May 7, 2018 / 11:27 AM / 6 months ago

El sistema de poder de Macron: nunca explicar, nunca disculparse

PARÍS (Reuters) - Cuando Emmanuel Macron estaba preparando su campaña presidencial en 2016, inició una “gran marcha” sin precedentes: una campaña puerta a puerta para escuchar las quejas de los votantes en lo que prometió que sería una forma nueva y más abierta de gestionar el país.

En la imagen, el presidente francés, Emmanuel Macron, en un acto en París. REUTERS/Christian Hartmann

Un año después de ser elegido, las cosas no han seguido esa vía, y un pequeño pero creciente número de seguidores de base ha mostrado frustración hacia un estilo de liderazgo que no es siempre inclusivo, según ha admitido el propio Macron.

Rodeado de una pequeña camarilla de aliados, Macron está impulsando una serie de controvertidas reformas con menos consultas de lo que es habitual en Francia, cuya Constitución de 1958 da al presidente amplios poderes.

El político de 40 años, al que un asesor ha descrito como hiperactivo y con poca necesidad de sueño, defiende rotundamente sus métodos.

“No me disculpo en absoluto por la verticalidad de poder”, dijo a la revista literaria La Nouvelle Revue Française.

“Estoy orgulloso de las decisiones que se están tomando y odio el proceso que hace que tengas que estar explicando constantemente las razones para tomar una decisión”, añadió.

Esto ha irritado a gente como Corinne Lepage, exministra del conservador Jacques Chirac, quien fue de las primeras en unirse a la campaña de Macron en 2016.

Atraída inicialmente por el carisma del exministro y su promesa de hacer política de forma diferente, dijo que el programa de Macron fue escrito a puerta cerrada por el mismo grupo de personas que ahora está a cargo del Elíseo.

“Lo que rápidamente me avergonzó fue la contradicción entre el planteamiento de abajo a arriba que prometió y vendió a los franceses, y la realidad”, dijo Lepage a Reuters.

“Es centralismo democrático, al estilo soviético. Completamente vertical. Y también muy masculino”, dijo.

Muchos seguidores de base, que crearon miles de comités llamados “En Marche” (En marcha) por toda Francia durante la campaña de Macron, renunciaron cuando se dieron cuenta de que sus ideas no llegaban a París, dijo.

Aunque no hay muestras de que Macron vaya a cambiar, su popularidad ha caído al nivel más bajo desde que asumió el cargo, con sólo un 40 por ciento de la población con una opinión favorable de él, según un sondeo reciente.

Entre las razones para la caída de su apoyo está la percepción de que es un presidente arrogante preocupado de cuidar de los ricos.

“PODEMOS REFORMAR”

Pese a ser el líder electo más joven de Francia, Macron ha mostrado una gran seguridad en sí mismo hasta ahora, apoyado por un estrecho grupo de administradores de mentalidad similar - la mayoría de ellos hombres y etiquetados como los “Chicos Macron”, aunque también hay mujeres.

Supervisados por Alexis Kohler -que al igual que Macron es un alumno de la elitista escuela ENA y trabajó en el sector privado-, el grupo central compuesto por alrededor de una decena de miembros es responsable de llevar a cabo el programa de reformas.

Lo ha hecho a una velocidad vertiginosa.

En apenas un año, Macron ha hecho más fácil la contratación y el despido, relajado un impuesto a los ricos, lanzado una modernización del sistema educativo, presentado planes para recortar el número de diputados y se ha enfrentado con los sindicatos con una reforma del deficitario sistema ferroviario.

Aún tiene más en el tintero.

“Empezó como un sprint pero pronto se convirtió en un maratón”, dijo Kohler, de 45 años, a Reuters en su despacho, a uno de distancia del del presidente.

“Estamos haciendo planes para bien entrado 2018, e incluso más allá. Estamos trabajando sobre la base de que tendremos la capacidad de reformar”, dijo.

Esa confianza -en un país en el que los gobiernos se han visto forzado a relajar o descartar reformas ante la oposición política y las protestas- proviene de una centralización de poder que ha afectado tanto a hombres como a instituciones.

Macron, que escribió su disertación filosófica universitaria sobre el diplomático renacentista italiano Maquiavelo, famoso por su escalofriante guía para mantener el poder, se ha asegurado de que no surjan voces discrepantes con facilidad.

Ha reducido el número de asesores que los ministros pueden tener a diez, reduciendo su autonomía. Cuando Macron fue ministro de Economía, contaba con 25 asesores.

