for-phone-onlyfor-tablet-portrait-upfor-tablet-landscape-upfor-desktop-upfor-wide-desktop-up
Noticias de Negocios

Edward Hadas: Las deudas contraídas por el virus dejarán secuelas tóxicas

LONDRES, 17 jun (Reuters Breakingviews) - El coronavirus está golpeando a United Airlines con fuerza. La aerolínea de Chicago dice que está consumiendo 40 millones de dólares al día. Afortunadamente, puede pedir prestado suficiente dinero para seguir volando algunos de sus aviones. El lunes, United anunció que había captado 5.000 millones de dólares, con el aval del valor de su programa para pasajeros frecuentes.

Un guante de plástico en un aparcamiento de un área de descanso en medio de la propagación de coronavirus en Bekasi, en las afueras de Yakarta, Indonesia, el 31 de mayo de 2020.

Como estrategia de supervivencia corporativa, este tipo de préstamos tiene sentido. Pero la necesidad de United de poner uno de sus activos más importantes como garantía muestra que las restricciones a los viajes por el virus están debilitando de manera duradera la salud financiera de la compañía. La factura por los intereses de los nuevos préstamos absorberá flujo de caja, desalentando inversiones ambiciosas, incluso aunque el número de pasajeros vuelva a la normalidad prepandémica.

El virus ha sido especialmente duro para las aerolíneas, pero el modelo básico de pedir dinero prestado para sobrevivir está muy extendido. En Estados Unidos, la emisión de nueva deuda corporativa en abril superó en un 181% a la del año anterior, según datos de la Asociación de la Industria de Valores y los Mercados Financieros. En una economía que se está contrayendo a una tasa porcentual de dos dígitos, solo una pequeña parte de ese dinero recién obtenido se gastará en inversiones que aumenten los ingresos.

Cuando lleguen las cifras totales de préstamos corporativos en todo el mundo, es probable que sigan el patrón americano: menos ingresos y más deuda. El aumento de la carga financiera recaerá sobre un mundo ya muy apalancado. La relación entre la deuda del sector privado y el PIB mundial era del 243% a finales de 2019, lo que supone un notable aumento si se compara con el 191% que había cuando el Banco de Pagos Internacionales recopiló por primera vez los datos en 2001.

Incluso aunque los niveles de apalancamiento anteriores a la crisis hubieran sido más moderados, el endeudamiento para compensar las ventas destruidas por los confinamientos ya habría supuesto un problema. Cuando las empresas piden prestado para hacer inversiones, la idea es que el ingreso extra generado cubra los gastos de intereses del préstamo. No existe dicho equilibrio para las deudas contraídas con el fin de cubrir gastos empresariales corrientes.

Este tipo de préstamos desesperados era bastante común en las economías premodernas. Con frecuencia fue desastroso. Los agricultores que pidieron prestado para comprar semillas para la cosecha del año siguiente o alimentos para aguantar hasta la siguiente cosecha a menudo terminaron en una especie de servidumbre por contrato.

Las deudas asfixiantes se volvieron más infrecuentes a medida que la gente se hacía más rica y los Estados estaban más dispuestos a ayudar en tiempos difíciles. En el caso de las empresas, el recurso a un aumento de la deuda debido a que grandes porciones de la actividad económica hayan desaparecido repentinamente recuerda desgraciadamente a una época financiera más primitiva.

No es que los Gobiernos de hoy en día se estén quedando de brazos cruzados. En todos los países afectados, el Estado está ayudando a las empresas con numerosos programas, desde planes de cobertura de los salarios y préstamos avalados hasta inversiones en el capital de las compañías y subvenciones monetarias directas.

Los bancos centrales están actuando en tándem con Gobiernos de los que teóricamente son independientes. Los tipos de interés de referencia están rondando el cero en el mundo desarrollado, reduciendo las facturas por intereses. Las autoridades monetarias también están comprando o avalando préstamos corporativos. El lunes la Reserva Federal de los Estados Unidos prometió comprar bonos emitidos por compañías que ni siquiera pidieron ayuda.

Estas políticas ayudarán a reducir la cantidad y la carga de las deudas adicionales, pero acarrean importantes efectos secundarios adversos. A muchas personas les preocupa el aumento de los déficits presupuestarios. Incluso a aquellos que no creen que una generosa financiación del Estado pueda terminar subvencionando empresas ineficientes. Entretanto, los tipos de interés ultrabajos fomentan la contratación de préstamos innecesarios e impulsan a inversores ávidos de rentabilidad a asumir más riesgos de los convenientes tanto para ellos como para el sistema financiero en conjunto.

Desafortunadamente, todas las curas posibles para los trastornos causados por un exceso de deuda tienen importantes inconvenientes. Unos tipos de interés más altos o un escudo fiscal menor para la deuda podrían reducir la dependencia de las empresas del apalancamiento, pero se corre el riesgo de que se desencadene una avalancha de impagos. Cualquier intento de alentar a las empresas a añadir más capital a sus balances será eclipsado por los incentivos financieros al aumento de la deuda.

Históricamente, los dirigentes monetarios han utilizado tasas de inflación más altas para erosionar el valor real de las deudas pendientes. Pero aunque esta estrategia es política y económicamente sensata, es poco probable que funcione. El sistema de precios y salarios se ha vuelto en gran medida insensible a la política monetaria.

La otra forma de aliviar una carga de deuda excesiva es a través de una rápida expansión económica. Pero nadie sabe cómo aumentar las tasas de crecimiento de manera sostenible en las economías desarrolladas. Es técnicamente mucho más fácil reducir el apalancamiento reescribiendo los contratos de deuda. Sin embargo, aunque a algunos países muy pobres se les dará cierta flexibilidad, la reestructuración del balance mundial sigue siendo inabordable desde el punto de vista político.

En resumen, el legado financiero más probable de la epidemia de COVID-19 es una dosis aún mayor de los problemas que han estado asolando el sistema financiero durante varios decenios: demasiada deuda, tipos de interés demasiado bajos, mucho riesgo y ninguna salida fácil.

editado por Peter Thal Larsen y Oliver Taslic; traducido por Tomás Cobos

Nuestros Estándares: Los principios Thomson Reuters.

for-phone-onlyfor-tablet-portrait-upfor-tablet-landscape-upfor-desktop-upfor-wide-desktop-up