September 15, 2018 / 10:21 AM / 2 months ago

Diez años después, millones de estadounidenses siguen atrapados en sus hipotecas

EAST STROUDSBURG, Pensilvania (Reuters) - Michael Payne, conductor de un autobús escolar, vivía de alquiler en un apartamento de la planta 30 de un rascacielos de Nueva York, donde la solución del propietario para arreglar las ventanas rotas era cubrirlas con tablas.

Michael Payne delante de su casa en la urbanización Penn Estates, donde la mayoría de propietarios debe más en su hipoteca de lo que vale su vivienda. East Stroudsburg, Pensilvania, 20 de junio de 2018. REUTERS/Mike Segar

De modo que cuando Payne y su esposa Gail leyeron anuncios en la prensa de casas nuevas en las montañas de Pensilvania por menos de 200.000 dólares (unos 170.000 euros al cambio actual), vieron una salida. La pareja de mediana edad firmó una hipoteca para comprar, por 168.000 dólares (144.000 euros), una vivienda con cuatro habitaciones en una urbanización cerrada con piscina y canchas de tenis.

“Iba a ser el Sueño Americano”, dijo Payne, ahora de 61 años, sentado en su sala de estar. “Nos sentimos ricos”.

Ahora su casa de dos plantas vale menos de la mitad de lo que pagaron hace 12 años, en el pico de la burbuja inmobiliaria del país.

Ubicada a 80 millas al noroeste de la ciudad de Nueva York, en el condado de Monroe (Pensilvania), su vivienda se encuentra en uno de los mercados inmobiliarios más enfermos de Estados Unidos, según un análisis de Reuters con datos proporcionados por una firma líder en información del sector. Más de una cuarta parte de los propietarios en el condado de Monroe está en patrimonio neto negativo, es decir, deben más de lo que vale su vivienda.

El mundo ha superado la crisis financiera mundial. Áreas muy afectadas como Las Vegas y las ciudades de Pittsburgh y Cleveland se han recuperado.

Pero los Payne y aproximadamente otros 5,1 millones de otros propietarios estadounidenses todavía viven con las consecuencias de la crisis inmobiliaria que desencadenó una recesión épica.

A 30 de junio, casi uno de cada 10 hogares estadounidenses con hipotecas estaban “seriamente” en patrimonio neto negativo, según ATTOM Data Solutions, con sede en Irvine, California, lo que significa que el valor de sus viviendas a precios de mercado era al menos un 25 por ciento más bajo que lo que les queda de hipoteca.

Es una mejora con respecto a 2012, cuando los precios medios tocaron fondo y los inmuebles con patrimonio neto negativo llegaron al 29 por ciento (12,8 millones de hogares). Aun así, es el doble de la tasa considerada saludable por los analistas inmobiliarios.

“Estos son los mercados inmobiliarios que la recuperación olvidó”, dijo Daren Blomquist, vicepresidente de ATTOM.

La secuelas persistentes de la crisis son profundas. Pero han afectado mucho más en ciudades de extrarradio de la mitad este de los Estados Unidos, según un análisis de Reuters de los datos por condados. Entre las zonas más afectadas se encuentran ciudades dormitorio en las regiones del Medio Oeste, la región del Atlántico Medio y el Sudeste, donde las rentas y el crecimiento del empleo han sido más débiles que la media nacional.

(Vea una lista de los 10 condados de EEUU con mayor patrimonio negativo y la metodología de Reuters en tmsnrt.rs/2CMQEnX)

Las promociones en comunidades periféricas suelen sufrir más en las recesiones. Pero en esta ocasión ha sido aún más duro, según los analistas, porque las subidas en el precio de la vivienda fueron desmesuradas, y las economías de muchas de estas áreas metropolitanas del Medio Oeste y el Este han quedado rezagadas respecto de las áreas más vibrantes del país.

“Los mercados que se recuperaron con fuerza son los mercados costeros”, dijo Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics. Según explica, las restricciones de oferta de suelo y las ventas a compradores internacionales han contribuido a mantener la demanda en esas zonas. “En el medio del país, tienes economías más planas. No hay restricciones de oferta. Todas estas cosas han pesado sobre los precios”.

Además de los extrarradios, las urbanizaciones de militares mostraron altas concentraciones de viviendas con patrimonio negativo, según el análisis de Reuters. Cinco de los 10 principales condados en dicha situación se encuentran cerca de bases militares y cuentan con grandes poblaciones de soldados en servicio y veteranos.

Muchas de estas familias obtuvieron financiación a través del Departamento de Asuntos de Veteranos de EEUU. Este organismo facilita que los militares obtengan hipotecas, pero hace todo lo posible para evitar la morosidad. Es una de las principales razones por la que muchos militares endeudados se han aferrado a sus hogares con patrimonio negativo aun cuando millones de civiles las dejaron.

