinería de Venezuela quedaron como una zona en guerra y dejaron al descubierto las dificultades para administrar la cada vez más grande y compleja petrolera estatal PDVSA. En la imagen, una columna de humo se alza desde tanques de combustible en la refinería de Amuay, en Punto Fijo, en la península de Paraguaná, el 27 de agosto de 2012.Marife Cuauro

PARAGUANÁ, Venezuela (Reuters) - Los barrios arrasados por la explosión y el enorme incendio de cuatro días en la mayor refinería de Venezuela quedaron como una zona en guerra y dejaron al descubierto las dificultades para administrar la cada vez más grande y compleja petrolera estatal PDVSA.

De algunas casas quedan sólo despojos, otras perdieron techos y ventanas. Las viviendas menos dañadas sufrieron robos en la madrugada siguiente a la explosión, en los que se utilizaron camiones de mudanza para cargar los artículos en una imagen que parecía un éxodo en cámara lenta.

"Mis hijos me preguntan qué harán con la casa caída. Con tanto sacrificio que hicimos (...) y de la noche a la mañana se vino todo al piso", dijo Mabel Serrano, una repostera de 30 años que esperó tres días antes de decidir abandonar con su familia lo que había sido su vivienda en el barrio Alí Primera.

Mientras se investigan las causas del accidente, todas las miradas han vuelto a recaer sobre la polémica gestión de la estatal, que se ha convertido en la gran caja que financia el proyecto socialista del presidente Hugo Chávez.

Maniatada por fuertes exigencias del Gobierno que la controla, Petróleos de Venezuela (PDVSA) debe cumplir con cientos de tareas que antes le eran ajenas, desde reparar calles hasta construir cientos de miles de casas para familias pobres, todo mientras intenta atender sus operaciones petroleras.

La explosión, provocada por una fuga de gas de una esfera de olefinas en la refinería de Amuay, causó la muerte de más de 40 personas, dejó un centenar de heridos y unas 1.600 viviendas afectadas, en el accidente más letal que ha vivido el sector petrolero venezolano.

Tres de los nueve depósitos de combustibles que se incendiaron lanzaron durante días grandes llamaradas al cielo en una larga batalla en la que ejércitos de bomberos se turnaban para arrojar espuma a las bocas de los amenazantes tanques.

"Cierro los ojos y es como si tuviera las llamas encima", añadió Serrano, que como otros pide al Gobierno socialista de Hugo Chávez que la reubique lo más lejos posible de la planta.

Según la versión oficial, la fuga se detectó apenas una hora antes de la explosión en Amuay, incluida en el Centro de Refinación Paraguaná (CRP), el segundo más grande del mundo.

Pero expertos y trabajadores consultados por Reuters rechazaron esa hipótesis y aseguraron que días antes ya se percibía un fuerte olor a gas.

Las condiciones climáticas en la península de Paraguaná no contribuyeron a la ventilación del hidrocarburo porque esos días no soplaron los habituales vientos que la recorren.

"En una especie de tradición maquiavélica que tenemos ya los paraguaneros, todo el mundo aceptó el olor como normal", dijo Edgar Lugo, que trabajó en seguridad industrial del CRP.

Según Lugo y otros profesionales, el sistema de alarma con que cuenta la refinería debió haberse activado ante una fuga de esa magnitud, lo suficiente como para que se escuchara en las urbanizaciones vecinas. Pero no ocurrió.

ADVERTENCIAS DESOÍDAS

Mientras la refinería retoma progresivamente sus operaciones, los habitantes de las casas menos afectadas aguardan resignados.

"Tenemos que aceptar la realidad. Son atmósferas de emisiones que se forman y como no había brisa se produjo la burbuja de gas. El riesgo está en todo", dijo desde el anonimato un trabajador de Líneas de Gas de la refinería que perdió el techo de su casa en la urbanización La Pastora.

Otros no quieren aceptarlo como un "evento fortuito", como lo han llamado algunas autoridades.

Ante la proximidad de las elecciones presidenciales en octubre, en las que Chávez buscará extender su mandato a casi 20 años, la crisis se ha mezclado con la política.

El candidato único de la oposición, Henrique Capriles, ha responsabilizado al Gobierno por la falta de mantenimiento en las instalaciones de la estatal PDVSA, donde los accidentes vienen siendo cada vez más graves desde 2008.

En su Balance de Gestión Social y Ambiental de 2011, PDVSA dijo que el índice de severidad, que mide la cantidad de sucesos que han ralentizado o interrumpido las operaciones, se incrementó casi un 12 por ciento, mientras que la frecuencia neta de incidentes, que mide las lesiones, subió un 2,6 por ciento.

Sólo la refinería de Amuay concentró en 2011 un 36 por ciento del total de emisiones de dióxido de azufre registradas, un gas incoloro más pesado que el aire que tiene un olor picante, irrita los ojos y puede desatar síntomas de asfixia.

SIN MANOS

Tras un prolongado paro de trabajadores que derrumbó sus operaciones entre finales de 2002 y principios del 2003, PDVSA despidió a la mitad de su plantilla de obreros y profesionales, por lo que debió iniciar un largo proceso de reconstrucción de sus capacidades.

Pero a partir de 2004, mientras la gerencia todavía luchaba para retomar las riendas de la empresa, Chávez comenzó a exigirle mayores transferencias de dinero, que en 2011 sumaron un récord de más de 50.000 millones de dólares, más de tres veces lo que invirtió en el sector.

Como un malabarista que añade objetos a su actuación, PDVSA intenta desde entonces satisfacer las crecientes exigencias del Gobierno, mantener sus operaciones y apalancar un ambicioso plan de negocios con cientos de nuevos proyectos.

"El 'show' debe continuar, la vida sigue", dijo Chávez en Paraguaná en medio de la gran algarabía que causó su llegada.

Muchos han interpretado la gestión gubernamental de la crisis como una prueba para el mandatario, que se presentó en la refinería un día después de la explosión anunciando que no tenía temor en adentrarse lo más posible a inspeccionar la labor de los bomberos con sus propios ojos.

Un informe elaborado en 2010 por una facción opositora de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros da cuenta de una larguísima lista de irregularidades en el circuito venezolano de refinado, embarque y almacenamiento.

El informe se entregó a la presidencia de la federación sin que hubiera una reacción del Gobierno, pese a que poco antes se había hundido en el Caribe una plataforma gasífera de PDVSA sin dejar rastro.

El documento asegura que en Paraguaná había carencias de mantenimiento y dotación de equipos de protección y trabajo.

/Por Marianna Párraga/

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