8 de noviembre de 2011 / 16:45 / hace 6 años

Los empresarios ajustan sus trajes al patrón del nuevo gobierno

MADRID (Reuters) - En vísperas electorales los empresarios de cualquier país del mundo revisan su fondo de armario para estar preparados o incluso anticiparse a la temporada venidera conscientes de la importancia de alinearse al signo político para triunfar en sus negocios.

En el país que presume de tener dos de los mayores bancos de la eurozona, en el que seis entidades de crédito concentran casi un tercio del valor bursátil nacional, la relación banca-política cobra especial importancia en un horizonte en el que se vislumbra una nueva ronda de consolidación y en el que el éxito del nuevo gobierno pasa inexorablemente por una reactivación del crédito.

Mientras la economía mundial enfrenta la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial y se duda incluso de la moneda única en Europa, en Internet y en algunas manifestaciones de “indignados” circulan falsos carteles electorales con el rostro de los presidentes de los principales bancos pidiendo el voto bajo el lema del beneficio obtenido en 2010.

La crisis de confianza, los fuertes requerimientos de capital de los bancos y las consecuentes restricciones de crédito amenazan con estrangular cualquier atisbo de recuperación económica.

“La salud del sistema financiero ha de ser la mayor prioridad del Gobierno, porque un colapso del crédito acaba con todas las posibilidades de recuperación”, dijo un asesor financiero que trabaja también como consejero del PP.

En círculos políticos se especula con la posibilidad de una nueva división del Ministerio de Economía en las carteras de Hacienda y Economía para otorgar un mayor peso específico al asunto de los bancos y la financiación.

“Los grandes bancos de inversión y fondos extranjeros preguntan insistentemente por la identidad del futuro ministro de Economía, conscientes de la importancia de los movimientos en el sector”, dijo el asesor financiero.

Con las encuestas de opinión otorgando al Partido Popular (PP) una holgada mayoría absoluta, analistas y expertos consultados coinciden en que la nueva legislatura debe garantizar un sector financiero fuerte y redimensionado.

“Promoveremos la culminación del proceso de transformación de las cajas de ahorros con el fin de someterlas a la disciplina del mercado, mejorar su gobernanza y gestión. Eliminaremos los obstáculos que limitan su capacidad de saneamiento y el acceso a unos mercados internacionales fundamentales para financiar la recuperación de la economía”, señala genéricamente el partido favorito en su programa.

Algunos bancos y políticos han criticado recientemente lo que consideran una defensa timorata del sistema bancario español por parte del Gobierno socialista, particularmente después de que la autoridad bancaria europea impusiese a las entidades sistémicas españolas (cinco) unas necesidades extra de capital de unos 26.000 millones de euros.

“El asunto más importante para los bancos españoles es cómo va a lidiar el próximo Gobierno con las propuestas de recapitalización europea. Creo que este asunto ensombrecerá cualquier otra cuestión a medio plazo”, dijo David Bach, analista político de la escuela de negocios IE.

Mientras el todavía gobernante Partido Socialista aboga por un nuevo impuesto para los bancos a nivel internacional, la importancia sistémica de las entidades españolas no tiene sólo que ver con su elevada exposición a la deuda pública nacional (unos 230.000 millones de euros). Para las empresas y los ciudadanos - con casi cinco millones de parados - es de vital importancia tener en cuenta que los bancos españoles atesoran gran parte de la deuda de las familias que, según datos del Banco de España, asciende a casi 880.000 millones de euros. Las empresas nacionales elevan su deuda hasta las proximidades de 1,3 billones de euros, con elevados vencimientos o refinanciaciones a corto plazo.

Al margen de los procesos de recapitalización, fusión/absorción, los expertos insisten en que la elevada carga inmobiliaria de los bancos es el principal problema que habrá de enfrentar el nuevo gobierno, con 176.000 millones de exposición problemática de los bancos a un mercado moribundo en términos de transacciones.

“Sí contemplo, por ejemplo, que el Estado se haga cargo de los inmuebles de la banca a un justiprecio y los mantenga en cartera hasta que las condiciones de mercado permitan venderlo”, dijo el asesor del PP.

Sin llegar a concretar sobre la hipotética creación de un “banco malo”, el PP sí dice genéricamente en su programa: “Facilitaremos la gestión activa del patrimonio dañado de las entidades financieras que lo precisen”.