Los ministros también permiten que sus entrevistas con la prensa pasen el filtro del Elíseo, a veces incluso del propio Macron.

Muchos miembros del gabinete son tecnócratas ampliamente desconocidos para la opinión pública. El primer ministro, un exalcalde conservador, ha tenido que compartir asesores -a menudo leales a Macron- con el presidente.

La toma de decisiones coordinada va también de la mano con el control del mensaje, como subrayó un acontecimiento en el Palacio del Elíseo en mayo del año pasado.

Kohler, el asesor de mayor confianza de Macron, quería asegurarse de que la compañía francesa Alstom no quedaba al margen del plan propuesto por el gigante industrial alemán Siemens para fusionar parte de sus operaciones con su rival canadiense Bombardier.

Cualquier fusión así podría haber dejado a Alstom, fabricante de los trenes de alta velocidad TGV, aislado y debilitado.

“Necesito tres meses sin ninguna filtración”, dijo Kohler al asesor de prensa del presidente, según una persona presente.

A diferencia de lo que suele ocurrir con acuerdos transfronterizos de gran calado, no se filtró nada hasta el día en que se anunció la fusión de Siemens-Alstom, cuatro meses después.

Quizás algo sorprendente para un presidente elogiado por ser defensor de los valores progresistas en Europa y otros lugares, la oficina de Macron también anunció que trasladaría la sala de prensa -un símbolo de transparencia y rendición de cuentas- fuera del Elíseo.

    El “asesor especial” de Macron, Ismael Emelien, ha desarrollado una estrategia de comunicación usando Twitter y Facebook Live para saltar a los medios y producir pulidos fragmentos de la vida presidencial.

¿UN BANDAZO A LA DERECHA?

Poco después de ser elegido, Macron recibió una enorme mayoría parlamentaria gracias a un sistema electoral diseñado especiflmente por el líder de posguerra Charles de Gaulle para maximizar la independencia presidencial frente al parlamento.

Sus diputados, muchos de ellos recién llegados a la política, han aprobado diligentemente las reformas que les han ido llegando, a menudo a través de decretos que dejan poco espacio para el debate.

Para los inversores, la capacidad de introducir un programa modernizador es positivo para la economía francesa y para toda la eurozona.

Pero el estilo controlador de Macron no está exento de riesgos.

Sus rivales y un puñado de aliados advierten de que el electorado podría optar por partidos populistas en los comicios presidenciales de 2022 si sienten que no se les escucha.

Aunque la mayoría de Macron sigue siendo sólida, algunos de sus seguidores, la mayoría de izquierdas, creen que se ha escorado a la derecha y pasado por alto al Parlamento.

Una reforma de la inmigración particularmente divisoria, que los críticos dijeron que era demasiado estricta y chocaba con la postura de Macron a favor de los refugiados durante la campaña, mostró una de las primeras brechas en sus apoyos.

Uno de los legisladores de Macron votó contra ella y 14 se abstuvieron.

El desertor, el exsocialista Jean-Michel Clement, dijo que existía el riesgo de que Francia estuviera virando hacia una situación donde “el control parlamentario es inexistente”.

“¿Por qué fui yo el único que votó en contra cuando todo el mundo pensaba que era mala? Porque no están respondiendo a la cuestión”, dijo a Reuters.

“¿Significa eso que el Ejecutivo está prevaleciendo sobre el Legislativo? Así lo creo”, dijo.

Y el borrador de reforma constitucional para reducir el número de diputados inclinará aún más el equilibrio de poder hacia el presidente y el gobierno y debilitará al parlamento, añadió.

Hay mucho en juego: si los votantes concluyen que Macron es uno más de los políticos tradicionales que les han decepcionado, eso podría beneficiar a partidos más extremistas.

“Los más decepcionados no darán su voto al presidente dos veces. Cuando tienes a Marine Le Pen con el 21 por ciento y a Jean-Luc Melenchon con el 20 por ciento, mañana puede pasar cualquier cosa”, dijo Clement.

Le Pen es la líder del Frente Nacional de ultraderecha y Melenchon representa a la extrema izquierda.

Los asesores se encogen de hombros ante las críticas.

“(Macron) dice que el gran error de Nicolas Sarkozy y de François Hollande ha sido intentar ser la madre de los franceses”, dijo uno de sus principales asesores, en referencia a los anteriores presidentes.

“Tienes que aceptar el lado paternalista del cargo, con toda la impopularidad que implica. Porque un padre es también una figura odiada”, añadió.

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