17 de octubre de 2011 / 16:13 / en 6 años

Los españoles ponen el empleo antes que el nacionalismo

BARCELONA (Reuters) - La ansiedad de los votantes por el empleo ayudará a llevar al Partido Popular al poder en las elecciones de noviembre, según las encuestas, con una victoria tan sonora que acallará la influencia de los partidos vascos y catalanes.

La ansiedad de los votantes por el empleo ayudará a llevar al Partido Popular al poder en las elecciones de noviembre, según las encuestas, con una victoria tan sonora que acallará la influencia de los partidos vascos y catalanes. Pero aunque controle el Parlamento, el PP aún tiene que generar consenso público sobre las dolorosas reformas. En esta imagen de archivo, un cartel contra los recortes en sanidad pública en un centro de salud a la entrada del hospital Vall d'Hebron en Barcelona, el 5 de octubre de 2011. REUTERS/Albert Gea

Las encuestas predicen una gran victoria del PP el 20 de noviembre, ya que muchos votantes culpan a los socialistas del desempleo y de una deuda difícil de manejar, y este partido se enfrenta a la enormidad de aplicar dolorosos recortes de gastos para combatir la crisis de deuda de la eurozona.

En legislaturas anteriores, gobiernos en minoría del PSOE o el PP han tenido que cerrar acuerdos con los partidos nacionalistas vasco (PNV) o catalán (CiU) para aprobar leyes.

Los partidos nacionalistas lograron en el proceso concesiones a sus regiones, como financiación para proyectos locales o autonomía financiera, pese al número relativamente pequeño de escaños que tienen en el Parlamento. Las negociaciones relativamente opacas sobre estos acuerdos han levantado ampollas en el resto del país.

Se espera que el PP logre votos en todo el país, impulsado por el descontento público con los socialistas. Eso incluye Cataluña, la región más rica y poblada de España y donde los ‘populares’ se han visto relegados en el pasado por los socialistas y Convergència i Unió.

Según el analista Juan Diez, del instituto de pensamiento barcelonés IBEI, el nacionalismo ha dejado el protagonismo a la economía.

Pese al orgullo de Cataluña como punto de encuentro para diseñadores y amantes de la cocina, en las mentes del electorado prima el empleo, y no la nación, especialmente dada la fama de pragmatismo del carácter catalán.

El PP nunca ha obtenido más del 23 por ciento de los votos en Cataluña, pero el 20 de noviembre podría obtener más del 24 por ciento, logrando dos o tres escaños más que les ayudarían a controlar el Parlamento en Madrid.

La fe de los votantes con el PP, o su desencanto con los socialistas tras casi ocho años en el poder, es tal que se espera que el líder del partido de centroderecha, Mariano Rajoy, se convierta en presidente pese a su vago programa político en materia de economía.

Los sondeos indican que la mayoría de los españoles prefiere que el PP les dirija durante la crisis económica y le considera como el más preparado para enfrentarse a una tasa de desempleo del 21 por ciento, el más alto de la Unión Europea.

AUTONOMÍA CATALANA

Para vascos y catalanes, la perspectiva de una mayoría ‘popular’ en sus regiones es en cierto modo algo que temer. Miembros destacados del partido están considerados como antivascos o anticatalanes, y hay una sensación de que el PP, con lazos con la antigua España centralista, personifica el nacionalismo español extremo.

“Lo que no nos gusta es que se nos imponga, como en tiempos de Franco, hablar castellano”, comentó Nuria Dachs, una oficinista desempleada de 40 años.

Los políticos de Madrid y Barcelona han intercambiado duras palabras sobre el modelo de educación catalán, en el que se da prioridad al catalán sobre el español.

Pero los analistas dicen que es improbable que un gobierno del PP intente recortar la autonomía de las regiones.

Antonio Elorza, profesor de política en la Universidad Complutense de Madrid, señaló que los gobiernos centrales tiene miedo de modificar las condiciones de las comunidades autónomas porque el sistema ha funcionado bien hasta ahora y convencido a los votantes.

Aunque controle el Parlamento, el PP aún tiene que generar consenso público sobre las dolorosas reformas.

El líder de CiU en Madrid, Josep Antoni Durán i Lleida, dijo a Reuters en una entrevista reciente que muchos españoles votarán al PP a disgusto, y seguirán oponiéndose a los recortes sociales si Rajoy intenta llevarlos demasiado lejos.

Un sondeo de Noxa para el diario barcelonés La Vanguardia indicó el fin de semana pasado que el 85 por ciento de los españoles rechaza los recortes de gastos y el 60 por ciento preferiría impuestos más altos.

Al margen de los aspectos nacionalistas, CiU debería ser un aliado natural del PP en términos de gestión económica, dado que ambos están considerados como partidarios del libre mercado y favorables a las empresas.

CiU derrocó a un gobierno regional socialista en noviembre de 2010 y heredó el mayor déficit regional de España, con un 4,2 por ciento del Producto Interior Bruto de la comunidad. Han adoptado impopulares reformas en el sistema sanitario, y se espera que reduzcan el déficit al 2,6 por ciento de la producción regional este año, aunque sigue siendo mayor que el objetivo del Gobierno central para cada comunidad autónoma.

Durán i Lleida dijo que su partido seguirá luchando para obtener más control sobre los ingresos fiscales en Cataluña.

/Por Elisabeth O‘Leary/

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