April 8, 2020 / 12:09 PM / 2 months ago

ANÁLISIS-La caótica respuesta fiscal de EEUU podría agravar la recesión por el virus

WASHINGTON, 8 abr (Reuters) - El ingente plan de ayudas del Gobierno de Estados Unidos para proteger su economía de la crisis del coronavirus se vendió como una ráfaga de dinero a discreción para particulares y empresas mediante un paquete de 22 billones de dólares, pero hasta el momento el programa está encallado, ya que el dinero no ha llegado a sus destinatarios.

FOTO DE ARCHIVO: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la ceremonia de firma del proyecto de ley del paquete de ayuda contra el coronavirus de 2,3 billones de dólares en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, EEUU, el 27 de marzo de 2020. REUTERS/Jonathan Ernst

Desde fallos tecnológicos hasta la confusión en torno a la letra pequeña de las medidas, los retrasos en los pagos van en aumento. La confusa respuesta del Gobierno federal de EEUU amenaza con profundizar y prolongar una recesión ya histórica por lo súbito de su irrupción.

Los distintos estados del país están luchando para procesar una montaña histórica de solicitudes de prestaciones por desempleo con una tecnología obsoleta. Las grandes empresas, incluyendo las más afectadas por la imposición de medidas de “distanciamiento social” que han mandado a sus trabajadores a sus casas, siguen totalmente a ciegas en lo que respecta a los detalles de los préstamos prometidos. Las pequeñas empresas que necesitadas de dinero en efectivo de forma desesperada se cuentan por millones, mientras que los bancos todavía no han contado con suficientes días para tramitar el papeleo necesario para poner en marcha un programa de préstamos.

La Reserva Federal, que se apresuró a poner un parachoques a amplios sectores del sistema financiero y a las grandes empresas mediante una campaña de compra de deuda de duración indefinida, aún no ha completado su prometido programa “Main Street” de una red de seguridad de crédito integral.

Para empeorar las cosas, los 2,3 billones de dólares en ayudas que fueron aprobados por el Congreso a finales del mes pasado no son ni de cerca suficientes, advierten las empresas.

Cada día que pasa sin que el dinero del Estado federal llegue a los ciudadanos supone “un daño innecesario para las empresas y los hogares en todo EEUU”, dijo Gregory Daco, economista jefe de Oxford Economics para EEUU.

RÁPIDO EN LEGISLAR, LENTO EN APLICAR

La rapidez se consideró esencial cuando el llamado proyecto de ley CARES fue aprobado definitivamente el pasado 27 de marzo, disponiendo 2,3 billones de dólares para compensar las pérdidas en salarios e ingresos provocadas tras las órdenes de confinamiento implantadas por distintos estados de EEUU para contener la propagación del nuevo coronavirus.

En aquel momento, los dos grandes partidos políticos representados en Washington, republicanos y demócratas, presentaron un inusual frente unido, y la mayoría de economistas progresistas y conservadores estuvieron de acuerdo en que no era el momento de discutir aspectos de corte más bien filosófico como las implicaciones morales, los incentivos erróneos o los peligros para la deuda pública, sino de hacer llegar el dinero a la gente antes de que le sobrevenga la bancarrota o el hambre.

A medida que aumentaban en EEUU los casos de COVID-19, la enfermedad respiratoria causada por el coronavirus, también lo hacía la preocupación de que sin un amplio respaldo del Gobierno, las empresas quebrarían y los hogares dejarían de pagar sus deudas a una escala de tal magnitud que provocaría el colapso del sistema financiero. En lugar de una breve recesión en forma de “V”, con una profunda caída seguida de un rápido y pronunciado repunte, el retraso de las ayudas podría generar más problemas en el sistema de carácter crónico.

Pero la teoría y la práctica no se han puesto de acuerdo.

Los estados han tenido que enfrentarse en solitario al enorme volumen de solicitudes de prestaciones por desempleo, que se dispararon, pasando desde aproximadamente doscientasmil por semana en una época de desempleo históricamente bajo a millones de personas de una sola vez. Más de la mitad, incluidos California, Nueva York y Pensilvania, siguen dependiendo de sistemas informáticos centralizados con décadas de antigüedad basados en el lenguaje COBOL, cuyo origen se remonta a 1959.

La extensión de las coberturas por desempleo al sector de los trabajadores esporádicos o “gig workers”, un punto clave del proyecto de ley de rescate, aún no se ha sido explicada en los portales web de los servicios de empleo de los distintos estados. El calendario de ejecución de otro tipo de ayudas individuales, consistente en cheques de hasta 1.200 dólares por persona, también sigue sin estar claro.

Las principales empresas del país, incluidas las compañías aéreas, que podrán obtener préstamos directos en virtud de la ley de emergencia de 2,3 billones de dólares, siguen esperando una explicación detallada por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos sobre cómo y cuándo podrán acceder a las ayudas.

Tal vez lo más inquietante para los millones de pequeños restaurantes, fabricantes y otros negocios considerados la columna vertebral de la economía estadounidense sea que la promesa de pagos rápidos y préstamos condonables se ha quedado en nada.

