15 de febrero de 2011 / 14:42 / hace 7 años

La crisis riega de lenguaje económico la calle española

Por Carlos Ruano y Tomás González

MADRID (Reuters) - Una búsqueda de “subprime” en Google genera 10,7 millones de resultados, cuando otro término anglosajón de uso aparentemente mucho más común en todo el mundo como “footing” ofrece 9,25 millones de entradas.

Si hace unos meses alguien mencionaba la palabra rating en la barra de uno de los muchos bares que pueblan la geografía española, la mayor parte de los tertulianos pensaban que se trataba de un descenso en piragüa, pero hoy es extraño encontrar quien no haya oído hablar de las agencias de calificación de crédito.

Desde la caída de Lehman en el económicamente fatídico septiembre de 2008 hasta la fecha, algunos términos especializados -muchos de ellos anglosajones- forman parte del vocabulario popular, acostumbrado al menos a oír hablar de activos tóxicos, diferenciales, exposición al riesgo inmobiliario o, incluso, “core capital”.

Los ciudadanos parecen haber seguido una inmersión económica similar a la que tuvo que someterse el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, poco antes de llegar al poder en 2004, cuando un indiscreto micrófono puso de manifiesto sus escasos conocimientos de macroeconomía.

“Se te nota todavía un poco inseguro (...) lo que tú necesitas saber para esto son dos tardes”, le dijo a Zapatero en septiembre de 2003 el entonces responsable de economía del PSOE, Jordi Sevilla, tras presentar a su propio partido una propuesta presupuestaria.

Desde el otoño de 2008 hasta la fecha, con la economía tratando de salir de su peor recesión desde la democracia, la intervención de la Unión Europea y el FMI sobre la maltrecha economía griega, el paquete de ayudas a Irlanda y cuatro millones de parados en el país, los ciudadanos de a pie se han acostumbrado a que las aperturas de periódicos, boletines radiofónicos y telediarios se centren en la economía.

Los propios periodistas de medios generalistas empezaron haciendo equilibrios malabares para tratar de explicar cuestiones de las que nunca antes habían hablado, pero finalmente, a fuerza de costumbre, es habitual que utilicen términos de especialista.

Los locutores bursátiles de la emisoras radiofónicas incluyen en sus crónicas de bolsa la cotización del diferencial hispanoalemán o prima de riesgo, que algunos hubieran entendido hace un tiempo como una pariente que practica deportes extremos.

LECCIONES PARA EL FUTURO

El conductor del autobús de una localidad a 35 kilómetros de Madrid sintoniza Intereconomía (una cadena de radio de información financiera) a primerísima hora de mediados de enero y varios pasajeros discuten sobre el encarecimiento de la deuda española, la crisis de Irlanda y si los bancos deberían o no participar en el rescate.

El Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, conscientes de la nueva realidad social - no en vano el paro y la economía son los principales motivos de preocupación de los ciudadanos según las encuestas-, han creado una web educativa here en la que explican conceptos de economía básica y consejos para "llegar a fin de mes" o incluso una guía de primeros auxilios que denominan "kit financiero de supervivencia".

De hecho, algunos consideran que la mayor ilustración financiera ayudará a prevenir nuevos episodios de excesos y dejará huella en una generación probablemente más conservadora.

“El sobreendeudamiento familiar con las hipotecas, la falta de intervención del Gobierno en la burbuja inmobiliaria, el vivir por encima de las posibilidades, la imposibilidad de practicar políticas populistas, la necesidad de controlar el déficit público e imponer disciplina de mercado... Al haber vivido estos temas en carne propia, no se olvidarán al menos en una generación”, dijo Gonzalo Sanz-Magallón, profesor de la Facultad de Económicas de la Universidad CEU San Pablo.

EL INGENIO, QUE NO FALTE

Incluso algunos medios aprovechaban la “moda” de la jerga económica para hacer titulares ingeniosos. “Los especuladores suizos disparan el riesgo de España. Baja la cotización y crece el diferencial con Alemania”, rezaba en junio pasado un titular del diario El Mundo sobre la derrota de España frente a Suiza en la fase primera del Mundial de Sudáfrica.

Son muy frecuentes también los chistes, parodias de Internet, chascarrillos y tiras cómicas en un país con un sentido del humor tradicionalmente negro.

Bajo el letrero: Dr. Pérez, Globalizólogo, el popular autor de tiras cómicas español Forges pone en boca de un médico unidimensional en blanco y negro: “Si me permite, señor consejero delegado, creo que lo que le pasa es que las sinergias del mercado le han hecho un extraño con el cash flow”.

“¿Qué les pasa a los de Moody’s que están siempre como enfadados?”, se preguntaba recientemente Iván Martín, trabajador del mundo del espectáculo que hace meses no había oído hablar de una de las tres grandes agencias de calificación crediticia, que han dado más de un quebradero de cabeza al Ministerio de Economía.

En Internet han surgido también cientos de reinterpretaciones educativas con respecto al origen y consecuencias de la crisis.

Un ingeniero octogenario, Leopoldo Abadía, llevó el lenguaje de la crisis a la calle y se convirtió en pocos días en una estrella televisiva en programas populares o columnas periodísticas después de publicar en su web www.leopoldoabadia.com/ un artículo con millones de visitas en el que, utilizando un lenguaje coloquial y fácil de entender, explicaba su versión sobre la crisis de las hipotecas subprime.

La popularidad le llevó a vender miles de ejemplares del libro bajo el poco sugerente título para un lector no versado de: “La crisis Ninja y otros misterios de la economía actual”, en un momento en el que la crisis también afectaba al mundo editorial.

El ya afamado profesor protagonizó incluso una serie de anuncios de una gran petroquímica en los que en tono humorístico explicaba el ahorro a través del “repostaje inteligente”.

REINVENTANDO, QUE ES GERUNDIO

Sin embargo, pese a que la cultura financiera ha mejorado, la propia dinámica de la economía - que según no pocos expertos se reinventa cada día sin que un ciclo pueda necesariamente compararse con otro - hace que todavía haya grandes lagunas de conocimiento, incluso entre los expertos.

La propia ministra de Economía, Elena Salgado, se las vio y deseó cuando a finales de enero hubo de explicar a un centenar de periodistas durante más de una hora los nuevos requisitos de capital o “core capital” que iba a exigir el Gobierno a las cajas de ahorros y bancos.

Las interpretaciones diversas que hicieron las propias entidades y la prensa llevaron al ministerio a mandar una carta de aclaración.

En este caso, como en otros que probablemente están por venir, la cuestión clave es que el criterio de capital básico, “core capital” u otras acepciones para ilustrar la fortaleza de un balance están todavía por definir y homogeneizar por parte de los reguladores a nivel mundial.

“Hay conceptos que simplemente no existían (activos tóxicos, hipotecas subprime...) y otros muchos que todavía requieren de una definición exacta en función de quién sea el que lo propone”, explicó un economista.

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