19 de octubre de 2010 / 9:14 / hace 7 años

Las manifestaciones vuelven a poner a prueba a Sarkozy

PARÍS (Reuters) - Los trabajadores del sector público francés en huelga interrumpieron el martes los servicios de transporte en Francia y protagonizaron esporádicos episodios de violencia, en el último intento de detener la impopular reforma del sistema de pensiones del presidente, Nicolas Sarkozy.

<p>Trabajadores del sector p&uacute;blico en huelga alterar&aacute;n el martes los viajes en Francia y los manifestantes saldr&aacute;n a las calles en masa mientras los sindicatos ponen a prueba al presidente Nicolas Sarkozy sobre su impopular reforma de las pensiones. En la imagen, estudiantes franceses se encaran con los gendarmes antidisturbios en la Place de la Republique en Par&iacute;s, el 19 de octubre de 2010. REUTERS/Gonzalo Fuentes</p>

Trabajadores de refinerías, personal de aeropuertos, conductores de trenes, profesores, carteros y los guardas de seguridad de los furgones blindados que abastecen los cajeros automáticos fueron a la huelga, mientras los estudiantes se manifestaban ruidosamente contra los planes del Gobierno de retrasar la edad mínima para la jubilación de s 60 actuales a los 62 años.

Al menos un millón de personas se manifestaron en toda Francia en el mayor y más persistente desafío a las reformas económicas que se ha producido en toda Europa, donde los gobiernos se esfuerzan por frenar los déficit presupuestarios y reducir sus enormes deudas.

“Al infierno con la deuda nacional. ¡No les daremos nada y nos importa un comino su AAA!”, decía una pancarta, refiriéndose a la triple A dada por las agencias de calificación al país, que según el Gobierno, está en peligro a menos que se controle el problema de las pensiones.

Las protestas se han convertido en la mayor prueba hasta la fecha para Sarkozy, que tiene unos pésimos índices de popularidad a 18 meses de unas elecciones presidenciales que según los sondeos ganaría la izquierda si se celebraran hoy.

La gran cobertura mediática de la huelga ha puesto a Sarkozy en un lugar incómodo mientras Francia se prepara para asumir la presidencia del G-20 a mediados de noviembre.

En unas declaraciones desde la ciudad costera de Deauville, donde se reunió con los dirigentes de Rusia y Alemania, Sarkozy llamó a la moderación, mientras en la ciudad sureña de Lyon los manifestantes incendiaron coches y contenedores de basura, usaron sillas de cafeterías para romper los escaparates de tiendas y bancos y saquearon negocios.

El presidente dijo que la reforma de las pensiones se ha aplazado demasiado tiempo en Francia, donde los sindicatos han acabado con iniciativas similares en el pasado.

“Un jefe de Estado tiene un deber hacia los jóvenes y de cara a los desequilibrios fundamentales de su país”, afirmó.

CIFRAS DE SEGUIMIENTO

El sindicato de CGT estimó el seguimiento de la huelga en 3,5 millones, cifra a la par con su estimación récord de asistentes a las protestas de principios de mes. El Gobierno ofreció una estimación de 1,1 millones de personas.

El primer ministro, François Fillon, dijo que el Gobierno teme que las protestas se vuelvan violentas. El responsable del sindicato CFDT, François Chereque, también pidió calma.

La policía empleó gases lacrimógenos para dispersar las protestas en el suburbio parisino de Nanterre, donde según el alcalde unos 200 jóvenes quemaron coches y destrozaron mobiliario urbano. En la localidad de Mantes-la-Jolie se registraron incidentes parecidos.

Esta semana será clave para la reforma y para conservar la calificación de AAA que permite a Francia financiar su gran deuda pública a bajos precios de mercado.

La mayoría de los franceses se opone al plan de retrasar la edad de jubilación mínima y completa en dos años a 62 y 67, respectivamente, y los sindicatos quieren participar en el debate de la reforma.

“Quiero vivir mi jubilación”, dice un cartel distribuido por el sindicato CGT.

La mayoría de los analistas esperan que la ley sea aprobada en cuestión de días y que las protestas queden en nada. Pero los influyentes sindicatos franceses, que vencieron reformas laborales y a las pensiones en 1995 y 2006, dicen que presionarán cueste lo que cueste.

El desabastecimiento de gasolina y diésel afectaba a los conductores, con casi una de cada tres de las 12.500 gasolineras francesas sufriendo problemas de suministros mientras las refinerías cumplían su octavo día de huelga.

Fillon señaló que se han tomado medidas parlamentarias para devolver la distribución de combustible a lo normal en cuatro o cinco días. El Gobierno dice que ha acudido a las reservas de 30 días de la industria, pero aún no ha tocado las reservas estratégicas para 60 días que mantiene el Estado para emergencias bélicas.

Se ha cortado en torno a la mitad del tráfico ferroviario del país, y entre el 30 y el 50 por ciento de los vuelos se quedó en tierra, aunque el metro de París y los servicios del Eurostar funcionan con normalidad.

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