Cuando el “Programa de Protección de Nóminas” de 350.000 millones de dólares fue presentado la semana pasada, el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, dijo que los pequeños empresarios podrían “entrar en un banco (...) y obtener dinero” a partir del viernes pasado.

Sin embargo, se han topado con un laberinto burocrático.

Las entidades de crédito se han quejado de la existencia de una información contradictoria o incompleta por parte del Tesoro y de la Dirección de Pequeñas Empresas (SBA, por sus siglas en inglés). Las empresas dicen que los bancos no han proporcionado o han limitado el acceso al crédito de sus clientes.

“Esto ha sido un desastre”, dijo a Reuters un empleado de una entidad bancaria del Medio Oeste.

La puesta en práctica del programa de crédito ha sido tan irregular que la Reserva Federal tuvo que intervenir el lunes con una amplia oferta dirigida a los bancos para trasladar los préstamos a las pequeñas empresas a un nuevo programa propio.

Ni siquiera el dinero de emergencia a modo de tiritas ha aparecido. Quienes solicitaron acogerse al programa de préstamos de la SBA el pasado lunes rellenaron una casilla para recibir 10.000 dólares como adelanto del préstamo en tres días. Más de una semana después, varios de los solicitantes dijeron a Reuters que no habían recibido el dinero.

La SBA no respondió a una solicitud de comentarios. Mnuchin pidió el martes al Congreso 250.000 millones de dólares adicionales para el programa porque la demanda de las empresas ha sido muy elevada.

La mayoría de los responsables de la Administración Trump han reconocido la existencia de deficiencias, pero también mantienen que cumplirán el objetivo de la ley: ayudar a las personas y a las empresas antes de que venzan sus pagos del alquiler, sus bonos y sus facturas domésticas.

“Puedo asegurarle que el presidente nos ha dado instrucciones para que este dinero llegue rápido a la economía”, dijo Mnuchin al canal de noticias Fox Business Network el martes. El Tesoro de EEUU está manteniendo reuniones con los asesores de las aerolíneas y “trabajando muy rápido” para conseguirles préstamos, añadió.

El presidente estadounidense, Donald Trump, bajo presión por la respuesta de su Gobierno al COVID-19 y ante la perspectiva de unas elecciones en noviembre, ha negado la existencia de fallos en el programa. El sábado, Trump dijo no haber oído hablar de ningún defecto en su programa de préstamos para pequeñas empresas, regañando a un reportero que le preguntó al respecto. “Eso es totalmente falso. Estamos muy por delante del calendario”, dijo.

ESPERANDO A LA FED

La Reserva Federal ya puso en marcha numerosos programas a gran escala y con una rapidez sin precedentes durante la crisis financiera de 2008.

Pero el plan de rescate definitivo del banco central de EEUU todavía está en fase de planificación: un programa que podrá poner hasta 4,5 billones de dólares a disposición de pequeñas y medianas empresas, gobiernos municipales e incluso quizá también empresas poco solventes que se encuentran al borde del abismo por la actual crisis sanitaria.

Al igual que Mnuchin, los responsables de la Reserva Federal han prometido dar detalles de su programa “pronto”.

Hasta que eso suceda, sectores claves de la economía “real” están en una especie de estado de animación suspendida a la espera de saber qué tipo de rescate se avecina, con qué rapidez y bajo qué condiciones.

Las ciudades, estados, condados y otras entidades territoriales no pueden pedir dinero prestado en el mercado de bonos municipales de 4 billones de dólares salvo a tipos de interés con plazos de vencimiento extremadamente cortos, ya que sus ingresos por el impuesto sobre las actividades económicas y sobre la renta se están desplomando.

FOTO DE ARCHIVO: El secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, presenta los detalles del programa para el alivio económico durante la sesión informativa diaria de respuesta al coronavirus escuchado al fondo por Jovita Carranza, de la Dirección de Pequeñas Empresas (SBA, por sus siglas en inglés), en la Casa Blanca, Washington DC, EEUU, el 2 de abril de 2020. REUTERS/Tom Brenner/Archivo Foto

“No se puede recaudar más dinero para el sistema sanitario o para la enseñanza secundaria ni para nada por el estilo (mediante la emisión de deuda) ya que no hay compradores para ello, por lo hay muchos contratos que han tenido que ser archivados”, dijo Emily Brock, directora de políticas de la Government Finance Officers Association, una asociación de autoridades financieras de la Administración pública.

Brock dijo que si la Reserva Federal compra valores en el mercado secundario, habrá espacio para nuevas emisiones.

“Pedimos a la Reserva Federal que sea un inversor inteligente, para que otros inversores se sientan cómodos y ayuden a reducir los rendimientos que estamos viendo”, dijo Brock.

Información de David Lawder y Howard Schneider; información adicional de Ann Saphir desde San Francisco y Tracy Rucinski desde Chicago; editado por Heather Timmons y Paul Simao; traducido por Darío Fernández en la redacción de Gdansk

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