Un historial crediticio deficiente puede amenazar la autorización de seguridad (permiso otorgado para acceder a información clasificada o áreas restringidas) de un soldado. Y aquellos que entran en impago nunca recibirán otro préstamo a través del organismo, dice Jackie Haliburton, oficial de servicio para veteranos en el condado de Hoke, Carolina del Norte, sede de la instalación militar Fort Bragg y uno de los condados del país con patrimonio más negativo.

“Sigues pagando, como sea, porque quieres asegurarte de que puedas conservar esa ventaja”, dijo Haliburton.

Resulta sencillo olvidar a estas y otras víctimas del derrumbe inmobiliario, en un momento en que los hogares en gran parte del país están alcanzando niveles récord.

En cualquier caso, las decisiones son muy dolorosas entre los atrapados con hipotecas más altas que el valor de sus viviendas. Vender a precios actuales significaría asumir grandes pérdidas y tener que desembolsar efectivo para cubrir la deuda hipotecaria. Con el alquiler de estas propiedades a menudo no se cubren los costes mensuales de la deuda. Por último, declararse insolventes supone arruinar la puntuación crediticia para muchos años.

SUEÑOS EN DIFERIDO

Gail Payne, maestra de educación especial, sale en su Toyota Rav 4 la mayoría de los días laborables antes de las 5 a.m. para un viaje de dos horas a su trabajo en el barrio neoyorquino del Bronx.

“Odio en el alma tener que viajar hasta el trabajo”, dijo Payne. “Estoy cansada”.

Gail, que ahora tiene 66 años, y su esposo Michael esperaban que el capital de la venta de su casa financiara su jubilación en Florida. Por ahora, el plan sigue siendo un sueño.

Penn Estates, la urbanización cerrada donde viven los Payne, en East Stroudsburg (Pensilvania), se encuentra entre los lugares del condado de Monroe que experimentaron incrementos desorbitados de precios durante la época de auge de la vivienda.

Los precios parecían atractivos para los que habían comprobado los elevados precios en las grandes urbes. Pero los recién llegados no comprendieron lo irracionales que se habían vuelto las cosas: en el punto más alto, los precios de algunas viviendas aumentaron en más del 25 por ciento en cuestión de meses.

Hoy en día, casas que una vez superaron los 300.000 dólares ahora se venden por tan solo 72.000. Pero incluso a esos precios, hay casas vacías que no encuentran comprador en el mercado. Cuando desapareció el crédito fácil, también se esfumaron un gran grupo de posibles compradores.

Unos 1.300 kilómetros hacia el oeste, en un área del condado de Boone, Illinois, el consejo de la Asociación de Propietarios de Viviendas de Candlewick Lake comienza su reunión mensual con el Juramento de Lealtad al país y una oración.

Casi el 40 por ciento de las 9.800 casas con hipotecas en este condado, al noroeste de Chicago, están en patrimonio negativo, según los datos de ATTOM. Algunas casas que valieron 225.000 dólares durante el “boom” ahora valen alrededor de 85.000 dólares, según los registros de propiedad.

A principios de 2010, el desempleo superó el 18 por ciento después de que una planta local de ensamblaje de automóviles despidiera a cientos de trabajadores. En Candlewick Lake, tanta gente abandonó sus hogares que hasta un tercio de sus viviendas quedaron vacías, según Karl Johnson, presidente del consejo de supervisores del condado de Boone.

“La cosa se puso muy, muy fea, y todavía estamos luchando por recuperarnos”, dice Johnson.

Aunque el mercado de trabajo local se ha recuperado, las señales de tensión financiera todavía son evidentes en Candlewick Lake.

Las carreteras de la comunidad están en pésimo estado. La entrada, el centro de reuniones y la valla están pidiendo a gritos una reforma, según los residentes. El lago se ha convertido en un “amasijo” de algas, una “cloaca”, según los residentes que hablaron en una junta de la asociación a principios de este año. La directora de la asociación, Theresa Balk, dice que un tratamiento químico reciente está ayudando.

Las cuotas anuales de la comunidad, de 1.136 dólares al año, se están aumentando para afrontar todos los gastos de mantenimiento. Pero esas cuotas pueden ser un gran impedimento para muchos potenciales compradores en Candlewick Lake, dijo el miembro de la asociación Randy Budreau.

“Una comunidad cerrada como esta, con nuestras reglas y cuotas, puede ser menos atractiva ahora para el público en general”, dijo.

Información de Michelle Conlin y Robin Respaut; traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid

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