“Queda mucho por hacer entre los problemas de liquidez y estrechamiento de márgenes”, dijo recientemente el economista, Luis de Guindos, mencionado como posible ministro de Economía del próximo gobierno, para vaticinar sin atisbo de duda una nueva ronda de consolidación en el sector.

Con ex-ministros o incluso “ministrables” en el máximo puesto ejecutivo de algunos bancos, la relación Gobierno-Banca ha quedado explícitamente demostrada en los últimos meses. En página par abriendo la sección de Elecciones, el diario El País publicó hace unos días un reportaje sobre el impreciso programa electoral del PP que acompañó en su impar por una tribuna de opinión económica firmada por Francisco González, el presidente del influyente BBVA, único superviviente de los grandes nombramientos realizados en la anterior etapa del gobierno conservador.

“Durante casi toda la legislatura, Paco González no ha asistido a actos de ZP (Zapatero) o sus ministros y sí a otros organizados por el PP. Además, se ha comprometido con declaraciones a favor de un cambio”, recuerda un directivo de una de las grandes empresas españolas. “Sin ir más lejos, el día en el que Zapatero anunció el adelanto electoral, antes de que finalizase la rueda de prensa, ya había lanzado un comunicado felicitando a España por la decisión”.

Mucho se ha rumoreado sobre el papel de Francisco González desde una hipotética cartera de Economía que sus allegados consideran imposible, hasta un intento de fusión, hoy también considerado muy improbable, con la Bankia dirigida por Rodrigo Rato, ex-ministro de Aznar y avalista de González en la presidencia de BBVA.

También se ha hablado mucho sobre si las excelentes relaciones de González podrían aupar al segundo mayor banco nacional a la condición de “banco del Gobierno” en detrimento del todopoderoso Santander presidido por Emilio Botín, quien ha apoyado expresamente al gobierno socialista en la difícil última legislatura.

En opinión de diversos observadores, rompiendo su habitual frialdad, Emilio Botín ha hecho patria con Zapatero en diversas ocasiones en esta difícil etapa. Entre otros gestos de apoyo, Botín tomó la palabra expresamente en la reunión de empresarios con Zapatero el pasado mes de marzo para apoyar la gestión del Gobierno y pedir que no se adelantasen las elecciones.

“(Francisco González) Trata de buscar una posición nueva en el mapa bancario español, pasar de hablar como banquero a hablar como estratega, tal y como sucede con Botín. Quiere pasar de ser simplemente un banquero a ser un líder, un gurú que pueda hacer vaticinios políticos y macroeconómicos, como demuestran sus últimos discursos”, dijo el directivo.

“Los bancos, particularmente Santander, no tienen color político, los dos van a seguir siendo las entidades de referencia. Aunque, en círculos del PP, FG está mucho más considerado, Botín es un experto y tendrá relaciones excelentes”, añadió un asesor del Partido Popular respecto a una hipotética pérdida de poder de Santander.

LA BOMBILLA CALIENTE

Pero no sólo los banqueros han estado aproximándose a la órbita del previsible nuevo gobierno. También se han visto movimientos de aproximación y labor de “lobistas” en empresas industriales que pueden ver muy afectada su situación financiera por las decisiones del nuevo Gobierno.

Entre los observadores políticos y económicos hay coincidencia a la hora de destacar la regulación del sector energético como una de las “patatas calientes” del nuevo Ejecutivo.

Los empresarios lanzan sus propuestas públicas y privadas mientras el Ejecutivo que salga de las urnas el próximo 20 de noviembre deberá lidiar con la liquidación del déficit de tarifa, un rediseño de las generosas primas a las renovables y la hoja de ruta de la planificación de la política energética a futuro.

“Habrá cambios importantes. Tenemos una propuesta política clara”, dijo Jaime García Legaz, secretario general de FAES, grupo de pensamiento liberal afín al PP. “No podemos afrontar los elevados costes energéticos y no se puede seguir apostando por fuentes energéticas extremadamente caras que, al final, están financiadas por los consumidores”.

En términos generales, los analistas consideran que las demandas del sector eléctrico tendrán un peso importante en las decisiones políticas. Además, a diferencia de otros sectores, las participaciones de las cajas de ahorros en el sector energético podrían dar poder directo al Estado en estas compañías tras la ronda de recapitalización de las entidades de crédito.

