6 de noviembre de 2016 / 16:16 / en un año

EEUU también votará sobre dos visiones energéticas diametralmente opuestas

Si el votante estadounidense tuviese que elegir entre el candidato republicano Donald Trump y su rival demócrata Hillary Clinton sólo en función de sus respectivas políticas energéticas, las elecciones presidenciales seguirían siendo un drama de proporciones épicas, además del mayor referéndum sobre el cambio climático global desde que se acuñó el término. En la imagen, personas esperan para solicitar el voto por correo en un colegio electoral en Durham, Carolina del Norte, el 20 de octubre de 2016. REUTERS/Jonathan Drake

Olviden las acusaciones sobre acoso sexual, intolerancia y mala gestión del correo electrónico.

Si el votante estadounidense tuviese que elegir entre el candidato republicano Donald Trump y su rival demócrata Hillary Clinton sólo en función de sus respectivas políticas energéticas, las elecciones presidenciales seguirían siendo un drama de proporciones épicas, además del mayor referéndum sobre el cambio climático global desde que se acuñó el término.

Lo que decida el país el próximo 8 de noviembre tendrá implicaciones trascendentales para los precios de la electricidad y la gasolina, así como para el futuro del sector energético estadounidense, que da empleo a unos 10 millones de personas.

La visión de Trump es la de unos Estados Unidos en los que los pozos petroleros vuelven a perforar furiosamente, los mineros regresan a las minas de carbón y el país sitúa a su propia economía por delante de países extranjeros preocupados por los efectos de los combustibles fósiles en el nivel del mar, en las sequías y en las tormentas.

Clinton, por su parte, ve unos Estados Unidos con 500 millones de casas con paneles solares, en los que el uso del petróleo se reduce un tercio y el sector de energías limpias procura una abundante fuente de nuevo empleo apoyándose en requerimientos del Gobierno y subvenciones.

“A un nivel muy básico, sería un voto climático”, dijo Sarah Emerson, responsable de Energy Security Analysis Inc en Boston. “¿Qué quieres: combustibles fósiles o energías renovables?”.

QUE AMÉRICA VUELVA A BOMBEAR OTRA VEZ

Trump ha dicho que quiere desatar una “revolución energética” en Estados Unidos mediante la racionalización de la regulación ambiental, facilitando los permisos para infraestructuras y sacando al país de un pacto global para combatir el cambio climático. Según el magnate neoyorquino, estas iniciativas promoverían un incremento de la producción de petróleo y gas, y resucitarían la moribunda industria minera sin comprometer la calidad del aire y el agua.

Estas propuestas se acoplan tanto con la oposición del Partido Republicano a se perfectamente tanto con la oposición del Partido Republicano a la extralimitación del gobierno, como con el propio lema de la campaña de Trump de hacer a ”América (por EEUU) grande otra vez restaurando industrias tradicionales, entre ellas muchas que se han visto afectadas por acuerdos comerciales internacionales.

Aunque el plan ha encontrado cierto apoyo dentro de un sector de hidrocarburos por naturaleza opuesto a la regulación, también ha dado rienda al escepticismo sobre su aplicabilidad incluso entre aliados próximos.

“Obama no hace cerrado la perforación (petrolífera), ha sido el precio”, dijo a Reuters T. Boone Pickens, un multimillonario del petróleo de Texas y simpatizante de Trump. “No sé lo que Trump puede hacer para ayudar al sector”.

El boom del los hidrocarburos no convencionales gracias a nuevas técnicas de extracción ha favorecido un crecimiento del 70 por ciento en la producción de petróleo y gas de Estados Unidos desde que el presidente Barack Obama llegó a la Casa Blanca en 2008. Este resurgimiento ha convertido al país en el primer productor mundial, pero también ha provocado un desplome de los precios por el exceso de oferta global.

Los precios del petróleo siguen rondando máximos de cuatro meses cerca de los 50 dólares por barril después de que la OPEP indicase en septiembre que podría acordar el primer recorte de producción en ocho años, aunque desde mediados de 2014 han caído a menos de la mitad.

Aunque el “crash” en el precio ha sido una bendición para los consumidores y para empresas intensivas en energía, docenas de compañías energéticas han quebrado, dejando sin empleo a trabajadores en minas de carbón, yacimientos de hidrocarburos y pozos petroleros.

La industria del carbón, en tiempos una de las grandes generadoras de empleo del país, apenas da trabajo actualmente a 60.000 mineros. Se ha convertido en un símbolo del compromiso de Trump para resucitar sectores agonizantes. Clinton sufrió castigo político cuando dijo: “Vamos a dejar fuera del negocio a un montón de mineros de carbón y de empresas de carbón”.

El plan energético de Trump también obligaría a Estados Unidos a dar un giro brusco sobre el medio ambiente porque quiere retirarlo del pacto climático global acordado en París el año pasado.

Trump ha dicho que el cambio climático es un engaño y argumenta que el acuerdo de París costaría a la economía estadounidense varios billones de dólares y la situaría en desventaja.

UNA POTENCIA EN ENERGÍAS LIMPIAS

Los defensores del medio ambiente sostienen que no acordar medidas contundentes como las del acuerdo de París condenaría al mundo a temperaturas medias cada vez más altas, trayendo consigo tormentas más mortales, sequías más frecuentes y el aumento del nivel del mar por el deshielo de los casquetes polares.

Clinton dice que quiere tomar cartas en el asunto haciendo de Estados Unidos una “superpotencia energética limpia”. Su plan es ir eliminando gradualmente los combustibles fósiles, abrazar fuentes de energía limpias como la solar o la eólica, fortalecer la protección del medio ambiente y liderar el mundo en la reducción de las emisiones del dióxido de carbono culpables del cambio climático.

“Podemos instalar 500 millones de paneles solares más. Podemos tener energía limpia suficiente para dar electricidad a cada casa. Podemos construir una nueva red eléctrica moderna. Eso supone muchos puestos de trabajo. Eso supone mucha nueva actividad económica”, dijo Clinton en el primer debate presidencial en septiembre.

El desarrollo de la energía solar recibe subvenciones federales (tax credits) que equivalen al 30 por ciento del coste de un sistema. Estas subvenciones iban a terminarse a finales de año, pero el Congreso la prorrogó cinco años a finales de 2015. Además, el coste de la electricidad de instalaciones solares de gran escala ha caído hasta un nivel ahora comparable al de la electricidad conseguida con gas, incluso sin incentivos.

Clinton también ha apuntado a una mayor regulación del “fracking” (técnica de fracturación hidráulica para extraer hidrocarburos) para evitar la contaminación del aire o el agua, y a que continuará los esfuerzos de Obama en la reducción de emisiones y a un acercamiento más duro en lo relacionado con los permisos para infraestructuras.

0 : 0
  • narrow-browser-and-phone
  • medium-browser-and-portrait-tablet
  • landscape-tablet
  • medium-wide-browser
  • wide-browser-and-larger
  • medium-browser-and-landscape-tablet
  • medium-wide-browser-and-larger
  • above-phone
  • portrait-tablet-and-above
  • above-portrait-tablet
  • landscape-tablet-and-above
  • landscape-tablet-and-medium-wide-browser
  • portrait-tablet-and-below
  • landscape-tablet-and-below