“Algunas de las cajas nacionalizadas van a permitir al Gobierno jugar un rol como accionista en algunas energéticas por las participaciones que atesoraban las cajas, aunque no veo al nuevo gobierno promoviendo cambios en los gestores”, dijo García Legaz.

Con grandes fondos de pensiones e inversión extranjeros en el capital de las eléctricas, con ingresos recurrentes y altos dividendos, el mapa energético empresarial español todavía tiene un par de incógnitas de calado. La mayor eléctrica nacional y la primera petrolera todavía pueden ser objeto de deseo de algún competidor foráneo.

Los enfrentamientos de los equipos directivos de Repsol e Iberdrola con sus principales accionistas (Sacyr y Pemex, en el caso de Repsol y ACS en el de la eléctrica) pueden forzar movimientos de consolidación y/o forzar al nuevo Gobierno a tener que pronunciarse en una materia que, pese a ser “estrictamente empresarial”, ya ha obligado a distintos gobiernos a “mostrar sus preferencias”.

La identidad del que será titular de Industria es un asunto de la máxima importancia en la órbita de estas empresas que también esperan con interés una más que probable reorganización de los organismos reguladores.

LOS CONTRATOS PÚBLICOS

Si el titular del Ministerio de Industria despierta interés entre las empresas, la titularidad de la otrora ultra expansiva cartera de Fomento es considerada vital para muchas empresas que tienen en la obra pública una parte importante de su negocio. No en balde, el acto de presentación del ministro de Fomento tras unas elecciones suele concentrar el mayor número de empresarios.

Históricamente, ha sido en el atomizado sector de la construcción donde han sido más evidentes la bondades de unas buenas relaciones políticas.

De hecho, los vientos de cambio inevitablemente arrastrarán a algunos altos cargos. Diversas fuentes del sector dan por hecho la próxima salida del que fuera asesor económico de Zapatero, David Taguas, de la presidencia de la patronal Seopan, donde recaló inmediatamente después de abandonar su despacho en los jardines de La Moncloa poniendo de manifiesto la importancia para el sector de los conocimientos políticos.

Se acaba de producir, en víspera electoral, la salida del presidente de Sacyr, Luis del Rivero, considerado afín a los intereses del PSOE y con varias batallas en las que participó más o menos expresamente, el Gobierno.

Al margen de las “amistades peligrosas” de los empresarios, los grupos de servicios y construcción, que durante décadas se beneficiaron de un período expansivo en inversión en infraestructuras y edificación civil, han sufrido impagos de administraciones territoriales y visto reducirse drásticamente los concursos y los márgenes ante la obsesiva prioridad de recortar el déficit.

En su programa electoral, el PP se compromete a optimizar los sistemas de participación privada en la gestión y financiación de infraestructuras y proyecta culminar la liberalización del transporte por ferrocarril, fomentar el peso de las empresas en la gestión del agua y reactivar los planes de privatización de aeropuertos.

LA MARCA ESPAÑA

Conscientes de la importancia de la confianza para dinamizar el consumo, el crédito, la economía, incluso la supervivencia del euro, lo que parece claro es que tanto los empresarios como el nuevo gobierno han de trabajar conjuntamente para mejorar la imagen y el maltrecho concepto de riesgo país.

El líder del PP ya se ha reunido en varias ocasiones con líderes empresariales sectoriales y regionales en una actitud que en círculos “populares” definen como “completamente abierta”.

“Creo que este va a ser un gobierno de manos libres, en un contexto completamente distinto al que veíamos con la llegada del PP en 1996. Ahora las empresas son cien por cien privadas”, dijo el secretario general de FAES.

Además, el principal grupo de profesionales de la comunicación (Dircom) ha presentado una hoja de ruta a los líderes políticos con recomendaciones para afianzar la confianza y la “marca España”.

“Es evidente que el nuevo gobierno se enfrentará a un déficit de confianza hacia la economía española, una falta de expectativas que encarece el crédito y dificulta la financiación del país, de sus empresas y de sus autónomos y de las familias”, explicó a Reuters el presidente de Dircom, José Manuel Velasco. “Para recuperar confianza es imprescindible que el nuevo Ejecutivo tome decisiones firmes que formen parte de un plan determinado y que se comuniquen eficazmente, comenzando por el interior del país, cuya autoestima aparece muy lastimada en estos momentos”.

/Por Carlos Ruano Navarro y Judy MacInnes/

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